Regando
tierras sedientas

 
Luis Cáceres Villanueva
describe cómo es posible utilizar las aguas servidas para verdear las ciudades, aún en circunstancias difíciles, y bosqueja sistemas para su tratamiento y ordenación

El Norte de Chile es una región virtualmente carente de lluvia. Comprende seis ciudades y el Desierto de Atacama, una de las regiones más secas del mundo. El agua para las zonas urbanas es transportada de pozos distantes o ríos próximos a las montañas de la cordillera de los Andes, donde ocurren las precipitaciones. Pero una gran parte de los suministros de agua conocidos se ve afectada por una alta concentración de sólidos disueltos, incluyendo boro, arsénico, sulfato y sodio entre otros, presentes como componentes solubles en sedimientos volcánicos, minerales y suelos a lo largo de la cordillera. Esta situación requiere una selección cuidadosa de las fuentes de agua y la utilización de métodos de tratamiento para remover arsénico. Sólo alrededor de la mitad del agua es aceptable para consumo humano directo: el resto es tratado para remover su alto contenido de arsénico.

Municipios, instituciones y propietarios privados se enfrentan con retos considerables para proveer las áreas verdes y jardines requeridos por la población urbana. Las iniciativas de crear espacios verdes se ven obstacularizadas por el elevado costo del agua y por las altas concentraciones de sales y boro en el agua y el suelo, que afectan seriamente el crecimiento de especies de plantas ornamentales sensibles. Una gran fracción de tierra urbana separada para recreación ha terminado en campos vacíos o parques degradados. Universidades, municipalidades y organizaciones privadas han lanzado un proyecto conjunto encaminado a promocionar el desarrollo de jardines y áreas verdes adecuadas. El proyecto estudió la factibilidad de manejar el uso de agua no potable disponible mediante procedimientos de tratamiento e irrigación apropiados. Además condujo estudios en el campo para seleccionar y evaluar plantas nativas y plantas introducidas que podrían tolerar las sales y ser usadas para propósitos ornamentales.

Se aprecia para este caso que la reutilización de agua servida tratada en el riego de áreas verdes y hortalizas es la iniciativa de mayor relevancia. Sin embargo, el alto contenido de sales restringe el rango de especies aceptables sólo a aquellas resistentes al mismo. Investigaciones recientes han establecido la conveniencia de utilización de plantas nativas como especies ornamentales debido a su alta resistencia tanto a altas concentraciones de sales en el suelo como a condiciones de escasez de agua.

Curiosamente, estas especies no son conocidas por la población local, por lo que es necesario promover su uso a través de actividades de difusión y capacitación para la reproducción y manejo de las mismas. El uso de plantas nativas y agua de calidad marginal disponible --tal como aguas subterráneas salinas, y aguas servidas municipales e industriales tratadas-- en esta manera son opciones de bajo costo para aumentar las áreas verdes y jardines para desarrollar un paisaje distintivo para el Norte de Chile.

Existe un consenso mundial general respecto a los beneficios de la reutilización de las aguas residuales. Pero el diseño de cualquier sistema municipal debe tener en cuenta la variedad de factores locales que pueden estar presentes en el proceso de tratamiento y reutilización. En muchas zonas urbanas no ha sido posible solucionar todos los problemas asociados con el destino final de las aguas servidas, debido a dificultades económicas, falta de legislación adecuada, falta de interés en la comunidad o falta de una estructura organizacional. La condición básica para mejorar un sistema de tratamiento de agua servida es la existencia, o implantación de un servicio de alcantarillado eficiente para el transporte de aguas servidas al sitio del tratamiento. Otro factor primordial es el conocimiento del nivel y las fluctuaciones de la concentración de especies químicas refractarias, no removibles o de difícil remoción por métodos convencionales.

La selección de un sistema de tratamiento de aguas servidas guarda una estrecha relación con el tipo de reutilización específica considerada para el agua tratada --riego de áreas verdes, uso industrial-- así como con la participación de sectores interesados para la generación de ideas y proyectos de interés. Puede ser difícil financiar cualquier proyecto de tratamiento de gran escala, debido a lo cual en muchos casos resulta adecuado recomendar proyectos localizados --tales como parques, jardines y huertos con su propio sistema de tratamiento de agua servida-- en torno a sectores poblacionales, escuelas, hospitales, edificios y empresas.

Los sistemas naturales, como las lagunas de estabilización, están bien desarrollados, son simples y económicos, y pueden adaptarse a zonas rurales donde el costo del terreno no es elevado. A pesar de esto se observa una preferencia por procesos convencionales de lodos activados, al parecer debido a un gran despliegue de publicidad por parte de empresas de manufactura de plantas modulares.

En cualquier sistema de tratamiento es necesario tener en cuenta aspectos económicos, sociales y medioambientales --algunos de estos considerados en normativas específicas--, incluso índices bacteriológicos, concentración de materia orgánica, concentración de metales pesados y sulfato. Todos éstos previenen efectos ambientales, entre los cuales cabe mencionar eutrofización, que afecta especies acuáticas, emisión de olores ofensivos desde plantas de tratamiento que operan en mal estado, y la intrusión de sales por redes de alcantarillado mal mantenidas. Todo ello dificulta la reutilización de agua en la agricultura debido a su efecto en plantas sensibles, pérdida de grandes cantidades del recurso en zonas desérticas con escasez de agua, y alta probabilidad de contagio de enfermedades por contacto con aguas servidas en zonas de baño en ríos, lagos y sectores costeros.

La alta ocurrencia de índices de enfermedades se atribuye por lo general a problemas operativos o deficiencia de sistemas de recolección y manejo de aguas servidas. Este problema, encontrado en varias partes de Latinoamérica, ha originado la búsqueda de fuentes de contaminación mediante muestreo y medición de coliformes totales y/o fecales en ríos, lagos y otros cuerpos de agua. Como medidas correctivas se ha incrementado el control de las plantas de tratamiento y/o dosificación de cloro en cursos de agua seleccionados. La formación de compuestos organo-clorados resultantes de esta práctica no ha sido considerada como un problema ambiental que requiera normalización, como es el caso en países desarrollados. La ocurrencia de fuertes olores en la vecindad de plantas de tratamiento es común alrededor del mundo, y en la mayoría de los casos provoca fuertes reclamos por parte de la comunidad. El problema se asocia a altas concentraciones de sulfato y materia orgánica en el agua servida. El confinamiento y/o eliminación de zonas anaeróbicas es casi siempre la solución a estos problemas. La alta concentración de sólidos disueltos generada durante el tratamiento o el manejo con frecuencia causa problemas. Largos períodos de acumulación de agua tratada en estanques abiertos a la atmósfera, o en condiciones anaeróbicas favorecen el crecimiento de microalgas o bacterias en suspensión que causan obstrucción de los accesorios de riego. Por ende, la selección de los mismos, incluyendo filtros de arena, es de gran importancia para evitar problemas de obstrucción, y de mayor conveniencia han sido aquellos que pueden limpiarse en forma manual.

El manejo de lodo generado en plantas de tratamiento está condicionado al contenido de metales pesados, que en gran parte se atribuye a la presencia de productos de limpieza caseros en la red de alcantarillado. La disposición de lodos altamente contaminados es causa de controversia permanente aún en países industrializados, debido a los altos costos de manejo y normas involucrados. En zonas rurales, el lodo tratado (con su actividad bacteriana anulada y químicamente estabilizado), por lo general posee calidad adecuada para su utilización como acondicionador de suelos.

El tratamiento exitoso de aguas servidas requiere el estudio de las condiciones locales con el propósito de establecer estrategias para suprimir o combatir efectos adversos, así como armonizar las alternativas tecnológicas de tratamiento seleccionadas con normativas medioambientales


Professor Luis Cáceres Villanueva es Profesor Adjunto de Ingeniería Química en la Universidad de Antofagasta, Chile.

FOTO: Banson


Este número:
Indice | Editorial K. Töpfer | Accion para el futuro | Convirtiendo las palabras en acciones | Una mano lava a la otra | Gente | Un recurso frágil | Haciendo realidad el sueño | Agua para quitar la pobreza | De un vistazo: Agua y saneamiento | Perfil estelar: Angélique Kidjo | Enfoque en el saneamiento | En una ciudad como Mumbai | Flujo de abajo-arriba | Publicaciones y productos | Regando tierras sedientas | Paz a través de los parques | Llegando a los que no son oídos

Artículos complementarios:
Water, 1996
Fresh Water, 1998
Biological Diversity, 2000
Agua dulce, 2003