Vecinos
sin fronteras

 
Ellik Adler
describe cómo los pequeños estados insulares en desarrollo y otros países se unen para encarar las comunes amenazas a los mares de los cuales dependen

Las amenazas al medio ambiente marino no conocen fronteras en nuestro planeta de océanos. La pérdida de biodiversidad, la destrucción de hábitats, el desarrollo incontrolado de las zonas costeras y la contaminación terrestre relacionada, la contaminación marina, tal como los derrames de petróleo y los desechos marinos, la pesca excesiva y el excesivo uso de los recursos marinos, todos estos son fuerzas destructoras que asedian a las ciudades, las aldeas y las comunidades costeras del mundo. Los efectos que ejercen sobre la vida y el sustento de los habitantes son directos y devastadores. Sus impactos más indirectos van mucho más allá de la costa, penetrando costa adentro para drenar las economías y las oportunidades de desarrollo de países, regiones y hasta continentes enteros.

Lo mejor que puede decirse de estas amenazas es que unifican a la gente. En todas partes del planeta, muchos conflictos y discrepancias han sido dejadas a un lado por naciones que reconocen su mutuo interés en trabajar juntas para detener la creciente degradación de sus océanos y zonas costeras. Desde el Mediterráneo hasta el Pacífico Noroeste, vecinos a menudo en desacuerdo han hallado causa común en su medio ambiente marino compartido.

Por espacio de tres decenios, el PNUMA ha fomentado esta unidad, alentando a países vecinos a reunirse alrededor de la misma mesa y elaborar soluciones para sus problemas. El Programa de Mares Regionales del PNUMA, lanzado en 1974 tras la Conferencia de las Naciones Unidas sobre el Medio Humano de 1972 en Estocolmo, ha creado un foro en el cual los países de una región pueden entrar en discusiones, intercambiar experiencia e información, y expresar su compromiso formal de acordar objetivos respaldados por medidas prácticas específicas.

Así pues, al cumplir los 30 años de existencia, ¿acaso el marco del programa ha resistido la prueba del tiempo? ¿Acaso su enfoque todavía es relevante hoy día? ¿Está preparado para enfrentar los retos del futuro? Mi respuesta a todas estas preguntas es “Sí”. La mayoría de los programas actualmente son autosuficientes, autofinanciados y autopropulsados, usando prácticamente el mismo marco como en 1974. El enfoque de Mares Regionales ha proporcionado el trampolín de habilidades científicas y de ordenación para la colaboración con acuerdos ambientales mundiales, y para la implementación local de tratados mundiales. En cuanto al futuro, puede ayudar a mejorar la ordenación de nuevos problemas que amenazan los ambientes marinos y costeros.

Más de 140 países participan ahora en 13 programas regionales establecidos bajo los auspicios del PNUMA. Los mismos cubren Africa Occidental y Central, Africa Oriental, Asia del Sur, Asia Oriental, el Caribe, la región del Convenio de Kuweit, el Mar Negro, el Mar Rojo y el Golfo de Adén, el Mediterráneo, el Pacífico Nordeste, el Pacífico Noroeste, el Pacífico Sudeste, y el Pacífico Sur. Cinco programas asociados para Antártica, el Artico, el Atlántico Nordeste, el Mar Báltico, y el Mar Caspio también son miembros de la familia de los Mares Regionales. El programa es coordinado por un pequeño equipo de profesionales de la Oficina Central del PNUMA en Nairobi.

El proceso para establecer un Programa de Mares Regionales generalmente empieza con la elaboración de un Plan de Acción que esboza la estrategia y lo esencial de un programa regionalmente coordinado, encaminado a proteger una masa de agua común. Se basa en las preocupaciones y retos ambientales particulares de la región, así como en su situación socioeconómica y política. Estos, desde luego, pueden diferir considerablemente de región a región: en una podrán concentrarse en desechos químicos y desarrollo costero, en tanto que en otra el programa podrá destacar la conservación de especies y ecosistemas marinos.

En la mayoría de las regiones, el Plan de Acción está apuntalado por un fuerte marco legal en forma de un convenio regional legalmente vinculante, un documento en el cual se expresa el compromiso y la voluntad política de los gobiernos para encarar sus problemas ambientales comunes mediante actividades conjuntas, con protocolos asociados para problemas específicos.

A solicitud de su Consejo de Administración, el PNUMA reforzó su compromiso al programa a mediados de los años 1990. Empezó a convocar reuniones mundiales regulares de las secretarías y programas asociados --18 en la actualidad-- para discutir intereses comunes, prioridades y conexiones unos con otros y con las convenciones ambientales mundiales y las organizaciones internacionales. En particular, el Consejo de Administración ha alentado la formación de vínculos con el Plan de Acción Mundial para la Protección del Medio Ambiente Marino de Actividades Terrestres (PAM), los Acuerdos Ambientales Multilaterales y otros socios internacionales.

No fue por accidente que este “renacimiento” coincidiera con muchas iniciativas que llamaban la atención hacia el ambiente marino cuando el mundo asumió los nuevos principios discutidos por la Cumbre para la Tierra en 1992 en Río de Janeiro y sus productos --particularmente el Programa 21 y el Convenio sobre la Diversidad Biológica (CDB)--, y comenzó los preparativos para su sucesora, la Cumbre Mundial sobre el Desarrollo Sostenible (CMDS) de 2002.

El Mandato de Yakarta de la CBD (1995) y su programa de acción de 1998 representaron un enfoque nuevo y progresista hacia la ordenación y el uso de los recursos marinos y costeros de forma sostenible. Reforzó las prioridades de los Programas de Mares Regionales --de las cuales pronto se harían eco la CMDS y su Plan de Acción--, incluso la convicción de que una ordenación marina integrada de zonas marinas es el más eficaz instrumento de implementación. En fecha más reciente, la Séptima Reunión de la Conferencia de las Partes al CDB adoptó una serie de importantes resoluciones relacionadas con la conservación de la biodiversidad de los ecosistemas marinos y costeros, que reforzaron aún más las prioridades compartidas de los Mares Regionales y sus socios mundiales.

El PNUMA ha señalado en particular los pequeños estados insulares en desarrollo (PEID) para mayor atención. Los ambientes marinos y costeros son recursos vitales para el desarrollo socioeconómico. Las especies marinas proveen alimento, medicinas e ingredientes para productos industriales. Ecosistemas tales como los arrecifes de coral, las praderas marinas, los estuarios, lagunas costeras y marismas son esenciales como criaderos para especies de peces comerciales, protectores de las costas contra tormentas, y amortiguadores para los impactos de actividades terrestres. Las inmaculadas playas de arena, los arrecifes de coral mar adentro y la falta de desarrollo industrial proporcionan una base para el turismo. Estos recursos son limitados a la vez que concentrados, y por ende particularmente vulnerables a los efectos adversos de la degradación costera. Ya se encuentran amenazados desproporcionadamente por desastres naturales, los cambios climáticos y el alza del nivel del mar.

Los esfuerzos para salvaguardar el ambiente de las costas están colocándose ahora rápidamente a la cabeza de las prioridades. Está haciéndose un llamado al Programa de Mares Regionales de jugar un papel primordial, en parte porque todos los PEID son parte de por lo menos un Programa de Mares Regionales, y en parte porque el Programa ya cuenta con mecanismos de amplitud regional coordinados mundialmente para implementar acuerdos e iniciativas ambientales.

El Programa de Acción de 1994 para el Desarrollo Sostenible de los PEID (PEID/PDA) llama al establecimiento o a la intensificación de programas dentro del marco del Programa de Acción Mundial y de los Programas de Mares Regionales, a fin de evaluar el planeamiento y el desarrollo del ambiente costero, incluso las comunidades costeras, las marismas, los hábitats de arrecifes de coral y las zonas bajo la jurisdicción nacional de PEID, y a implementar el PDA. El Plan de Implementación de la CMDS identifica el Programa de Mares Regionales y el Convenio de las Naciones Unidas sobre la Ley de los Mares como actores clave para llevar a cabo actividades de los PEID relacionadas con el ambiente marino.

Los PEID dominan los programas regionales del Pacífico Sur y la zona del Caribe, y también son miembros del Plan de Acción del Mediterráneo, del Plan de Acción de los Mares de Asia Oriental, del Programa de los Mares de Asia del Sur, y del Convenio para la Protección, la Ordenación y el Desarrollo del Ambiente Marino y Costero de la Región de Africa Oriental (Convenio de Nairobi). La Oficina Coordinadora del PAM armoniza las actividades del PNUMA para los PEID y se ocupa de las actividades terrestres al nivel nacional a través de programas de acción nacionales, dentro del contexto de los Programas de Mares Regionales.

Los arrecifes de coral constituyen uno de los ecosistemas más importantes y extensos de los PEID, de modo que muchas de las actividades del PNUMA están basadas en una estrecha asociación con grupos e iniciativas dedicadas a su protección. Las actividades --demasiado numerosas para mencionarlas aquí-- están basadas en una gran cantidad de asociaciones internacionales, tales como las asociaciones con la Iniciativa Internacional por los Arrecifes de Coral (ICRI), la Red Mundial de Vigilancia de los Arrecifes de Coral (GCRMN), la Red Internacional de Información sobre los Arrecifes de Coral (ICRIN) y la Red Internacional de Acción para los Arrecifes de Coral (ICRAN). Todas estas asociaciones están encaminadas a promocionar medidas y buenas prácticas “en el terreno” para la ordenación y conservación de los arrecifes de coral mediante asociaciones con las primeras organizaciones mundiales dedicadas a la ciencia y la conservación en este campo.

El Programa 21, el Plan de Implementación de la CMDS y la nueva estrategia mundial han dado al Programa de Mares Regionales el mandato de trazar la trayectoria para las actividades en los años por delante. Pero aún quedan muchas barreras en este camino que será necesario vencer, como por ejemplo la falta de voluntad política, financiamiento insuficiente y competencia con problemas tan primordiales como la guerra o la pobreza.

Está emergiendo una nueva era de acción ambiental, concentrada en la implementación práctica de los principios de desarrollo sostenible. El Programa de Mares Regionales ha tenido --y sigue teniendo-- un importante papel que desempeñar en el desarrollo sostenible. Dados sus logros hasta la fecha, basados en recursos modestos, ha ofrecido excelente valor por el dinero invertido en sus tres primeros decenios de existencia


Ellik Adler es Coordinador del Programa de Mares Regionales, PNUMA.

Foto: Urmila Mehandra/UNEP/Topham


Este número:
Indice | Editorial K. Töpfer | A la corriente principal | Los días olvidados de la Creación | Restaurando una perla | ¡Impidan que mi país desaparezca! | Liberación de la energía | Los océanos necesitan a las montañas | Gente | Un corredor en el océano | De un vistazo: mares, océanos e islas pequeñas | Perfil: Cesaria Evora | Ninguna isla es una isla | Islas pequeñas, gran potencial | Pequeño = vulnerable | Resistencia natural | Publicaciones y productos | Apartando el petróleo de las aguas turbulentas | Restablecimiento del equilibrio | Vecinos sin fronteras | ¿Acaso esperará la madre naturaleza? | Los canarios del Pacífico


Artículos complementarios:
Water, 1996
Oceans, 1998
Small Islands, 1999
Michael E. Huber: Deep waters, high stakes (Biological Diversity) 2000
Thilo Bode: Sea changes (The Environment Millennium) 2000
Cumbre Mundial sobre el Desarrollo, 2002
El Patrimonio Mundial y Las Zonas Protegidas, 2003


AAAS Atlas of Population and Environment:
Ecosystems