Tener a raya
la contaminación

 
Wayne Gilchrest explica que con una reducción de la contaminación de las aguas dulces es posible preservar las marismas y restaurar valiosos ecosistemas marinos

Arrastrando mi remo por las aguas de la Caleta de Turner, al propulsar mi canoa hacia el río Sassafrass, sentí una resistencia que no había experimentado en décadas. Al bajar la mirada vi que hierbas marinas de verde brillante estaban aflorando a la superficie del agua 2 metros por encima del lecho de la caleta. En desafío a todas las probabilidades, la hierba había retornado el pasado verano. Estas praderas submarinas, ausentes por largos años, son una de las claves de la salud de la Bahía de Chesapeake, o a la inversa, una señal de su enfermedad.

La escorrentía de nitrógeno sobrecarga la Bahía en alrededor de 300 millones de toneladas por año, con el resultado de que las algas se alimentan del fertilizante y florecen en proporciones abrumadoras, absorbiendo la luz y el oxígeno necesarios para las hierbas marinas y otros aspectos vitales del ecosistema de la Bahía. A medida que las praderas submarinas van muriendo, el cangrejo azul de Maryland, orgullo de Chesapeake, pierde su escondrijo natural. La escorpina --cuya población recientemente ha repuntado gracias en gran parte a una moratoria en Chesapeake comenzada en 1985 y suprimida progresivamente en el curso de los últimos años-- luego se aprovecha de su presa así expuesta. A medida que van disminuyendo las poblaciones de cangrejos, su capacidad de actuar como ordenadores naturales de residuos desaparece con ellas, y la espiral medioambiental descendente continúa. A mi modo de ver, el retorno de las hierbas marinas demostraba la resistencia de la Bahía frente a tremendas presiones y era una señal de esperanza para todos en su cuenca. Resultó que la hierba retornó gracias a una severa sequía experimentada a través de la primavera y el verano del año pasado, que había reducido drásticamente la cantidad de escorrentía de la tierra en la región. La hierba respondió floreciendo tal como sólo había hecho en la memoria de los habitantes de la región. Así pues, si bien es evidente que no podemos, y no deberíamos, esperar constantes veranos de sequías, esta recuperación a corto plazo ha reafirmado mi fe en las medidas que hemos emprendido, y continuaremos emprendiendo, para promocionar la salud de la Bahía a largo plazo.

Un modelo de política
La Bahía de Chesapeake presenta un interesante modelo para los encargados de formular políticas medioambientales. Situada en una región densamente poblada, es castigada regularmente por la contaminación transportada por el aire y de fuentes terrestres, proveniente de cientos de kilómetros de distancia, incluso el escurrimiento urbano y suburbano, agravada aún por la expansión urbana descontrolada y anticuadas plantas de depuración de aguas residuales. Los métodos para poner freno a las amenazas para la salud de la Bahía son bien conocidas, pero no están dotadas de suficientes fondos. Hace mucho que vengo respaldando programas que ofrecen incentivos a los agricultores y terratenientes para reducir el escurrimiento de nutrientes al mismo tiempo de mantener la productividad de las tierras de labranza. Durante el debate de la Ley Agrícola (Farm Bill) del año pasado en el Congreso de los Estados Unidos, mis colegas y yo abogamos en pro de aumentar los fondos para los programas de conservación del Departamento de Agricultura. Estos programas ofrecen a los agricultores la oportunidad de crear barreras de corriente o amortiguadores de caudal que absorben y reducen la escorrentía, protegen y restablecen importantes hábitats, y apoyan medidas de conservación del suelo que benefician la economía y el medio ambiente.

Mi enmienda a la Ley Agrícola hubiera protegido cientos de hectáreas de marismas y otros importantes hábitats todos los años. Las marismas ofrecen valor para nuestra economía en la forma de una ordenación natural de los residuos que excede de con mucho lo que jamás podría alcanzarse sin ellas. Nuestra propuesta también hubiera impedido que miles de hectáreas de suelos agrícolas productivos fueran convertidos para urbanización. ¿Qué mejor manera de reducir la escorrentía que atacar los contaminantes en la fuente?

Si bien nuestra enmienda de conservación agrícola integral no logró ser aprobada por unos pocos votos, la Ley Agrícola finalmente adoptada incluyó niveles sin precedentes de financiamiento para la conservación. Es imperativo que el Congreso siga prestando su fuerte apoyo a los programas de conservación agrícola, demostrando nuestra firme determinación de proteger la agricultura y nuestros recursos hídricos.

Responsabilidades personales
Por otra parte, también tenemos otros instrumentos para tratar estas amenazas. Debemos volver a autorizar y fortalecer las Leyes de Protección de la calidad del aire y de Protección de la calidad del Agua, prestando atención especial a las fuentes de contaminación existentes así como a las nuevas. Mas cosa igualmente importante, debemos reflexionar sobre qué podemos hacer como individuos. Antes de rociar nuestros jardines con fertilizantes, herbicidas o plaguicidas, debemos preguntarnos si vale la pena arriesgar el impacto de nuestra acción sobre tesoros hídricos cada vez más escasos.

El público debe ser consciente de los impactos que puede ejercer sobre los recursos públicos. En última instancia, hará falta un esfuerzo concertado de parte de los encargados de formular políticas para crear incentivos encaminados a lograr que toda persona adopte prácticas más sostenibles.

Al deslizarse mi vieja canoa sobre las hierbas marinas abriéndose paso al río Sassafrass, me imaginé mirando a través de aguas cristalinas descubriendo arrecifes de ostras y exuberantes praderas. Es mi esperanza que, en un futuro no demasiado lejano, toda persona que navegue en canoa por un río tributario de la Bahía lo encuentre repleto de peces y cangrejos esquivando sus remadas. La capacidad de resistencia de la naturaleza hace que esta visión sea una posibilidad, pero únicamente nuestra determinación puede convertirla en una realidad.


The Honorable Wayne Gilchrest es Presidente del Subcomité de Recursos para la Conservación de las Pesquerías, la Vida Silvestre y los Océanos, de la Cámara de Representantes, Estados Unidos de América.

Photo : David J Cross/UNEP/Topham


Este número:
Indice | Editorial K. Toepfer | Mensaje para el Día Mundial del Medio Ambiente | El agua es vida | El siglo del agua | Empezar por la fuente | Renovando el compromiso | Ciudades sin agua | Tener a raya la contaminación | Gente | En breve | Un cambio de agenda | Una escasez galopante | Un puente sobre aguas turbulentas | Publicaciones y productos | Venciendo los obstáculos | Merma alarmante | Sin desperdicio | El agua: la prioridad de los pobres | Poder atómico

 
Artículos complementarios:
En el número: Water, 1996
En el número: Freshwater, 1998


AAAS Atlas of Population and Environment:
Freshwater
Freshwater wetlands
Mangroves and estuaries