Dos caras de una misma moneda:
el antes y el después de Johannesburgo

 
Jaime Matas Palau

La Cumbre Mundial sobre el Desarrollo Sostenible que se celebrará finales del mes de agosto en Johannesburgo se figura como uno de esos escasos y trascendentales hitos que nos encontramos a lo largo de la historia que marcan un antes y un después.

Sin duda, la Cumbre de Johannesburgo marcará un antes y un después en el proceso internacional hacia un desarrollo sostenible, iniciado en Río hace ahora diez años. Por ello, esta Cumbre debe ser abordada desde una gran responsabilidad, teniendo presente en todo momento cuáles son las dos caras de la moneda; no en vano, del resultado de la misma, de su éxito o de su fracaso, dependerá que el compromiso internacional con el desarrollo sostenible reciba un impulso renovador y definitivo o quede condenado al letargo.

En consecuencia, nuestro deber como gobernantes es conducir la Cumbre hacia el éxito. La Unión Europea está firmemente comprometida con este objetivo y está dispuesta a asumir un papel clave y de liderazgo en los esfuerzos mundiales por lograr un desarrollo sostenible equilibrado, a todos los niveles, que garantice un futuro mejor para todos y con el que todos estemos comprometidos, tanto los países del Norte como los del Sur sobre la base del principio de responsabilidades comunes pero diferenciadas.

En la Cumbre de Río, la comunidad internacional se comprometió a avanzar hacia un nuevo modelo de desarrollo que conjugara de forma equilibrada los objetivos económicos, sociales y ambientales de la sociedad, en definitiva, hacia un desarrollo responsable y solidario que asegurara nuestro bienestar, pero también el de las generaciones futuras. Se sentaron entonces los fundamentos de este nuevo modelo de desarrollo y se adquirieron unos compromisos muy ambiciosos para alcanzarlo. Aunque desde entonces se han llevado a cabo muchas iniciativas concretas en materia de desarrollo sostenible, el progreso ha sido reducido y a todas luces insuficiente. Así, diez años después de Río, las presiones sobre el medio ambiente y los recursos naturales no han cesado de aumentar, la pobreza se ha exacerbado, creciendo en términos absolutos y no hemos sido capaces de cambiar unos patrones de producción y consumo insostenibles que asocian crecimiento económico y degradación ambiental, ni tampoco hemos logrado que la globalización juegue en el campo del desarrollo sostenible.

La Unión Europea considera prioritario atajar estos problemas e irá a Johannesburgo con una agenda clara para el cambio. Para ello, es imprescindible reconocer previamente los fuertes lazos que existen entre extrema pobreza y degradación ambiental, así como el impacto negativo de los patrones de producción y consumo insostenibles en la pobreza y el medio ambiente. Somos conscientes de que la resolución de los problemas globales antes mencionadas requiere una acción global de toda la comunidad internacional, tanto de los países del Norte como del Sur, tanto de los gobiernos como de la sociedad civil, de las empresas y de las organizaciones internacionales. La Unión Europea considera que los resultados de Johannesburgo deben constituir un pacto global que refleje la participación de todos los actores del desarrollo e incorpore sus puntos de vista y aportaciones, pues únicamente así, garantizaremos que se llevarán a la práctica. Sólo podremos hacer realidad el desarrollo sostenible si somos capaces de hacer frente a los desafíos políticos inherentes a los cambios radicales que la implantación de este nuevo modelo requiere.

Johannesburgo es, sin lugar a duda, una cita histórica, pero todos tenemos que tener muy claro a qué acudimos y qué se espera de nosotros No es tiempo de renegociar los compromisos alcanzados en Río hace diez años, sino de pasar a la acción, en aras de salvar a la distancia existente entre la retórica y los hechos, instrumentando los mecanismos de ejecución necesarios para hacerlos realidad. En la Unión Europea percibimos Johannesburgo como una ocasión única para que la comunidad internacional reafirme y refuerce su compromiso con la Declaración de Río, con el Programa 21 y con los objetivos de desarrollo contenidos en la Declaración del Milenio y las conferencias internacionales de las Naciones Unidas desde 1992.

Una vez establecido de forma clara que éste es el punto de partida, el resultado de Johannesburgo debe estar centrado en la acción y en un número limitado de iniciativas bien definidas. El desafío al que debemos hacer frente es el de negociar y alcanzar un plan de acción con objetivos ambiciosos que seamos capaces de hacer realidad sobre la base de una colaboración efectiva entre todos. Para ello, debemos establecer unos mecanismos de ejecución claros y concretos, así como un calendario preciso para llevarlos a la práctica. La identificación de cinco áreas prioritarias por el Secretario General de las Naciones Unidas es sin duda una guía imprescindible para ello.

La Cumbre Mundial sobre el Desarrollo Sostenible es para la Unión Europea parte integrante de un proceso en la búsqueda de un pacto mundial que abarca la Agenda de Doha para el Desarrollo, la Conferencia internacional de Monterrey y la“Cumbre Mundial sobre la Alimentación Cinco Años Después”. Johannesburgo se presenta por tanto como una oportunidad excepcional para lograr esta alianza mundial que nos permita trabajar en la consecución de la paz, la prosperidad y la seguridad para todos, sobre la base del buen gobierno. Un buen gobierno que se figura como requisito“sine qua non” del desarrollo sostenible cuyos pilares políticos son la democracia, el Estado de Derecho, la defensa de los derechos humanos, la igualdad del género, la lucha contra la corrupción y el terrorismo, así como el respeto y la promoción de la diversidad cultural y el diálogo entre civilizaciones.

Para la Unión Europea es fundamental que los resultados que se alcancen en Johannesburgo sean coherentes entre sí, de forma que la declaración política, el programa de acción y los acuerdos voluntarios se refuercen mutuamente y contengan compromisos sólidos y equilibrados para las tres dimensiones del desarrollo sostenible, englobando a todos los países, así como a las instituciones internacionales, la sociedad civil y las empresas.

Si bien en Bali conseguimos progresos sustanciales en la negociación del plan de acción y logramos alcanzar un amplio consenso en cuestiones relevantes, todavía quedan puntos candentes sobre los cuales no hemos logrado llegar a un acuerdo. Es fundamental que todos hagamos esfuerzos concretos para salvar las distancias que separan nuestras posturas en cuanto a los compromisos de la comunidad internacional. Sólo entonces podemos lograr el éxito de la Cumbre Mundial sobre el Desarrollo Sostenible.

Como escribió el Secretario General de las Naciones Unidas, Johannesburgo es una segunda oportunidad para la Tierra, una segunda oportunidad para hacer realidad las promesas y los compromisos alcanzadas en Río. Debemos ser conscientes de la responsabilidad que tenemos ante nosotros y por ello, no podemos dejar escapar esta ocasión 


Jaime Matas Palau es Ministro para el Medio Ambiente, España.

Foto: Nauyen Hung/UNEP/Topham


Este número:
Indice | Editorial K. Toepfer | Una agenda de esperanza | Cambiando el paradigma| Una sola Tierra | Quitando los paréntesis | Renacimiento africano| Una oportunidad que no podemos perder | GEO-3 de un vistazo | Lo que piensa la gente | Recuperar el impulso | Midiendo la insostenibilidad | Renovando la red | Programa de transformación | Las grandes empresas deben dar cuentas | Salir al terreno | Carta a los Delegados| Necesitamos un sueño| Dos caras de una misma moneda: el antes y el después de Johannesburgo


Artículos complementarios:
Klaus Toepfer: Perspectivas para la cumbre: Hacia Johannesburgo
(Las montañas y el ecoturismo) 2002
Mohammed Valli Moosa: Enfrentando el reto (Las sustancias quimicas) 2002
Juan Mayr Maldonado: Puertas abiertas (Las sustancias quimicas) 2002

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