El tango
se baila a dos

 
Joke Waller-Hunter describe la alianza entre el FMAM y la Convención sobre el Cambio Climático y considera cómo podría evolucionar en el futuro

Hace mucho tiempo que la humanidad ha tomado por sentado el sistema del clima mundial. Mas ahora, debido al crecimiento económico y demográfico de los dos últimos siglos, el sistema está siendo desestabilizado. Las emisiones de dióxido de carbono y otros gases que atrapan calor de todas las fuentes y orígenes sociales – ya sean emisiones poco económicas o emisiones originadas por la satisfacción de necesidades humanas básicas – han aumentado el efecto de invernadero natural, calentando la Tierra a temperaturas más altas de lo que debería ser su nivel natural. Esencialmente, los impactos son negativos.

El cambio climático es un reto ecológico común – y tal vez el más grande – que confronta a toda la humanidad. No obstante, afecta más a los países menos desarrollados, que son los menos responsables de ese cambio y que también son menos capaces de adaptarse a sus efectos adversos. Esto es vertimiento tóxico a escala mundial. Su impacto no equitativo constituye otro factor más que se agrega a las tensiones y presiones en la sociedad mundial.

Los años 1980 reconocieron que el carácter mundial de los nuevos y emergentes problemas ambientales – tales como el cambio climático y la pérdida de diversidad biológica – requería nuevos enfoques hacia la cooperación ambiental mundial. El período entre la Comisión Brundtland y la Cumbre para la Tierra de Río de Janeiro – aproximadamente de 1984 a 1992 – fue uno de los más creativos y productivos en la reciente historia del ordenamiento ecológico internacional. No tardó en reconocerse que sólo era dable esperar que los países en desarrollo serían capaces de hacer una contribución al tratamiento de problemas mundiales – en el cual necesariamente tanto ellos como los países desarrollados debían estar involucrados – a condición de que existiera un plan financiero apropiado para compensar los costos adicionales. El FMAM y la Convención sobre el Cambio Climático fueron concebidos y desarrollados en este período, beneficiándose ambos por extensa fecundación cruzada. En momentos de la Cumbre de Río, la Convención sobre el Cambio Climático fue acordada y el FMAM estaba operando sobre una base piloto.

En última instancia, el objetivo de la Convención es detener la acumulación de gases de efecto invernadero en la atmósfera antes de que se torne peligrosa, afectando la producción de alimentos e impidiendo que los ecosistemas puedan adaptarse naturalmente al cambio climático. La eficiencia en limitar futuras emisiones es vital para el éxito. El cambio climático es un subproducto de dos siglos de crecimiento económico, y por lo tanto las medidas para encararlo deben pasar a través de la economía del siglo XXI. Hacen falta innovaciones tecnológicas mayores en los sectores de la energía, el transporte y la industria en todos los países.

Prioridades primordiales
La tarea de encarar el cambio climático debe ser compatible con el avance de las aspiraciones de los pobres del mundo, como parte de sus esfuerzos para alcanzar un desarrollo sostenible. Entretanto, los países industrializados en particular están preocupados por lograr que se minimalicen los costos de mitigar el cambio climático. La Convención reconoce estas preocupaciones en varias maneras. Por ejemplo, reconoce que las prioridades primordiales de los países en desarrollo consisten en aliviar la pobreza. También subraya la importancia de promocionar un desarrollo sostenible, destacando que la expansión económica sostenible y el desarrollo sostenible permitirán a los países administrar mejor el cambio climático. Y hace un llamado a que las políticas y medidas encaminadas a tratar la cuestión del cambio climático sean rentables, a fin de asegurar los beneficios mundiales al costo más bajo posible.

El Artículo 11 de la Convención define un mecanismo para la provisión de recursos financieros a los países en desarrollo para implementarla, a funcionar bajo la guía de su Conferencia de las Partes. Se designó al FMAM como mecanismo financiero provisional.

Una vez que la Convención había entrado en vigor en marzo de 1994, también se concluyeron las negociaciones para la reestructuración del FMAM, después de concluida la etapa piloto. Ese año se prometieron 2.000 millones de dólares en apoyo a la misión del FMAM de proteger el medio ambiente mundial y promocionar un desarrollo sostenible.

Al año siguiente – en ocasión de la primera Conferencia de las Partes – el FMAM recibió sus primeras directrices sobre políticas, prioridades de programa y criterios de elegibilidad para el financiamiento de actividades para prestar ayuda a los países en desarrollo para cumplir sus compromisos bajo la Convención, en base a los principios de costos totales acordados y el costo total de aumentos acordados. A continuación, el Fondo desarrolló su estrategia operacional de acuerdo a estos principios. Incluyó tres programas de operación iniciales para tratar la mitigación de gases de efecto invernadero: uso eficiente y conservación de la energía, energía renovable, y tecnologías energéticas de baja emisión de gases de efecto invernadero. Por otra parte, también comenzaron las actividades encaminadas a respaldar los preparativos para las comunicaciones nacionales requeridas bajo la Convención.

Las negociaciones y la conclusión del Protocolo de Kioto en 1997 – seguidas por el Acuerdo de Bonn y los Acuerdos de Marrakech en 2001, que allanaron el terreno para implementarlo – resultaron en posibilidades de apoyo financiero adicionales para actividades relacionadas con el cambio climático. El Acuerdo de Bonn había hecho un llamado al establecimiento de nuevos fondos para ayudar a implementar la Convención y el Protocolo. Unas declaraciones políticas de la Comunidad Europea y sus Estados miembro – junto con Canadá, Islandia, Nueva Zelandia, Noruega y Suiza – indicaron su intención de contribuir: a tenor de 450 millones de euros anualmente para 2005. Los Acuerdos de Marrakech establecieron tres nuevos fondos: el Fondo Especial para los Cambios Climáticos y el Fondo para los Países Menos Desarrollados, y el Fondo de Adaptación bajo el Protocolo de Kioto. La administración de estos Fondos estará a cargo del FMAM.

Formación de nuevas capacidades
De este modo, la envergadura de las actividades relacionadas con el cambio climático bajo el FMAM – que hasta entonces se habían concentrado principalmente en la mitigación – se vio ampliada para incluir la adaptación y la formación de capacidades, según fuera solicitado por la Conferencia de las Partes en noviembre de 2001. Esto brindó una oportunidad para buscar sinergía de implementación con los Convenios sobre Biodiversidad y Desertificación, en caso de que se ampliara el FMAM para incluir la desertificación en sus actividades.

Los instrumentos de Kioto basados en el mercado – el Mecanismo de Desarrollo Limpio y el sistema de compraventa de derechos de contaminación – proveen incentivos al sector privado para buscar inversiones en proyectos climáticos en el exterior. El FMAM ya ha identificado la necesidad de contribuciones a la creación de ambientes instrumentales para la transformación del mercado. El Mecanismo de Desarrollo Limpio y los planes de compraventa pueden desencadenar un rol más fuerte para el Fondo en las actividades instrumentales – incluso la formación de capacidad –, en comparación con los proyectos de inversión que actualmente dominan su financiamiento.

Los diez años transcurridos desde Río han visto mucho aprendizaje a través de trabajo efectivo. Juntos, la Convención y el FMAM – a través de su Conferencia de las Partes y su Consejo, respectivamente – han luchado por dar un contenido operacional a conceptos tan complejos como: responsabilidades comunes pero diferenciadas, costos incrementales y beneficios ecológicos mundiales. Hemos aprendido a cooperar. Después de más de diez años de negociaciones, el enfoque en el frente del clima deberá concentrarse ahora de pleno en la implementación. El nivel del tercer reaprovisionamiento del Fondo de Fideicomiso del FMAM en relación a los recursos necesarios para implementar la Convención y el Protocolo subraya la mayor necesidad de apalancar el financiamiento del FMAM con otro financiamiento multilateral, bilateral y privado. Esto requiere una intensa relación continua entre la Conferencia de las Partes a la Convención y el Consejo del FMAM y sus respectivas Secretarías. Hacen falta dos para bailar el tango. Ya hemos aprendido los pasos. Ahora ha llegado el momento de bailar a la melodía del desarrollo sostenible


Joke Waller-Hunter es Secretaria Ejecutiva de la Secretaría de la Convención sobre el Cambio Climático.

Foto: Mohammadur Rahman/UNEP/Topham


Desde 1991, el FMAM ha proporcionado cerca de 1.500 millones de dólares en subsidios para actividades relacionadas con el cambio climático y apalancado más de 6.000 millones de dólares a través de cofinanciación. Entre julio de 1998 y mayo de 2002, el financiamiento total para proyectos de actividades de cambio climático excedió los 3.670 millones de dólares, de los cuales el FMAM proporcionó la suma de 648 millones de dólares en subsidios.



Este número:
Indice | Editorial K. Toepfer | Oportunidades sin igual | Prioridad mundial | Alianzas para el cambio | Aceptando los nuevos retos | Muchos logros, más por hacer | Mensaje a la Segunda Asamblea del FMAM | Perspectivas del Medio Ambiente Africano | Energía crítica | Un mapa de la salud del mundo | Recuperando terreno | El tango se baila a dos | Uniendo el conocimiento a la acción | Mundialización de los beneficios | Enemigos invisibles | Mensaje a la Segunda Asamblea del FMAM

Artículos complementarios:
Special supplement to coincide with the Global
Environment Facility Assembly
(Fresh Water) 1998
En el número: Energía, 2001
Gerhard Berz: Insuring against catastrophe (Disasters) 2001
Mikhail Gorbachev: Learning from disaster (Disasters) 2001
Pier Vellinga: Flip-flop to catastrophe (Disasters) 2001
En el número: Climate and Action, 1998
En el número: Climate Change, 1997

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