BIOENERGIA:
autosuficiente y rentable

 Timothy E. Wirth, C. Boyden Gray y John D. Podesta
describen el enorme potencial para la seguridad energética y el medio ambiente de “cultivar” nuestro propio combustible

Las barreras comerciales para la agricultura siguen siendo uno de los obstáculos más pertinaces y persistentes para un sistema de comercio mundial abierto y justo. A pesar de la retórica altruista sobre los beneficios de los principios del libre mercado, los países occidentales se han resistido a la eliminación de los 300.000 millones de dólares por año en subsidios que por mucho tiempo han inclinado el sistema a su favor. Estos subsidios fomentan ineficiencias de mercado y paralizan la capacidad de algunas de las naciones más pobres del mundo de poder competir, hasta en sus propios mercados.

Estas políticas no sólo son ineficientes y contrarias a nuestras creencias declaradas en el comercio libre y justo: también constituyen un cruel obstáculo para el progreso de los agricultores en otros países que están luchando para ganarse un sustento. Las vacas lecheras en Europa y en Japón reciben más dinero en subsidios del gobierno de lo que los pobres en las zonas rurales pueden ganar en el mundo en desarrollo.

Los avances técnicos en la ciencia de la bioenergía --la conversión de residuos agrícolas y otros materiales orgánicos en combustibles y otros productos-- ofrecen una manera de salir de este conflicto aparentemente inextricable y hasta podrían tener consecuencias sorprendentes en otras áreas, incluso la expansión económica en el mundo en desarrollo, reducciones en las emisiones de gases de invernadero, y la disminución de la peligrosa dependencia del petróleo del mundo.

La bioenergía --el cultivo de nuestro propio combustible-- ofrece la oportunidad de hacer lo que es beneficioso y correcto al mismo tiempo. Durante varios decenios, los Estados Unidos promocionaron el desarrollo de etanol por la razón de que ofrece múltiples beneficios nacionales, ayudando a los agricultores, al medio ambiente, y a la seguridad energética de la nación. Pero hasta la fecha sólo hemos empezado a explorar las posibilidades de la promesa de la bioenergía.

La mayoría del etanol es producido de maíz, usando únicamente el almidón en los granos. Pero las nuevas tecnologías podrían llevar al uso rentable de una amplia variedad de materia prima y productos de desechos agrícolas como tallos de maíz y paja de cereales para producir etanol y otros productos, como por ejemplo productos químicos y plásticos, actualmente derivados de combustibles fósiles. Estas tecnologías permiten al agricultor cosechar dobles dividendos, vendiendo cultivos comerciales como maíz y trigo, y convirtiendo los “residuos” sobrantes en combustible para el sector del transporte.

El potencial de la bioenergía es enorme, tanto económica como ambientalmente. En la actualidad, el etanol da cuenta de menos del 2% del consumo de combustible en los Estados Unidos de América. Las nuevas tecnologías bioenergéticas podrían aumentar esta cifra de manera espectacular, produciendo hasta 150.000 millones de litros, el equivalente de una cuarta parte de nuestro uso actual de gasolina. Por otra parte, la bioenergía también ayudará a evitar un mayor calentamiento de la Tierra en el futuro, dado que el dióxido de carbono emitido durante su producción y su consumo es absorbido por las plantas mientras están creciendo. Las emisiones de gas de efecto invernadero netas son próximas a cero.

Por otra parte, la bioenergía podría estimular el desarrollo económico alrededor del mundo. Las tecnologías bioenergéticas avanzadas ofrecerán a los países pobres una nueva manera de satisfacer sus necesidades de transporte, requisito necesario para el progreso y la expansión económica. Con la tecnología correcta y la necesaria capacitación básica, estos países serán capaces de “cultivar” sus propios combustibles, permitiéndoles redirigir escasas divisas extranjeras del petróleo importado hacia inversiones nacionales más productivas, incluso inversiones sociales críticas en la salud, la educación y en asistencia social.

Es poco probable que Occidente abandone los subsidios agrícolas, pero puede dirigirlos en una manera mucho más productiva y menos destructora. Cambiando los subsidios de los cultivos para alimentos hacia la producción de bioenergía, Estados Unidos y otras naciones pueden apoyar el ingreso de las granjas, reducir la dependencia del petróleo, y hacer progresos ecológicos, tanto en el propio país como en el extranjero.

En vista de los altos precios sin precedentes de la gasolina en muchos campos, cambios climáticos que amenazan el ecosistema del mundo, y los peligros de pobreza mundial persistente cada vez más claros, las naciones desarrolladas deberían ponerse a la delantera del mundo en el esfuerzo hacia un rápido desarrollo de biocombustibles limpios y abundantes.


Timothy E. Wirth es Presidente de la Fundación de las Naciones Unidas; C. Boyden Gray, uno de los socios de la compañía Wilmer, Cutler & Pickering, fue Consejero ante el Expresidente George H.W. Bush; y John D. Podesta, Presidente del Center for American Progress, fue Jefe de Personal ante el Expresidente Bill Clinton.

Este número:
Indice | Editorial | La clave del desarrollo | El reto de la energía | Energía vegetal | Bioenergía: autosuficiente y rentable | Nueva energía para el desarrollo | Gente | Haciendo realidad el cambio | Un crecimiento propicio | Energía verde | De un vistazo: Energía | Sueños Sostenibles | Iluminando el futuro | Ecologización del petróleo | Pensando en cielos azules | Publicaciones y productos | Nueva energía para un ataque a la pobreza | Nuevos empresarios para la energía | Hora de actuar en serio | Rompiendo el hielo | Durante mi vida: 100% renovable


Artículos complementarios:
World Heritage and Protected Areas, 2003
Globalization, Poverty, Trade and the Environment, 2003
Climate and Action, 1998
Climate Change, 1997


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