Empezar por
la fuente

 
Wang Shucheng
describe un cambio de filosofía que ha llevado a nuevas estrategias para el control de las crecidas y la reducción de los desastres causados por las inundaciones en China

Las inundaciones y las sequías coexisten en China continental debido a que las precipitaciones --afectadas por el clima monzónico-- están distribuidas de forma muy desigual, tanto en términos de tiempo como de espacio. Por milenios, los desastres causados por las inundaciones han sido el problema oculto que amenaza la existencia y el desarrollo del pueblo chino.

Desde la fundación de la República Popular de China en 1949 se han llevado a cabo obras de aprovechamiento de ríos y control de inundaciones en una escala sin precedentes. A resultado de estos esfuerzos, se logró el control anticipado de desastres causados por las inundaciones: se construyeron 85.000 embalses de diversos tipos con una capacidad de almacenamiento total de 520.000 millones de metros cúbicos, 270.000 kilómetros de diques fueron construidos a lo largo de los principales ríos y lagos, y se desarrollaron centenares de zonas de detención y almacenamiento de las crecidas. Todos estos logros han atraído la atención mundial.

Desde los años 1990, China ha vuelto a entrar en un período de frecuentes inundaciones. Si bien el área total afectada se ha reducido, las pérdidas son altas debido al desarrollo social y económico en las zonas afectadas. La urbanización indudablemente acelerará en el siglo XXI, por ende aumentando las necesidades de control de las crecidas y la reducción de desastres.

Contra este trasfondo, el control de las crecidas y la reducción de desastres se han convertido en asuntos de importancia para el desarrollo sostenible en China. Por lo tanto, reajustar las estrategias para lograrlos es absolutamente crucial.

A través de los últimos 2.000 años, la estrategia principal en China ha consistido en regular y restringir las crecidas mediante toda suerte de medidas estructurales. Las experiencias históricas nos han enseñado que es difícil eliminar totalmente la ocurrencia de los desastres de inundaciones. La humanidad debe aprender a vivir con las inundaciones y a disfrutar una coexistencia armónica con la naturaleza.

Ya en el año 6 aC., el erudito chino Jia Rang, en la Historia de la Dinastía Han, propuso que el aprovechamiento de los ríos debería adaptarse a las leyes de las crecidas y que la producción y los asentamientos humanos deberían evitarlas mediante su reubicación en zonas no afectadas. Esta idea es parecida a la actual filosofía de combinar las medidas estructurales y las no estructurales, reflejada en la Ley del Agua revisada de la República Popular de China aprobada en octubre de 2002. El Artículo 15 de la Ley hace hincapié en que el desarrollo social regional debe estar de acuerdo con el planeamiento del control de las inundaciones. En otras palabras, es imperativo cambiar de la idea de prevenir que el agua dañe a los seres humanos hacia prestar atención especial a prevenir que los seres humanos dañen al agua, y con ello sufran daños causados por el agua.

Los desastres de inundación tienen atributos naturales y sociales: en ausencia de uno de ellos, no ocurre desastre. Esta dualidad ha conducido a la ordenación coordinada, es decir, al uso de medidas estructurales para el control y el aprovechamiento de las crecidas, reajustando al mismo tiempo el desarrollo social y económico para adaptarse a ellas.

Adaptación no significa evitación pasiva. Involucra respetar a la naturaleza y a la sociedad humana con el objeto de lograr un desarrollo social sostenible. La gente se ha dado cuenta cada vez más de que no todos los desastres “naturales” son naturales. Durante los últimos cien años, las actividades humanas han sido la causa principal del incremento de los desastres y las pérdidas causadas por las inundaciones.

Estos dobles atributos han conducido a un cambio en la filosofía. Desde las devastadoras inundaciones del río Yang-tsé en 1998, el Gobierno chino ha reflexionado a fondo sobre el problema y ha modificado su trabajo concerniente a las estrategias de control de las crecidas. Los avances más importantes de esta readaptación incluyen un énfasis en planear proyectos de control de las crecidas dentro del marco más amplio de la rehabilitación del ecosistema de toda la cuenca y la aplicación de teorías sistemáticas y la ordenación de los riesgos. Esta nueva filosofía demuestra una transición del control de las crecidas a su ordenación.

En el transcurso de los últimos cinco años se han hecho importantes progresos en la ordenación de las crecidas y la mitigación de los desastres causados por ellas. Durante este período el Gobierno Central de China ha invertido alrededor de 21.700 millones de dólares en el sector hídrico, centrándose en reforzar los diques a lo largo de los principales ríos y lagos. Para fines del año 2002, 3.500 kilómetros de diques en los tramos medio y bajo del río Yang-tsé y casi 1.000 kilómetros de diques en el río Amarillo habían alcanzado estándares de diseño. Para minimizar los impactos negativos se alienta la realización de una evaluación general del impacto económico y ambiental en el planeamiento y el diseño, además de introducir el concepto de PIB verde.

Cambio de comportamiento
El comportamiento social de explotación excesiva de la tierra, que conlleva el empeoramiento de la situación de las inundaciones, ha sido regulado. Así por ejemplo, se han abandonado los campos de pólder que afectan la liberación de crecidas a lo largo del río Yang-tsé y otros ríos importantes. En la actualidad, 3.000 kilómetros cuadrados de campos de pólder se han vuelto a transformar en lagos para restaurar el ecosistema de los lagos Dongting, Poyang y otros, lo cual ha incrementado la capacidad de regulación de los ríos y lagos en 13.000 millones de metros cúbicos. Como parte de este proceso, el Gobierno adjudicó fondos para reasentar 2,4 millones de habitantes en zonas cercanas seguras.

En el control de las crecidas se ha cambiado del énfasis en la construcción de diques y embalses hacia el desarrollo de un sistema integral de control de las inundaciones. Se han realizado campañas de rehabilitación de ecosistemas de gran envergadura en los cursos medio y superior de los ríos, incluso la transformación de tierras de cultivo en bosques, la plantación de árboles y praderas, y la conservación de aguas y suelos. Un total de 120 millones de metros cúbicos de sedimento se han dragado de los lechos y los estuarios de los ríos principales. La ordenación social de las zonas de control de las crecidas, las zonas de protección de diques y las llanuras aluviales ha sido reforzada, y se han reglamentado diversos tipos de actividades económicas y sociales. Todo esto ha sido respaldado por nuevas políticas de compensación para la utilización de las zonas de detención y almacenamiento de las crecidas.

A modo de cambio con respecto a los esfuerzos para eliminar los desastres causados por las inundaciones y liberar el agua al mar, se han hecho esfuerzos para soportar cierto grado de riesgo, formular estándares factibles de control y planes de regulación de las crecidas, y hacer uso integral de diversas medidas para asegurar la seguridad dentro de estándares establecidos y minimizar las pérdidas en casos en que las inundaciones los excedan.

Las inundaciones no son totalmente perjudiciales. También son transportadores de transferencia de material en los ríos y son importantes en mantener el equilibrio del ecosistema en las cuencas hidrográficas. En países como China, en los cuales el agua es escasa, las inundaciones también son el componente clave de recursos hídricos utilizables. Por lo tanto, en años recientes el control de las crecidas ha cambiado de la mitigación de los desastres al uso de recursos de las crecidas para recargar las aguas subterráneas.

Una nueva línea de pensamiento
Resolver y lograr una buena relación entre la humanidad y la naturaleza es una condición previa para el progreso de la sociedad humana. Un desarrollo social sostenible representa los pensamientos racionales del pueblo sobre el futuro. Regular la relación entre la humanidad y la naturaleza se encuentra en el meollo del logro de un desarrollo sostenible. Reducir las pérdidas causadas por los desastres hídricos --así como dar debida importancia a la población, los recursos y el medio ambiente-- es esencial para lograr este objetivo. Tenemos plena confianza en perseguir esta nueva línea de pensamiento, si bien China aún tiene un largo camino por andar en el control y la reducción de los desastres causados por las inundaciones



Wang Shucheng es Ministro para Recursos Hídricos de la República Popular de China.

Photo : UNEP/Topham


Este número:
Indice | Editorial K. Toepfer | Mensaje para el Día Mundial del Medio Ambiente | El agua es vida | El siglo del agua | Empezar por la fuente | Renovando el compromiso | Ciudades sin agua | Tener a raya la contaminación | Gente | En breve | Un cambio de agenda | Una escasez galopante | Un puente sobre aguas turbulentas | Publicaciones y productos | Venciendo los obstáculos | Merma alarmante | Sin desperdicio | El agua: la prioridad de los pobres | Poder atómico

 
Artículos complementarios:
En el número: Water, 1996
En el número: Freshwater, 1998


AAAS Atlas of Population and Environment:
Freshwater
Freshwater wetlands
Mangroves and estuaries