Una mano
lava a la otra

 
Ronnie Kasrils
describe cómo la colaboración y la democracia participatoria en su país están excediendo las metas para proveer agua segura y saneamiento y combatiendo la escasez de agua y la ocurrencia de conflictos

Diez años atrás, el júbilo de la liberación en Sudáfrica fue compartido en muchos rincones del mundo, cuando, después de largos años de amarga lucha, el Congreso Nacional Africano (CAN) finalmente tomó las riendas del Gobierno. El 27 de abril de 1994, el pueblo de la República de Sudáfrica, negros y blancos, mujeres y hombres, esperaron su turno pacientemente en largas colas para emitir su voto. Ese día, y todos los días que le siguieron, no hubieran sido posibles sin el apoyo de gente apasionada y comprometida en todas partes del mundo. Lo que ha sucedido en Sudáfrica desde entonces es tanto el logro del movimiento anti-apartheid, que luchó con tanta dedicación por nuestra liberación, como el logro del pueblo de nuestro país.

Diez años en la vida de un país son como unos pocos meses en la vida de un individuo. La democracia sudafricana aún está en su infancia, y sin embargo, ¡cuán madura es ya, y cuántas promesas ya ha cumplido entre nuestro pueblo!

Se estimó que en 1994, alrededor de 12 millones de habitantes carecían de acceso a agua potable segura. Principalmente en las zonas rurales, la gente debía buscar su agua de manantiales, ríos distantes, o --si eran afortunados-- de pozos y perforaciones a gran distancia. Las mujeres rurales estaban condenadas a pasar muchas horas de sus preciosos días caminando para buscar agua. Algunas se enfrentaban con el diario terror de ríos infestados de cocodrilos. Del otro lado del cerco, por supuesto, los sudafricanos blancos tenían servicios iguales a los mejores en Europa, incluso inodoros con cisterna, baños y grifos y duchas en abundancia, y hasta una plétora de piscinas. Había dos mundos en un país.

El nuevo Gobierno reconoció la prioridad del agua en la lucha por la dignidad y el bienestar del pueblo. La Constitución sudafricana también reconoce esta realidad, garantizando el derecho a acceso a agua suficiente. El agua es, después de todo, un derecho humano básico, fundamental para la vida. Sobre esta base, el Gobierno inició un importante programa, que diez años más tarde ha llevado agua potable segura a casi 10 millones de habitantes, generalmente en forma de grifos o canillas comunitarias situadas a no más de 200 metros de sus casas. Esto representa un logro notable, testimonio del compromiso y la creatividad de cientos de personas en el Gobierno, en el sector privado y en organizaciones no gubernamentales que han trabajado sin descanso para convertirlo en una realidad.

La lucha de género en nuestro país ha sido integrada a este proceso. Frances Baard, una magnífica y fuerte mujer, líder en el movimiento sindical y en el CAN, dijo en cierta ocasión: “Nosotros sabemos que no existe libertad para los hombres que no sea también para las mujeres”. Bajo apartheid, las mujeres negras en Sudáfrica se enfrentaban con la triple carga de discriminación de raza, género y clase. Posiblemente el reto mayor consiste en asegurar que la mujer esté potenciada para ocupar su justo lugar junto al hombre, como socia igual en el drama de la vida. Innumerables mujeres ahora están libres del trajín y el esfuerzo de buscar agua a grandes distancias; y muchas más fueron liberadas de la agonía de cuidar a miembros de su familia enfermos por agua contaminada y falta de higiene; y las mujeres ahora pueden vivir con la cabeza alta como miembros de comités de agua, como trabajadoras en proyectos de agua, como ciudadanas de Sudáfrica.

Los Objetivos de desarrollo para el milenio han fijado la meta de reducir a la mitad la proporción de personas sin acceso a agua potable segura para el año 2015. Sudáfrica ya se ha adelantado a su meta y está bien encaminado en su empeño de asegurar que todo el mundo tenga acceso a agua segura para beber. No obstante, las cifras del censo más reciente muestran que nos queda bastante camino por andar. Por lo menos 5 millones de habitantes todavía obtienen agua de fuentes inaceptables. Para 2008 también habremos suministrado agua a estas personas. Pero también hemos reconocido que esto no basta, y nos hemos fijado metas aún más ambiciosas. Necesitamos ahora mejorar el servicio para quienes lo han recibido, aumentar la cantidad de agua disponible para los hogares, y traerlo más cerca que 200 metros. Necesitamos llevar más adelante la tarea, empeñarnos en mejorar cada vez más los servicios que podemos proveer. Este es un reto mayor que nos mantendrá ocupados por muchos años por venir.

En diversos momentos, fue importante para los sudafricanos detenernos y hacer una nueva valuación de lo que estábamos haciendo. El primer reto verdadero fue un serio brote de cólera. Si bien las intervenciones del Gobierno lograron mantener las muertes a un mínimo, obligó al Departamento de Asuntos Hídricos y Silvicultura a reconsiderar su estrategia. Era evidente que proveer agua no era suficiente para impedir la aparición de la enfermedad.

Animada por el apoyo internacional y la pericia local, Sudáfrica empezó a ocuparse más intensamente en el campo del suministro de saneamiento, e inició una vasta campaña de salud e higiene. “Agua, saneamiento e higiene” se convirtió en el lema del país, en su forma abreviada “WASH!”. Este programa fue defendido en foros internacionales así como en Sudáfrica. Con la consigna “Saneamiento es Dignidad”, se lanzó una campaña para llevar saneamiento a los 20 millones de sudafricanos que carecían del servicio.

En la Cumbre Mundial sobre el Desarrollo Sostenible celebrada en Johannesburgo el año pasado, el mundo finalmente se puso de acuerdo sobre una meta de reducir la proporción de personas sin acceso a saneamiento básico a la mitad para el año 2015. Una vez más, nosotros nos hemos impuesto metas mucho más ambiciosas: contando con el apoyo de donantes, Sudáfrica tiene intención de poner su trabajo al día para el año 2010.
Hasta aquí, alrededor de tres cuartas partes de los hogares con acceso a agua potable segura están recibiendo agua básica gratuita
Una sorpresa muy desagradable planteó un segundo reto para mí y mi Departamento durante mi visita a un proyecto de instalado en una aldea rural. Una mujer, con un bebé atado a su espalda, estaba cavando un agujero para obtener agua cerca del banco del río. Le pregunté por qué no usaba el nuevo grifo; me contestó que no podía permitirse pagarlo. Este acontecimiento fue la inspiración para una política de agua básica gratuita, que permite a los hogares recibir 6.000 litros de agua por mes en forma gratuita. Hasta aquí, alrededor de tres cuartas partes de los hogares con acceso a agua potable segura están recibiendo agua básica gratis, y la proporción está aumentando continuamente. El Gobierno considera una burla de la Constitución --que garantice el derecho al acceso a agua suficiente-- y un insulto al pueblo de instalar servicios de agua e impedir a la gente de usarlos cobrando un precio inasequible.

El agua es un bien muy escaso en Sudáfrica. Quienes lo conocen recordarán la belleza del sol saliendo encima de las antiguas colinas del Karoo, el penetrante viento del invierno entre los matorrales, la vasta expansión del cielo sin nubes encima del paisaje sin fin. Es un país de inestimable belleza, pero en su mayor parte árido, seco. La mayoría del agua del país cae en el este, al pie de las colinas y las majestuosas montañas del Drakensberg, sobre las colinas húmedas de KwaZulu-Natal y Mpumalanga.

Sudáfrica también heredó enormes problemas de agua de su legado industrial y minero. Muchas minas abandonadas continúan liberando agua contaminada a los ríos, la falta de saneamiento causa alta contaminación bacterial en algunas zonas del país, y la contaminación industrial es un reto constante.

Enfrentada con todo esto, Sudáfrica ha desarrollado lo que se considera como uno de los documentos de legislación más progresistas del mundo, y un cianotipo para la seguridad del agua: la primera Estrategia Nacional para los Recursos Hídricos. Se trata de un documento notable, tanto más considerando que el Gobierno realizó una amplia consulta entre el pueblo de Sudáfrica sobre el proyecto: casi 2.000 personas respondieron con amplio detalle a la encuesta. La tradición --iniciada con una Carta de Libertad del CAN allá por 1955-- de pedir a los sudafricanos contribuir a la elaboración de su propio futuro, sigue viva en la democracia participatoria hoy día.

Ríos compartidos forman uno de los elementos del cianotipo. Sudáfrica comparte la mayoría de sus ríos importantes con estados vecinos, en algunos casos con otros tres. Comparados con estándares internacionales, estos no son ríos grandes con un caudal de agua más que suficiente para compartir. Ya se hallan bajo presión, por lo cual es necesario manejarlos con cuidado y sensibilidad a fin de satisfacer las necesidades de todas las partes.
Con la consigna “Saneamiento es Dignidad”, se lanzó una campaña para llevar saneamiento a los 20 millones de sudafricanos que carecían del servicio
El espíritu de internacionalismo vive en nuestra legislación referente al agua. El Gobierno tiene un protocolo ratificado y efectivo sobre Cuencas Fluviales Compartidas. El Departamento de Asuntos Hídricos y Silvicultura recientemente firmó el acuerdo de Incomaputo con Mozambique. Como resultado del mismo, Sudáfrica puede liberar la cantidad de agua acordada con Mozambique aguas abajo durante la actual sequía en la cuenca del Inkomati. Esto es un notable símbolo de cooperación mutua, evitando guerras de agua y asegurando mutuo crecimiento y participación.

No obstante, el Gobierno aún se enfrenta con grandes retos. Todavía hace falta suministrar agua a 5 millones de habitantes más, y saneamiento a otros 16 millones. La calidad de los servicios básicos proporcionados por el Estado debe mejorar continuamente. El Gobierno debe mejorar, mantener y renovar infraestructuras antiguas, y hacer inversiones en represas, obras de tratamiento de agua, conductos, estaciones de bombeo. Nuestra posición es clara: creemos que el sector privado tiene un papel clave que desempeñar en el suministro de servicios a nuestra población. El Gobierno no puede abdicar y no abdicará de su función de asegurar que estos servicios se proporcionen, pero reconoce que no puede hacerlo solo. La inversión y la capacidad que puede ofrecer el sector privado es esencial para el éxito futuro.

Sudáfrica ha progresado a pasos gigantes, pero la lucha aún no ha terminado. Hace falta ayuda para la movilización de fondos, ya sea de personas individuales o de instituciones, para el suministro de servicios, así como para el mantenimiento a largo plazo. Un dicho sudafricano --“Izandla ziyangezana”: una mano lava a la otra-- expresa la necesidad de ayudarnos unos a otros. Esto es un símbolo de participación. Así como necesitábamos el apoyo internacional y unidad en la lucha contra apartheid, tratamos hoy de obtener esta participación para el agua y el saneamiento


Ronnie Kasrils es Ministro para Asuntos Hídricos y Silvicultura de la República de Sudáfrica.

FOTO: Racine Keita/PNUMA/Topham


Este número:
Indice | Editorial K. Töpfer | Accion para el futuro | Convirtiendo las palabras en acciones | Una mano lava a la otra | Gente | Un recurso frágil | Haciendo realidad el sueño | Agua para quitar la pobreza | De un vistazo: Agua y saneamiento | Perfil estelar: Angélique Kidjo | Enfoque en el saneamiento | En una ciudad como Mumbai | Flujo de abajo-arriba | Publicaciones y productos | Regando tierras sedientas | Paz a través de los parques | Llegando a los que no son oídos

Artículos complementarios:
Water, 1996
Fresh Water, 1998
The Environment Millennium, 2000
Cumbre Mundial sobre el Desarrollo, 2002
Agua dulce, 2003