Majestuosas
pero fragiles

 
Jacques Diouf bosqueja la importancia de las montañas y describe lo que está haciendo la comunidad internacional para protegerlas.

Las montañas del mundo son mucho más importantes para la vida sobre la Tierra de lo que muchos de nosotros habíamos imaginado hasta ahora. En efecto, están tan vivas como los océanos y son tan importantes para nuestro bienestar como las selvas de lluvia tropicales en las tierras bajas. Lugar de residencia de uno en cada diez habitantes y santuario para una extraordinaria red de vida vegetal y animal, las montañas también son la fuente de agua para todos los más grandes ríos del mundo.

Cada día, uno en cada dos habitantes del planeta sacia su sed con agua originada en las montañas; 1.000 millones de habitantes en China, India y Bangladesh, 250 millones en Africa, y la población entera de California, en los Estados Unidos, se encuentran entre los 3.000 millones de personas que dependen del flujo continuo de agua potable limpia de las montañas. No resulta sorprendente pues que las montañas se hayan llamado “las torres de agua del mundo”.

Donde hay agua, hay vida. Y en las montañas, los científicos apenas están empezando a comprender el alcance y la variedad de esa vida. La biodiversidad de las montañas se halla entre las más grandes de todas las ecoregiones del mundo, incluso las selvas de lluvia tropicales, gracias a la extraordinaria gama de elevaciones y climas en los ecosistemas verticales. De las 20 especies de plantas que proveen el 80% de los alimentos del mundo, por ejemplo, seis tuvieron su origen en las montañas. Entre ellas, las papas (o patatas) hicieron su primera aparición en los Andes del Perú, el maíz en la Sierra de México y el sorgo en las tierras altas de Etiopía. La misma lejanía de los paisajes montañeses protege a muchas variedades de cultivos del agotamiento y la extinción. En los Andes, por ejemplo, existen hasta 200 variedades de papas autóctonas diferentes. En Nepal pueden encontrarse aproximadamente 2.000 variedades de arroz. Y en la Sierra Mexicana de Manantlán, los únicos grupos conocidos de la planta silvestre más primitiva pariente del maíz crecen intocados.

Sin embargo, por diversos que sean los ecosistemas de la montaña, también son sumamente frágiles. En muchas partes del mundo, los cambios climáticos, la contaminación, la explotación minera, las prácticas de agricultura insostenibles y el turismo están afectando seriamente a los ambientes montañeses, conduciendo a su amplia degradación y aumentando el riesgo de calamidades como inundaciones, desprendimientos de tierras, avalanchas y hambruna.

Los pueblos montañeses – los guardianes de estos valiosos recursos de la montaña – son los más vulnerables a estos cambios. Hoy día ya se cuentan entre las poblaciones más pobres, más hambrientas y marginadas. Es un hecho aleccionador que muchos de los más de 800 millones de habitantes crónicamente desnutridos viven en zonas montañosas. En algunos casos, su inseguridad alimentaria es consecuencia del crecimiento de la población. En otros, surgen períodos de hambruna cuando los campesinos abandonan las prácticas de agricultura tradicionales a cambio de métodos que son insostenibles en terrenos montañosos frágiles.

Conflictos y guerras
No obstante, una de las mayores causas del hambre en las regiones montañosas es el caos creado por conflictos y guerras. En 1999, 23 de los 27 mayores conflictos armados en el mundo se desarrollaron en regiones montañosas. Donde hay conflicto armado, la gente es incapaz de realizar tareas fundamentales para el sustento de su vida, tales como sembrar y cosechar cultivos. Con frecuencia, los pocos alimentos que existen son reclamados por los soldados o por quienes dominan el conflicto. En algunos casos, las tierras agrícolas podrán estar sembrados con minas, lo cual convierte la recuperación de la guerra en una prolongada lucha por la supervivencia.

Sería posible reducir de forma radical el número de habitantes hambrientos y desnutridos en el mundo si todos nosotros trabajáramos en pro de promover la paz y la estabilidad en las regiones montañosas. Emprendiendo acción concertada ahora para aliviar la inseguridad alimentaria en las regiones montañosas podemos hacer una significante contribución hacia el logro de la meta de la Cumbre Mundial de la Alimentación de 1996 de reducir a la mitad el número de habitantes hambrientos en el mundo para el año 2015.

La Organización de las Naciones Unidas declaró el año 2002 como el Año Internacional de las Montañas en reconocimiento del rol crucial que las montañas desempeñan en nuestra vida. Este Año ofrece una oportunidad sin precedentes para todos – individual, nacional e internacionalmente – para trabajar en pro de salvaguardar los ecosistemas montañosos y ayudar a los pueblos que viven en las montañas a alcanzar sus metas y realizar sus aspiraciones.

La Organización de las Naciones Unidas para la Agricultura y la Alimentación (FAO) tiene una larga historia de trabajar en la esfera del desarrollo sostenible de las montañas, de manera que resulta apropiado que se solicitara a la FAO actuar como la agencia coordinadora principal para el Año Internacional de las Montañas. Ello complementa la responsabilidad existente de la FAO como gerente de trabajos del Capítulo 13 del Programa 21, el programa mundial para el desarrollo sostenible desarrollado a continuación de la Conferencia de las Naciones Unidas sobre el Medio Ambiente y el Desarrollo celebrada en Río de Janeiro en 1992. En colaboración con gobiernos nacionales, los organismos de las Naciones Unidas y organizaciones no gubernamentales (ONG), la FAO está convocando un Grupo Inter-Organismos sobre las Montañas, el cual está utilizando una amplia gama de capacidades para solucionar problemas en diversas regiones montañosas. Está implementando un programa mundial de comunicaciones para crear conciencia de la importancia de los ecosistemas y la necesidad de mejorar el bienestar de los habitantes montañeses. Por otra parte, la FAO también está prestando apoyo al establecimiento y desarrollo de comunidades nacionales que están conduciendo la observancia del Año Internacional de las Montañas.

Catalizadores para el cambio
Los comités nacionales son los catalizadores fundamentales para el cambio en las regiones montañosas. Ellos poseen el poder de desarrollar e implementar estrategias de desarrollo sostenible y crear políticas y leyes favorables a las montañas adaptadas a las necesidades, prioridades y condiciones de sus respectivos países. A la fecha, más de 50 países alrededor del mundo ya han establecido un comité nacional. Muchos de ellos están integrados por miembros del gobierno, de la sociedad civil, de ONG y del sector privado. Estos comités están tratando asuntos relacionados con el desarrollo de las montañas desde una perspectiva a largo plazo – a menudo por primera vez – y juntos están movilizando apoyo para implementar programas y proyectos. En la FAO creemos que estos comités nacionales habrán de jugar un papel esencial en el desarrollo de las montañas, ahora y en los años por venir.

Los ambientes montañeses requieren diferentes enfoques hacia el desarrollo que las regiones de tierras bajas, un hecho a menudo pasado por alto por los gobiernos. Necesitan políticas y una legislatura específicas para las montañas basadas en investigación y conocimiento propio de las montañas. Ya están en camino varios programas mundiales de investigación muy prometedores que ayudarán a los países a elaborar planes estratégicos para sus regiones montañosas y desarrollar políticas favorables a estos ambientes. También merece mención el Foro para las Montañas (Mountain Forum), una red mundial de personas y organizaciones que están ayudando a salvar la brecha de conocimiento promocionando alianzas y proporcionando canales para compartir información y perspectivas a través de disciplinas y fronteras geográficas y culturales.

Por otra parte, muchos organismos de las Naciones Unidos y ONG también están adaptando sus programas para incluir aspectos específicos para las montañas en sus actividades de investigación. El Grupo Consultivo sobre Investigación Agrícola Internacional (GCIAI), por ejemplo, ha lanzado un Programa Mundial para las Montañas que abarca todo el sistema, cuyas actividades van desde la habilitación de los habitantes montañeses mediante el uso de nuevos instrumentos y métodos hasta la preservación de conocimientos autóctonos para las generaciones futuras.

Nosotros en la FAO nos ocupamos de asegurar que los programas respondan a las necesidades a largo plazo de las comunidades montañesas y fomenten la protección de los ecosistemas de las montañas. Esta labor continua comprende la ordenación de las cuencas, la producción de animales de cría, el rol de la mujer en el desarrollo, la seguridad alimentaria, educación, políticas y muchos otros asuntos cruciales para los ecosistemas y la vida en las montañas.

Nuestro bienestar futuro y la salud del planeta dependen de las montañas. Si bien el Año Internacional de las Montañas termina a fines de 2002, nuestra determinación de proteger los ecosistemas montañosos y mejorar el bienestar de los pueblos en las montañas debe continuar durante muchos años por venir


El Dr. Jacques Diouf es Director General de la Organización de las Naciones Unidas para la Agricultura y la Alimentación.

Foto: UNEP/Topham


Este número:
Indice | Editorial K. Toepfer | Mensaje para el Día Mundial del Medio Ambiente: Salvando nuestra Tierra común | Apuntando alto | Majestuosas pero frágiles | Hacia el equilibrio | Reverdeciendo las laderas | Para el pueblo | Altas prioridades | Belleza natural | Perspectivas para la Cumbre Mundial sobre Desarrollo Sostenible: Hacia Johannesburgo | Por un sendero empinado | Las cumbres del problema | ¿Disneylandia o diversidad? | Una senda al descubrimiento | La cima de las actividades | Panorama desde la cúspide | Nadar a contracorriente | Futuro nublado


Artículos complementarios:
Richard Jolly: La nutrición (La pobreza, la salud y el medio ambiente) 2001
AAAS Atlas of Population and Environment:
Population and natural resources: Foodcrops


Report complementario:
Mountain Watch Report