Energía
VEGETAL

 Richard G. Lugar
hace un llamado a una nueva revolución verde para combatir el calentamiento de la Tierra y reducir la inestabilidad mundial

En un mundo enfrentado con terrorismo global, agitación en Medio Oriente, crecientes amenazas nucleares y otras crisis, es fácil perder de vista los retos a largo plazo. Pero los olvidamos a nuestra propia cuenta y riesgo. Uno de los retos más ingentes es el de satisfacer la necesidad de alimentos y energía del mundo en este siglo. No sólo el desafío de evitar el hambre y salvar el medio ambiente, sino también la paz y la seguridad mundial están en juego. La historia nos enseña que muchos estados podrían emprender guerras por el acceso a recursos, y que la pobreza y la hambruna con frecuencia han engendrado fanatismo y terrorismo. Los esfuerzos en pro de alimentar al mundo minimizarán los factores que contribuyen a la inestabilidad mundial y a la proliferación de las armas de destrucción masiva.

Con la perspectiva de un incremento de la población mundial de 6.000 millones de habitantes hoy día a 9.000 millones para mitad del siglo, la demanda de alimentos asequibles aumentará mucho más allá de los actuales niveles de producción internacionales. Las poblaciones en países de rápido desarrollo poseerán los medios para mejorar su estándar de vida y su insumo calórico de forma considerable. Inevitablemente, esto significa comer más carne, lo cual a su vez aumentará la demanda de cereales para pienso al mismo tiempo que la creciente población del mundo necesitará vastas cantidades de alimentos básicos más para comer.

Cualquier solución para este problema se ve aún complicada por una dinámica que es necesario comprender mejor en Occidente, a saber: los países en desarrollo con frecuencia usan sus limitadas tierras de cultivo para expandir ciudades para alojar a sus crecientes poblaciones. A medida que va desapareciendo la buena tierra cultivable, la gente destruye recursos de árboles madereros y hasta selvas pluviales para crear más cantidad de tierra cultivable para alimentarse. Las consecuencias a largo plazo para el medio ambiente podrían ser desastrosas para el mundo entero.

Innovaciones para alimentar al mundo
Para satisfacer la demanda de alimentos esperada a través de los próximos 50 años, nosotros en los Estados Unidos de América tendremos que cultivar aproximadamente tres veces más alimentos en la superficie de tierra de cultivo que poseemos. Eso es mucho pedir. Mi finca en Marion County, Indiana, por ejemplo, rinde un promedio de 8,3 a 8,6 toneladas de maíz por hectárea, un rendimiento típico para una finca en Indiana central. Para triplicar nuestra producción para 2050, tendremos que producir un promedio anual de 25 toneladas por hectárea.

¿Acaso será posible aumentar nuestra producción en tal medida? La cosa ya se ha hecho en el pasado. Los adelantos en el uso de fertilizantes y del agua, mejores máquinas agrícolas y mejores técnicas de labranza se combinaron para generar un triple aumento en los rendimientos desde 1935. En nuestra finca por aquel entonces, mi padre producía 2,8 a 3 toneladas por hectárea.

Desde luego, no existe garantía de que podamos lograr resultados semejantes una vez más. Dada la urgencia de expandir la producción de alimentos para satisfacer la demanda mundial, debemos hacer inversiones mucho más grandes en la investigación científica y dirigir ese dinero hacia proyectos que prometen ejercer un impacto nacional y mundial importante. Para los Estados Unidos, esto significará un importante cambio en la manera en que conducimos y financiamos las ciencias agrícolas. La investigación fundamental generará las innovaciones que harán falta para alimentar al mundo.

Estados Unidos puede asumir una posición de líder en una revolución de la productividad. Y nuestro éxito en aumentar la producción de alimentos podría desempeñar un rol humanitario decisivo en la supervivencia de miles de millones de habitantes y la salud de nuestro planeta.

Directamente relacionada con nuestro reto de alimentar un mundo creciente está la necesidad de proveer un recurso sostenible para combustible, productos químicos y materiales. En mi opinión, la agricultura y la esfera de plantas más amplia representan un recurso no sólo para alimento, sino también para el combustible, la energía y los materiales esenciales para la sociedad moderna. Los científicos han desarrollado biotecnologías --levaduras, enzimas y bacterias genéticamente modificadas-- capaces de descomponer plantas, árboles, hierbas y residuos agrícolas (conocidos como biomasa) en sus bloques químicos constituyentes, principalmente en forma de azúcares complejos. A partir de este paso intermedio, podemos producir una amplia variedad de productos de base biológica, incluso pienso para animales, productos químicos y --cosa muy importante-- combustible.
Mostraríamos muy poca visión del futuro si no aprovechamos los adelantos científicos que han ocurrido en la agricultura y la conversión de la biomasa
Si es posible producir un importante porcentaje de productos actualmente derivados de petróleo a partir de biomasa, las grandes economías industriales mejorarán su seguridad estratégica al reducir su dependencia del petróleo del Medio Oriente, y todos los países, ricos y pobres, estarán en condiciones de gastar mucho menos en la importación de petróleo, reducir sus emisiones de gases de efecto invernadero en forma espectacular y ayudar a fortalecer sus propias comunidades rurales, al mismo tiempo de crear una nueva industria de base biológica por valor de cientos de miles de millones de dólares por año, en todas partes del mundo.

Los combustibles de base biológica tales como el etanol poseen un evidente potencial de ser sostenibles, de bajo costo y alto rendimiento, además de ser compatibles con sistemas de transporte tanto actuales como futuros, y proveer casi cero emisiones netas de gases de efecto invernadero. El impacto del bioetanol sobre las emisiones de gases de efecto invernadero es particularmente importante, dado que el sector del transporte depende casi exclusivamente de combustibles fósiles y da cuenta de una tercera parte del total de las emisiones de gases de efecto invernadero. Así, un cambio hacia los combustibles de base biológica constituye un enfoque a largo plazo hacia el problema del calentamiento de la Tierra que no requiere un alejamiento del automóvil o resulta en costos más altos para los empleadores y los consumidores norteamericanos.

Como suele decir mi amigo y ex director de la CIA James Woolsey --quien ha trabajado conmigo en este asunto--, no se trata del “etanol de nuestros padres”. Actualmente derivamos etanol de maizena y otros almidones, un proceso de alto consumo energético que resulta en un producto costoso. Woolsey observa que con el uso de biocatalizadores, u otras tecnologías cercanas a la comercialización, podemos cortar costos para pedidos de magnitud, convirtiendo así el bioetanol en un producto competitivo con la gasolina, aún si el precio del petróleo bajara a 10 o 13 dólares el barril. Y --consideración igualmente importante--, la producción en gran escala no nos exigirá destrozar y arar tierras marginales o desplazar cultivos para alimentos.

Mas antes de poder cosechar estos beneficios del recurso de biomasa sostenible es necesario rebajar drásticamente el costo de la nueva tecnología. Aquí también, la investigación ofrece el único medio sistemático para crear innovaciones y mejoras técnicas que disminuirán el costo del procesamiento de biomasa. Dado el horizonte a corto plazo del sector privado, y debido a que muchos beneficios del procesamiento de biomasa son del interés público, los gobiernos y las instituciones multilaterales deberían tomar la delantera en este importante esfuerzo y hacer inversiones en la promesa de una nueva revolución verde.

Desde los días en que de niño trabajaba en nuestra granja hasta mi tiempo en el Senado de los Estados Unidos, donde siempre fui miembro del Comité del Senado para la Agricultura, he sido testigo de tremendos cambios en la manera en que manejamos la agricultura en Norteamérica y alrededor del mundo. Si bien estamos enfrentando enormes retos para el futuro, en ningún momento la agricultura ha sido tan excitante y llena de oportunidades como lo es hoy día. Los pesimistas podrán decir que la humanidad se ha hecho un lío desesperado, pero yo tengo fe en la ingeniosidad sin límites del ser humano. Mostraríamos muy poca visión del futuro si no aprovechamos los adelantos científicos que han ocurrido en la agricultura y la conversión de la biomasa. Si los aprovechamos debidamente, haremos mucho menos peligrosa la vida para las generaciones futuras y mucho más próspera. En caso contrario, esas generaciones volverán la mirada con ira e incomprensible asombro a la notable oportunidad que nosotros dejamos pasar por alto.


Richard G. Lugar , un Senador estadounidense de Indiana, es Presidente del Comité de Relaciones Exteriores del Senado, y miembro y ex-presidente del Comité del Senado para la Agricultura.

Este número:
Indice | Editorial | La clave del desarrollo | El reto de la energía | Energía vegetal | Bioenergía: autosuficiente y rentable | Nueva energía para el desarrollo | Gente | Haciendo realidad el cambio | Un crecimiento propicio | Energía verde | De un vistazo: Energía | Sueños Sostenibles | Iluminando el futuro | Ecologización del petróleo | Pensando en cielos azules | Publicaciones y productos | Nueva energía para un ataque a la pobreza | Nuevos empresarios para la energía | Hora de actuar en serio | Rompiendo el hielo | Durante mi vida: 100% renovable


Artículos complementarios:
Cumbre Mundial sobre el Desarrollo, 2002
Energía, 2001
Climate and Action, 1998
Climate Change, 1997


AAAS Atlas of Population and Environment:
Natural Resources


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