En una ciudad como
Mumbai

 
Kalpana Sharma
describe lo que significa vivir sin adecuado suministro de agua y saneamiento en una de las ciudades más populosas del mundo

Todo visitante a cualquier ciudad en la India encontrará dos imágenes comunes a todas: una cola de mujeres con cacharros de diversas formas y tamaños esperando su turno para obtener agua, y hombres y niños defecando al aire libre (las mujeres deben hacerlo al abrigo de la oscuridad). Millones de habitantes en la India todavía esperan obtener los servicios básicos de agua limpia y saneamiento, pese a que el país se jacta de su acelerado crecimiento económico.

La crisis queda bien ilustrada por una visita a uno de los numerosos barrios bajos que dominan el cuadro en la capital comercial de la India, Mumbai. Casi la mitad de sus 12 millones de habitantes viven en barrios bajos o edificios dilapidados. Los mismos están situados en tierras abiertas, junto a las vías férreas, en veredas y pavimentos, junto al aeropuerto, bajo puentes y a lo largo de los bordes de la ciudad. Si bien hay variaciones, generalmente esta mitad de la población obtiene poca agua y tiene aún menos inodoros. Cuando puede obtenerse, el agua a menudo es sucia. Y los inodoros que existen por lo general están mugrientos, rotos y generalmente son inservibles: tan pocos están en buen estado que de todos modos la defecación al aire libre es la única alternativa para millones de personas.

Las 30.000 familias que viven en las veredas de Mumbai sufren las condiciones peores. No tienen acceso a agua ni inodoros porque a los ojos de la ley son “ilegales” y no deberían estar viviendo allí. De hecho, generaciones enteras se han criado muchas veces en el mismo pavimento, ya que el gobierno municipal hace la vista gorda ante su existencia y no tiene planes para ofrecer una alternativa.

La vida de las mujeres que viven en estos pavimentos está dominada por la diaria caza para obtener agua. Lo piden a la gente en los edificios contiguos. Encuentran maneras de abrir hidrantes de incendio para conseguir agua. Recurren a plomeros que saben cómo sacar agua de la línea de flotación del agua que corre debajo del pavimento que es su casa. Como dice Sagira, una de las mujeres que viven en un pavimento, “Estas son llaves o canillas no oficiales. Nosotros no podemos conseguir llaves oficialmente”. El agua “oficial” no está disponible para las personas consideradas como ilegales. Y el agua “no oficial” puede costar más de 10 veces el precio del agua suministrada por la corporación municipal. Para la gente pobre, esto puede significar un gasto diario de hasta 10 a 30% de su ingreso.

Cerca de un millón de personas viven y trabajan en estructuras semipermanentes en barrios bajos de ya larga existencia, como por ejemplo la vasta aglomeración llamada Dharavi, situada en la encrucijada entre la antigua ciudad isla de Mumbai y su interior extendido. El asentamiento está “regularizado”, en el sentido de que el gobierno no planea demolerlo y transladar sus residentes a otra parte. También les ha provisto agua, electricidad e inodoros, pero éstos distan mucho de ser adecuados para el número de personas que viven en el asentamiento.

La mayor parte del agua es obtenida de grifos instalados en la calle en diversos lugares del barrio. Son las mujeres quienes deben hacer cola y recolectar el agua.

El agua es liberada a estos grifos a diferentes horas del día, durante dos o tres horas por vez. Este sistema ha sido elaborado por la corporación municipal para asegurar que el agua que llega a la ciudad de sus fuentes fuera de los límites de la metrópolis es distribuida a todas partes de la urbe.

Tal sistema no es un problema para gente que vive en viviendas formales, ya que pueden bombear el agua a tanques situados bajo el techo, no importa cuándo es emitida, y obtener así un suministro continuo durante todo el día. Pero para la gente pobre en los barrios bajos no existe otra opción que recolectar el agua cuando es emitida, sea cuando sea. Los momentos de suministro pueden ser a cualquier hora del día o de la noche. Cada barrio crea su propio sistema de distribución del agua. Pero un aspecto es común a todos: son las mujeres quienes van a buscar el agua. La cantidad que recolectan depende de su capacidad de almacenar agua en sus pequeñas viviendas. Y la espera para obtener agua --y acarrear pesados cacharros llenos a su casa caminando por superficies desniveladas todos y cada uno de los días de su vida-- afecta la salud de la mayoría de las mujeres.
Millones de habitantes aún esperan obtener los servicios de agua limpia y saneamiento
La situación respecto a los inodoros es peor aún. En 1986, una encuesta reveló que sólo había 800 bloques de lavatorios en Dharavi, para una población de alrededor de 400.000 habitantes. Cada uno de estos bloques tal vez tendría 15 a 20 inodoros individuales. Casi dos décadas más tarde, la población ha aumentado a más del doble, pero la situación de los inodoros sigue siendo prácticamente la misma. Esta situación es reflejada a través de todos los asentamientos de barrios bajos en Mumbai, sin excepción.

Mangal Sadashiv Kamble, que solía vivir junto a la vía férrea, describió su experiencia diaria a dos investigadores que estaban trabajando con los pobres urbanos en estas palabras: “Teníamos que usar las vías férreas como inodoros. Había inodoros públicos, pero estaban bastante lejos, a media hora de camino. Solían estar tan sucios que no teníamos ganas de usarlos. ¡Y siempre había unas colas larguísimas! En vez de usar esos servicios mugrientos, íbamos a las vías después de las diez de la noche o muy temprano, a las cuatro o cinco de la mañana.”

Dada la densidad de los barrios bajos, hasta la construcción de nuevos bloques de inodoros constituye un problema. La corporación municipal de Mumbai se ha hecho cargo de la tarea de construir lavatorios en varios barrios. Pero se enfrenta con el problema de tener que negociar con los residentes para encontrar un lugar adecuado, en vista de que será necesario demoler algunas de sus casas para liberar el terreno, un proceso enormemente complejo y a menudo explosivo.

La provisión de agua segura y saneamiento para los pobres urbanos está inextricablemente unida a una política de vivienda racional y asequible. Sin ello, sólo son posibles unas soluciones fragmentarias, y éstas jamás podrán satisfacer la necesidad de una vida con agua segura y saneamiento para la gente que vive en una ciudad como Mumbai


Kalpana Sharma es Editora Adjunta del periódico The Hindu en Mumbai. Es autora del libro Rediscovering Dharavi: Stories from Asia’s Largest Slum (Penguin India, 2000).

FOTO: Stephen Dolmer/PNUMA/Topham


Este número:
Indice | Editorial K. Töpfer | Accion para el futuro | Convirtiendo las palabras en acciones | Una mano lava a la otra | Gente | Un recurso frágil | Haciendo realidad el sueño | Agua para quitar la pobreza | De un vistazo: Agua y saneamiento | Perfil estelar: Angélique Kidjo | Enfoque en el saneamiento | En una ciudad como Mumbai | Flujo de abajo-arriba | Publicaciones y productos | Regando tierras sedientas | Paz a través de los parques | Llegando a los que no son oídos

Artículos complementarios:
Water, 1996
Culture, Values and the Environment, 1996
Fresh Water, 1998
La pobreza, la salud y el medio ambiente, 2001
Agua dulce, 2003