Convirtiendo las palabras
en acciones

 
Børge Brende dice que los planes acordados en la Cumbre sobre el Desarrollo Sostenible de Johannesburgo son la clave para manejar el recurso más precioso del mundo

La gestión racional del agua es la clave para el desarrollo sostenible y para alcanzar muchos de los Objetivos de desarrollo para el milenio y los compromisos contraídos en la Cumbre de Johannesburgo. El agua es esencial para la viabilidad y la sostenibilidad a largo plazo de todos los ecosistemas del mundo. Y la salud de los ecosistemas, por su parte, es crítica para la cantidad y la calidad del suministro de agua. Las actividades humanas, tales como el desarrollo de infraestructura, la modificación del caudal de los ríos, la conversión de las tierras (como la deforestación), mayor producción agrícola, la introducción de especies foráneas, y la liberación de contaminantes, trastornan el delicado equilibrio entre los recursos hídricos y la sostenibilidad del medio ambiente.

Varias amenazas a la salud general de los ecosistemas, y como consecuencia para su capacidad de proveer los servicios de los cuales depende la vida humana, son particularmente pertinentes al agua. El cambio climático --y las consiguientes alteraciones en las características meteorológicas, la distribución de las aguas, y las pesquerías-- ejercerán un serio impacto, por ejemplo, sobre los ecosistemas marinos y los pequeños estados insulares en desarrollo. Esto pondrá presión sobre las poblaciones pobres, incapaces de protegerse de las inundaciones, la erosión del suelo y la escasez de agua. La pérdida de especies y de diversidad genética impacta la salud de los ambientes marinos y costeros, así como las tierras húmedas. Y en todo el mundo, las pesquerías, los ecosistemas marinos y los hábitats costeros están degradando rápidamente debido a la pesca excesiva y la contaminación causada por actividades terrestres. Tratar estas amenazas a través de una mejor ordenación del agua es un factor clave para mantener la integridad de los ecosistemas.

En Johannesburgo fue reconocida la necesidad de concentrarnos en el planeamiento y la gestión de los recursos hídricos, y se acordó una meta a corto plazo, a saber: que todos los países debían preparar planes para la gestión integrada de los recursos hídricos para el año 2005. Pues, ¿cómo vamos progresando? Al parecer, no demasiado bien. De acuerdo a una encuesta de 96 países en desarrollo emprendida por la Asociación Mundial para el Agua, sólo un 12% tienen probabilidad de alcanzar la meta; 45% necesitan más apoyo para poder alcanzarla, y 43% necesitan apoyo sustancial.

A las claras, también hay informes alentadores. Uganda y Burkina Faso, con asistencia internacional, han pasado por un proceso de planeamiento de gestión integrada de varios años, con el resultado de la institución de nuevas políticas, estrategias y leyes para el desarrollo y la ordenación de sus recursos hídricos. Las nuevas políticas para el agua de China, el proceso de la reforma del agua en Tailandia y la India, y la reforma de las aguas servidas en el Brasil son otros ejemplos de procesos de gestión integrada. Y podrían mencionarse otros más. Pero el cuadro general da motivos para seria preocupación: al parecer no estamos en la buena senda para alcanzar las metas.

En primer lugar, la gobernanza es un asunto de importancia crucial. Al nivel nacional, es necesario autorizar a diferentes ministerios a trabajar conjuntamente, trabajar a escala de cuenca fluvial (por ejemplo, a través de comités de cuenca con diversas responsabilidades), trabajar con gobiernos e interesados subnacionales, y proveer financiamiento para convertir en realidad estas cosas. Es necesario establecer programas e instituciones para proveer los datos requeridos para análisis, colaboración interministerial, instituciones de las cuencas, derechos y sistemas de adjudicación de las aguas, y proveer políticas sobre gestión integrada (que incluyan las tierras) y metas socioeconómicas nacionales a ser alcanzadas para los recursos hídricos.
Las actividades humanas trastornan el delicado equilibrio entre los recursos hídricos y la sostenibilidad del medio ambiente
La Ley Nacional del Agua de Sudáfrica, el instrumento clave para implementar la gestión integrada, especifica una “reserva” como un instrumento para asegurar la sostenibilidad medioambiental y proteger las necesidades humanas básicas de agua. Esto se refiere tanto a la cantidad como a la calidad del agua en el recurso. La Directiva Marco para el Agua de la Unión Europea será el instrumento clave para asegurar el uso sostenible del agua dentro de Europa: llama a la protección general de la ecología acuática, la protección específica de hábitats únicos y valiosos, la protección de los recursos de agua potable, y a la protección de agua para baño, todos a ser integrados para cada cuenca fluvial.

A nivel internacional, la estrategia del PNUMA para el agua es un importante instrumento al discutir los aspectos ambientales de los asuntos relacionados con el agua. Las actividades del PNUMA relacionadas con la transferencia de tecnologías ambientalmente racionales para la gestión del agua y con las iniciativas de creación de conciencia en el sector del agua son cruciales si hemos de cumplir nuestras promesas de Johannesburgo.

Los retos en tratar el complejo entramado del medio ambiente mundial, el desarrollo, y los recursos hídricos consisten en reformar políticas e integrar consideraciones de medio ambiente a la corriente principal de la toma de decisiones económicas. Importantes lecciones aprendidas de la experiencia sugieren que las crisis medioambientales, sociales, de tierra y agua están estrechamente vinculadas unas con otras, y que las intervenciones de sector único relacionadas con el agua pueden empeorar las cosas. El camino hacia un desarrollo sostenible a las claras involucra una gestión integrada y holística de la tierra, el agua y los ecosistemas. Para lograr esto, los planes de gestión integrada son el instrumento clave. Será necesario integrarlos a las estrategias nacionales de desarrollo --incluso a las estrategias para la reducción de la pobreza-- y deben ser para el pueblo, del pueblo y por el pueblo. Los planes de gestión integrada y las estrategias para la reducción de la pobreza deben formar parte de los procesos nacionales de planeamiento y presupuesto.

En segundo lugar, será necesario aumentar las contribuciones a la gestión del agua de todas las principales fuentes de finanza, tales como gobiernos domésticos, donantes, instituciones financieras multinacionales, líderes comerciales, inversores privados, donaciones voluntarias, y planes de solidaridad. Será necesario mejorar la eficiencia de la utilización de los recursos, junto al desarrollo de nuevos mecanismos de financiación. Deberán recaudarse más fondos localmente, mediante tarificación progresiva, recaudación de impuestos y mercados de capital locales. Internacionalmente, hará falta que cumplamos los compromisos contraídos en la cumbre de Monterrey de 2002, y los mecanismos financieros mundiales deberán reforzarse.

El Fondo para el Medio Ambiente Mundial (FMAM) es un mecanismo clave para el apoyo de nuestros esfuerzos de manejar los recursos hídricos internacionales y proteger la biodiversidad. El Fondo apoya proyectos de biodiversidad relacionados con el uso sostenible de tierras húmedas y aguas y tiene una impresionante carpeta de proyectos hídricos internacionales con unos 140 países cooperadores. A través de los mismos ha podido ayudar a los países a especificar qué tipo de reformas deberían emprender y cómo convendrá poner en operación el enfoque de gestión integrada, incluso maneras de considerar los medios de vida y la diversidad biológica.

Por último, debemos concentrarnos en la conservación del agua. Muchos ríos y reservas subterráneas hoy están vacíos debido a la forma derrochadora en que usamos el agua. La UICN-la Unión Mundial para la Naturaleza, estima que 1.400 millones de personas ya viven en cuencas fluviales donde las extracciones de agua igualan o exceden lo que está disponible, y así conducen a serio daño social y ambiental. Implementando “caudales medioambientales” en las cuencas fluviales del mundo es posible reparar el daño causado y ayudar a evitar futuros conflictos. Estos aseguran que quede agua suficiente en los ríos y sea manejada para asegurar beneficios ambientales, sociales y económicos aguas abajo.

Como Presidente de la Comisión de las Naciones Unidas sobre el Desarrollo Sostenible, veo nuestro principal reto como la transformación de las palabras en hechos. La comunidad internacional y los líderes mundiales han definido los problemas. Han asumido los compromisos y fijado los plazos. Ahora, “implementación” es la palabra clave. Durante los próximos dos años, la Comisión dedicará su atención al agua, al saneamiento y los asentamientos humanos. Conduciremos una detenida revisión en nuestra sesión de abril de 2004. Identificaremos obstáculos clave y mejores prácticas. En suma, presentaremos una valoración del progreso (y de la falta de progreso) hecho para alcanzar las metas. Y, cosa más importante, de lo que es preciso hacer para alcanzarlas.

Los gobiernos nacionales son principalmente responsables de manejar y desarrollar el agua y proveer agua y servicios de saneamiento para todos. Pero nosotros, la comunidad internacional, debemos intensificar nuestro involucramiento. El nuestro debe ser un rol de facilitadores, proveyendo financiamiento, asegurando que los problemas de agua y saneamiento se mantengan a la cabeza de la agenda en foros multilaterales, manteniendo el foco internacional en los pobres. La encuesta emprendida por la Asociación Mundial para el Agua indica claramente que necesitamos intensificar nuestros esfuerzos y emprender medidas sin demora.

El agua es el recurso más precioso del mundo. Su distribución justa, estable y sostenible debe constituir una prioridad en todos los países del mundo, particularmente en la lucha contra la pobreza. Para obtener éxito, necesitamos contar con una amplia gama de medidas y socios. Las necesidades son grandes, pero así lo son las oportunidades, para los gobiernos, para las empresas privadas y para el sector civil. Las necesitamos a todas, y las necesitamos ahora 


Børge Brende es Ministro para el Medio Ambiente, Noruega, y Presidente de la Comisión de las Naciones Unidas sobre el Desarrollo Sostenible.

FOTO: Benu Sen/PNUMA/Topham


Este número:
Indice | Editorial K. Töpfer | Accion para el futuro | Convirtiendo las palabras en acciones | Una mano lava a la otra | Gente | Un recurso frágil | Haciendo realidad el sueño | Agua para quitar la pobreza | De un vistazo: Agua y saneamiento | Perfil estelar: Angélique Kidjo | Enfoque en el saneamiento | En una ciudad como Mumbai | Flujo de abajo-arriba | Publicaciones y productos | Regando tierras sedientas | Paz a través de los parques | Llegando a los que no son oídos

Artículos complementarios:
Fondo para el Medio Ambiente Mundial, 2002
Børge Brende: Hacia el equilibrio
(Las montañas y el ecoturismo) 2002
Cumbre Mundial sobre el Desarrollo, 2002
Agua dulce, 2003