Los parques y
la participación

 
El Jefe Emeka Anyaoku y Claude Martin
dicen que las zonas protegidas sólo serán viables si las comunidades locales se benefician con ellas y participan en formar la armonía entre la gente y la naturaleza

Las zonas protegidas cubren ahora una parte más grande de la superficie de la Tierra que los países gigantes de la India y China. Su número aún está creciendo, así como el de los sitios de Patrimonio Mundial designados por su “destacado valor natural”. Pero el reto no es simplemente aumentar su superficie. También consiste en asegurar que sean viables. Y esto únicamente sucederá si quienes viven dentro y alrededor de las zonas protegidas se benefician gracias a ellas y, particularmente, si ayudan a mitigar la pobreza.

La misma fundación del WWF tuvo su origen en las preocupaciones y la lucha por una zona en particular: el Coto Doñana en España, que iba a ser avenado por el régimen de Franco, pero bajo uno de los primeros proyectos de la nueva organización se convirtió en un parque nacional. Desde entonces, las zonas protegidas han estado en el meollo de sus actividades. La organización ha estado profundamente involucrada en el planeamiento, el establecimiento y la operación de muchos centenares de ellas. Tradicionalmente, muchas de estas zonas han sido áreas forestales. Más recientemente han estado cada vez más asociadas con ecosistemas de agua dulce y del ambiente marino, que sigue demasiado poco representado en el conjunto mundial de zonas protegidas y está expuesto a las amenazas rápidamente crecientes de la degradación de las costas y la desenfrenada pesca excesiva.

Desde el comienzo del WWF en 1961, el número de sitios protegidos se ha multiplicado por diez, en tanto que el área total protegida se ha multiplicado por más de siete. Esta superficie ha continuado creciendo rápidamente hasta durante la última década, junto con un constante aumento de la preocupación por el medio ambiente y la acumulación de las pruebas de los riesgos del cambio climático. Esto daría derecho a afirmar que los esfuerzos de la comunidad mundial de la conservación para proteger lo que no hemos destruido todavía han sido una auténtica historia de éxito. Y demuestra que la comprensión y la voluntad entre muchos gobiernos de pensar en lo que habremos de dejar a las generaciones futuras ha ido aumentando.

Una comprensión vital
La expansión del área de la Tierra bajo protección y la creciente designación de sitios de Patrimonio Mundial ha sido y seguirá siendo sumamente importante. Pero un aumento en la comprensión de la relación de las zonas protegidas con la sociedad humana --y más particularmente con las comunidades locales-- ha sido igualmente vital. Hemos venido a comprender que no es posible asegurar su viabilidad a largo plazo sin el serio involucramiento de los habitantes locales, ya vivan dentro de ellas o en zonas adyacentes. La experiencia con este tipo de modelos participatorios se ha expandido de manera sustancial desde el último Congreso de Parques en 1993 en Caracas. En el pasado, las autoridades de los parques y los conservacionistas con frecuencia sólo aparentaban estar de acuerdo con la participación del pueblo, y en ocasiones esto sigue siendo el caso. Pero sabemos ahora a ciencia cierta que la participación de las comunidades debe empezar con el planeamiento de la zona protegida, debe mantenerse durante la toma de decisiones y el establecimiento de la zona, y debe ser continuada en su gestión y su vigilancia, y en la participación de los beneficios que emanan de ella. Se trata de un proceso sumamente exigente y no todos los gobiernos están dispuestos a seguirlo.

Una auténtica participación popular involucra mucha responsabilidad y compromiso. Con frecuencia, la brecha entre las aspiraciones tras las zonas protegidas y la realidad de su administración es embarazosamente grande. Hay amplias pruebas de que muchas están muy lejos de cumplir las expectaciones puestas en ellas. Presiones económicas y sociales, contaminación, mala gestión --y a veces falta de apoyo político-- siguen dejando las zonas protegidas vulnerables a la degradación, mientras la falta de financiación sostenible ahora constituye una preocupación mayor y una amenaza para muchas de ellas.

Una auténtica participación
La impresionante expansión de las zonas protegidas indica a las claras la creciente presión sobre la Tierra --desde la agricultura, la silvicultura, la minería y otras formas de explotación-- y las amenazas cada vez mayores a los ecosistemas. Por lo general, las zonas protegidas se apartan con el fin de asegurar que áreas únicas o ricas en diversidad biológica no caigan víctimas de uso comercial, como la explotación de árboles maderables, desarrollo industrial o desarrollo agrícola de gran escala. Es verdad que los medios de vida de los habitantes locales podrán verse afectados por su establecimiento, pero esta dificultad puede superarse mediante una participación razonable y verdadera. En efecto, existen numerosos ejemplos en todas partes del mundo de medidas de conservación que, en vez de empeorar sus medios de vida, mejoran el sustento y la posición económica de los habitantes locales y autóctonos.
Existen numerosos ejemplos de medidas de conservación que mejoran el sustento y la posición económica de los habitantes locales y autóctonos
Lamentablemente, con cada vez mayor frecuencia se ha promovido la percepción de que estas zonas se están apartando primordialmente para dejar fuera a los habitantes locales y privarlos de sus derechos tradicionales, simplemente para crear campos de juego para los amantes de la naturaleza. Esa percepción distorsiona su verdadera justificación. En algunos países, los políticos y comerciantes locales han usado, o hasta promocionado, esta imagen “anti-pueblo” de las zonas protegidas en persecución de sus propios intereses, o sea precisamente los intereses contra los cuales es necesario proteger estas zonas. ¡Cuántas veces escuchamos la palabra “cerco” usada dentro de este contexto, simbolizando la noción de que estas zonas han de ser protegidas de la intrusión de habitantes locales! En efecto, sólo una mínima fracción de las zonas protegidas está cercada y, hasta en esos casos, esto normalmente se ha hecho para mantener la fauna silvestre dentro más bien que para mantener fuera a la gente.

Ventajas múltiples
De modo similar, las zonas protegidas son consideradas por lo común como una suerte de sacrificio, una carga financiera sobre la humanidad más vale que un bien o una ventaja. Y sin embargo, aparte de desempeñar un rol crucial en preservar la biodiversidad, su función va aun más allá. Por ejemplo, las zonas protegidas hacen una considerable contribución al mantenimiento de los recursos de peces de agua dulce y a la protección contra las inundaciones: grandes ciudades dependen de ellas para la integridad de su abastecimiento de agua. Sin embargo, tales servicios prácticos de las zonas protegidas rara vez figuran en la lista de los activos nacionales. Por contraste, la destrucción con frecuencia es medida como valor acumulado, como por ejemplo la venta de madera cuando un bosque es talado.

Así pues, mientras podemos celebrar nuestro relativo éxito en establecer sitios de Patrimonio Mundial y otras zonas protegidas, no podemos permitirnos ser complacientes respecto a su supervivencia, aun cuando serán todavía más importantes en el futuro. Nos enfrentamos con un reto colectivo, no sólo de aumentar su número y su superficie, sino de asegurar su viabilidad. A través de una comunicación objetiva, debemos avanzar la comprensión del valor que representan las zonas protegidas, y los servicios que brindan a la sociedad, entre los cuales la contribución a la mitigación de la pobreza no es el menos importante de con mucho. Esto sólo habrá de suceder si los habitantes locales se convierten en verdaderos socios y beneficiarios de las zonas protegidas, en vez de ser considerados como sus víctimas


El Jefe Emeka Anyaoku es Presidente y el Dr Claude Martin el Director General del WWF International.

FOTO: UNEP/Topham


Este número:
Indice | Editorial K. Töpfer | Nuestra columna vertebral biológica | Beneficios más allá de las fronteras | Herencia común | ¿La Bella o la Bestia? | Maravillas del mundo | La protección de nuestro patrimonio | Gente | Los parques y la participación | De un vistazo: Zonas protegidas | Perfil: Harrison Ford | Balance, catalizador, hito | Ayude a proteger los arrecifes de coral | Joyas de coral | Un enredo de arrecifes | Una oportunidad para la biodiversidad biológica | Publicaciones y productos | Conservación en tiempos de conflicto | Noticias en breve | ¿Verde o rojo? | Cumpliendo con la naturaleza | Hagamos parques no guerra

 
Artículos complementarios:
En el número: Cumbre Mundial sobre el Desarrollo, 2002
En el número: Biological Diversity, 2000
En el número: Culture, Values and the Environment, 1996


AAAS Atlas of Population and Environment:
Biodiversity
Ecosystems