Ciudades
sin agua

 
Anna Kajumulo Tibaijuka
demuestra que la crisis urbana de agua y servicios sanitarios es mucho más seria de lo que sugiere la estadística oficial, y bosqueja medidas para alcanzar las metas mundiales clave

Al entrar al milenio urbano --con la mitad de la humanidad ya residente en ciudades y metrópolis-- un tercio de la población urbana, 1.000 millones de personas, viven sin servicios sanitarios u otros servicios básicos adecuados. No cabe duda de que las ciudades son centros de oportunidad. Pero cuando carecen de agua limpia, servicios sanitarios y servicios básicos aceptables se cuentan entre los entornos más peligrosos sobre la Tierra, amenazando la vida misma de sus habitantes.

La estadística nacional a menudo oculta la verdadera magnitud del problema. La mayoría de las encuestas existentes asumen que, con los servicios de agua y sanitarios “mejorados”, todos los residentes urbanos están mejor servidos que los pobres en las zonas rurales. Basadas en tales criterios, las estadísticas oficiales reportan que un 94% de todos los habitantes urbanos cuentan con suministros de agua mejorados y 84% tienen servicios sanitarios mejorados.

Sin embargo, los datos a nivel urbano de 43 ciudades africanas revelan que un 83% de los habitantes carecen de váter conectado a las cloacas; en las grandes ciudades asiáticas, la cifra es del 55%. En Mahira, un sector de la barriada Haruma en Nairobi, existe un solo váter con diez unidades y dos baños para un asentamiento de 332 hogares con un total de 1.500 habitantes. Una encuesta llevada a cabo en 1998 entre 7.512 hogares en Ahmedabad halló que 80% carecían de conexión de agua corriente y 93% dependían de servicios comunales antihigiénicos con inodoros sucios.

Lo que indican estos estudios urbanos individuales es que, cuando la evaluación se amplía para medir la proporción con acceso a agua segura y servicios sanitarios limpios, el número de residentes urbanos inadecuadamente servidos es mucho más alto del reconocido oficialmente.

Usando estos criterios, el nuevo informe de Naciones Unidas-Hábitat sobre agua y servicios sanitarios en las ciudades del mundo (Water and Sanitation in the World’s Cities) calcula que hasta 150 millones de residentes urbanos en Africa (hasta un 50% de la población urbana) carecen de adecuado suministro de agua, mientras 180 millones (o sea más o menos un 60%) carecen de servicios sanitarios adecuados.

En las zonas urbanas de Asia, 700 millones de habitantes (aquí también la mitad de la población) carecen de agua adecuada, mientras 800 millones de habitantes (igualmente un 60%) no disponen de servicios sanitarios adecuados. En América Latina y el Caribe, las cifras correspondientes son 120 millones y 150 millones de residentes urbanos, lo cual representa 30% y 40%, respectivamente.

El impacto que la situación ejerce sobre los pobres está bien documentado. Cada año es posible atribuir 2,2 millones de muertes --un 4% de todas las muertes en todo el mundo-- directamente a la inadecuada provisión de agua limpia y servicios sanitarios. Las mujeres gastan muchas horas en buscar agua. Los pobres pagan diez a cien veces más por cada litro de agua que los ricos.

Al nivel microeconómico, la falta de agua limpia y servicios sanitarios ejerce un impacto directo sobre la productividad laboral. Se estimó que el PIB del Perú perdió unos 232 millones de dólares en un solo año en 1991, cuando el país sufrió una epidemia de cólera.

Si hemos de alcanzar el Objetivo de desarrollo para el milenio (ODM) de reducir a la mitad la proporción de personas sin acceso a agua limpia y servicios sanitarios adecuados para el año 2015, será necesario que la comunidad internacional encare los problemas de los pobres urbanos. En un mundo de rápida urbanización, el logro de esta meta también está íntimamente vinculado con el compromiso del ODM de mejorar las condiciones de vida de por lo menos 100 millones de residentes en barrios bajos para el año 2020.

A pesar de la creciente urbanización de la pobreza, muchas agencias de donantes internacionales evitan prestar apoyo a programas enfocados en las poblaciones urbanas, suponiendo que los pobres en las ciudades son privilegiados en comparación con los pobres que viven en zonas rurales. Solamente entre un 2% y 12% de la financiación de las agencias que publican datos desglosados tiende a destinarse a proyectos urbanos. Es imperativo incrementar esta proporción si han de alcanzarse los ODM.

Hay indicios de que en efecto se pondrán a disposición sumas de dinero más grandes para inversiones en agua y servicios sanitarios para los habitantes urbanos pobres. El compromiso del Banco Asiático de Desarrollo (BAsD) y del Gobierno de los Países Bajos de financiar el Programa de Agua para Ciudades Asiáticas de Naciones Unidas-Hábitat viene al caso. Y cosa más importante, el BAsD también acordó poner 500 millones de dólares para créditos de vía expedita a disposición para la inversión en el sector urbano del agua y los servicios sanitarios en favor de los pobres.

Una inversión mayor es crítica, pero más crítica aún es la urgente necesidad de encontrar mecanismos más exitosos para proveer agua y servicios sanitarios a los pobres. Resulta interesante observar que la corrupción y el mal gobierno fueron las principales razones citadas por la mayoría de las agencias de ayuda y los bancos de desarrollo para retirarse de los proyectos de inversión de capital en gran escala en las zonas urbanas en el mundo en desarrollo en los años 1980.

Al mismo tiempo, las empresas y los banqueros multinacionales tienden a buscar inversiones en gran escala, con valores de 100 millones de dólares o más, que servirían a más de 1 millón de habitantes. A su juicio, los proyectos destinados a vecindarios y comunidades específicos de pobres urbanos no son viables del punto de vista del banco.

Otra razón por la cual la provisión de agua y servicios sanitarios es tan inadecuada para tan gran parte de la población urbana de Africa, Asia y América Latina es que las inversiones en agua y servicios sanitarios fueron hechas en ciudades con sistemas políticos que no estaban interesados en mejorar las condiciones para los grupos de bajo ingreso. Donde recurrieron a la privatización, resultó difícil reconciliar los intereses y prioridades de las grandes empresas privadas con las inversiones lentas, difíciles y a menudo costosas necesarias para asegurar un suministro adecuado para los pobres.

Muchas autoridades locales todavía subestiman la importancia de las prácticas inclusivas de buen gobierno en dar prioridad a la entrega de servicios a los pobres urbanos. No obstante, la experiencia de Naciones Unidas-Hábitat demuestra que la exitosa administración de la demanda de agua a este nivel puede redundar en beneficios para la comunidad como un todo.

El programa “Agua para Ciudades Africanas” de Naciones Unidas-Hábitat, un seguimiento directo de la Declaración de Ciudad del Cabo de 1997 adoptada por Ministros africanos, es la primera iniciativa de este tipo encaminada a prestar ayuda a los municipios en administrar la creciente demanda de agua al mismo tiempo de proteger sus fuentes de cada vez mayor derroche y contaminación.

Hasta un 50% del suministro de agua urbano en muchas ciudades africanas es despilfarrada por escapes o sin otras explicaciones. Por lo tanto, el programa está trabajando con los municipios de Abidján, Accrá, Adis Abeba, Dakar, Dar-es-Salaam, Johannesburgo, Lusaka y Nairobi para establecer una estrategia de ordenación efectiva de la demanda para alentar a los usuarios domésticos, la industria y las instituciones públicas a usar el agua en forma eficiente. Varias ciudades ya han reducido su consumo de agua en un 35%.

Muchos estudios de casos bien documentados demuestran que es perfectamente posible mejorar las condiciones de vida de los pobres urbanos si los gobiernos locales conceden a las organizaciones basadas en la comunidad --especialmente aquellas que representan a los residentes pobres-- un papel más importante en la decisión de las políticas y proyectos. El Proyecto Orangi de Pakistán, de fama mundial, fue un importante pionero en esto, demostrando cómo más de 90.000 hogares eran capaces de proveerse con letrinas de descarga de agua de bajo costo. En la zona de Zambizanga de Luanda, Zambia, una asociación entre la autoridad local, el sector privado y la comunidad aseguró que los pobres pudieran obtener agua limpia a un precio razonable. La clave del éxito, en cada uno de estos casos, han sido las alianzas del sector público con el privado que incluyen a los pobres mismos.

El informe de Naciones Unidas-Hábitat sobre agua y servicios sanitarios documenta muchos de estos estudios. Sostiene que alianzas público-privadas que dan prioridad a inversiones de pequeña escala a nivel de la comunidad constituyen una manera rentable de solucionar los problemas inmediatos de los pobres urbanos. Entretanto, unas estrategias para la ordenación efectiva de la demanda pueden proveer considerables ahorros de agua al mismo tiempo de aumentar el ingreso de la autoridad local. Esto permite a los municipios usar políticas de fijación de precio y medidas regulatorias para satisfacer las urgentes necesidades de los habitantes urbanos pobres.

Para alcanzar metas mundiales, todos debemos dar prioridad a las necesidades de los pobres para asegurar buenas medidas a nivel local. Debemos despertar a las realidades de la edad urbana, que condena a casi 1.000 millones de residentes en barriadas a sufrir los peligros y las indignidades asociados con la falta de agua limpia y servicios sanitarios adecuados. La comunidad internacional ha fijado las metas: si hemos de alcanzarlas debemos estar dispuestos a volver a considerar todo el problema. Debemos volver a evaluar nuestras estadísticas. Debemos reexaminar nuestras políticas y preguntarnos por qué hemos fracasado en el pasado. Debemos crear nuevas estrategias de buen gobierno urbano. Debemos hacer mayores inversiones en infraestructuras urbanas. Y ante todo, en este milenio urbano, debemos despertar a la realidad de que la urbanización de la pobreza es uno de los más grandes retos con que nos enfrentamos hoy día


Anna Kajumulo Tibaijuka es Subsecretaria General de las Naciones Unidas y Directora Ejecutiva de Naciones Unidas-Hábitat.

Photo : Tomas Aledro/UNEP


Este número:
Indice | Editorial K. Toepfer | Mensaje para el Día Mundial del Medio Ambiente | El agua es vida | El siglo del agua | Empezar por la fuente | Renovando el compromiso | Ciudades sin agua | Tener a raya la contaminación | Gente | En breve | Un cambio de agenda | Una escasez galopante | Un puente sobre aguas turbulentas | Publicaciones y productos | Venciendo los obstáculos | Merma alarmante | Sin desperdicio | El agua: la prioridad de los pobres | Poder atómico

 
Artículos complementarios:
En el número: Water, 1996
En el número: Freshwater, 1998


AAAS Atlas of Population and Environment:
Freshwater
Freshwater wetlands
Mangroves and estuaries