Los canarios
del Pacífico

 
Margie Cushing Falanruw
describe cómo las islas del Pacífico --a menudo consideradas como los canarios mineros de la civilización-- pueden ofrecer un modelo de desarrollo alternativo al mundo

Creados por la interacción de la atmósfera, el mar y la luz del sol con minúsculos pólipos coralinos, los atolones son pequeños ecosistemas definidos por un vasto océano. Juntos, los pólipos, cada uno de apenas unos milímetros de espesar, forman los masivos sistemas de arrecifes que soportan pequeños islotes apenas por encima del nivel del mar. No obstante, son sumamente sensibles a la temperatura del agua y empiezan a blanquearse y mueren cuando la temperatura va aumentando.

Las costas insulares bajas son vulnerables al alza del nivel del mar y las tormentas asociadas con el calentamiento de la Tierra. En el pasado, los mineros solían llevar canarios a las minas de carbón porque su sensibilidad a los gases tóxicos les advertían de condiciones peligrosas. Hoy día, nuestras pequeñas islas bien podrían ser los “canarios” de la civilización, alarmándonos de los peligros del cambio climático y el alza del nivel del mar resultantes de impactos sobre el medio ambiente mundial.

Sin embargo, las pequeñas islas también podrían contribuir soluciones del Pacífico para estilos de vida más sostenibles que se ocuparían de las causas del cambio climático. Las pequeñas islas son ecosistemas condensados de los cuales podríamos aprender cómo actúan y cómo podemos vivir dentro de ellos sin destruirlos. Esto podría convertirse en la contribución de los habitantes isleños al mundo del futuro, en que la mayor de las artes será vivir de forma sostenible dentro de nuestro ecosistema local.

A tal fin, estamos desarrollando un programa para promocionar la “Alternativa del Pacífico”. El mismo parte de las bases de ecología, incluso “cómo actúa la naturaleza” y “reglas ecológicas para la vida”. Pasa luego a estudiar la manera en que la gente solía usar los recursos y los procesos naturales de los ecosistemas insulares en el pasado, y luego a cómo están haciéndose las cosas hoy día, para ocuparse finalmente de cómo se harían las cosas en un futuro sostenible, basándonos en soluciones del Pacífico.

El desarrollo de una tecnología y una cultura sustentadora de la vida con los limitados materiales disponibles en unas islas pequeñas es todo un logro. Nuevos recursos de afuera facilitan la vida, pero también pueden tener el resultado de mayores impactos sobre los ecosistemas insulares: con frecuencia rompemos las “reglas para la vida” y perjudicamos el sistema natural sin darnos cuenta de lo que estamos haciendo. Para la isla, el dilema del desarrollo es particularmente agudo. Nadie quiere volver al pasado, pero, en vista de que nuestros recursos son limitados, un cambio al sistema económico mundial podría resultar en una explotación insostenible y daño a los ecosistemas, con la posible consecuencia de hacer los habitantes isleños dependientes de otros. Probablemente la mejor manera de ir adelante sea emplear una mezcla de los aspectos más adaptables de las maneras antiguas y nuevas y explotar sistemas naturales sin deteriorarlos.

Nuestro programa explora una variedad de “tecnologías integradas a la naturaleza” y prácticas culturales tradicionales que contribuyen al uso sostenible de los recursos. Muchas técnicas tradicionales representan unas ingeniosas adaptaciones a la vida con recursos limitados. Por ejemplo, el sistema de parcelas de taro de jardín arbolado de la isla alta de Yap emplea arquitectura paisajística para manejar el flujo de agua y los nutrientes hídricos, proporcionando así una manera de cultivar una vasta cantidad de cultivos en un área pequeña. Provee los servicios ecológicos de un bosque al mismo tiempo de servir como un supermercado, una ferretería, una farmacia, y un agradable lugar para vivir. Un sistema tradicional de cultivo de taro, atendido por abuelas y madres con el uso de cuchillos y palos, rinde tanto por hectárea como los huertos de taro comerciales que emplean mano de obra especializada, máquinas y fertilizantes químicos. De igual modo, una forma tradicional de cultivar ñame, que involucra envolver los sarmientos alrededor de unas espalderas piramidales en vez de hacerlos crecer subiendo por árboles sacrificados, como es el uso hoy día, reduce la deforestación y --como lo ha demostrado una prueba controlada-- produce doble rendimiento.

Hemos documentado numerosos métodos de pesca usados en diferentes hábitats dirigidos a una amplia variedad de especies, diluyendo en esa forma la presión sobre especies individuales. Dentro de los arrecifes de Yap también hemos planeado más de 800 ach. Los ach son grandes presas de peces en forma de flecha o V, que dirigen a los peces, usando un largo muro de roca, pautas de marea baja o corriente, a zonas cercadas en su punta. Las presas tienen aperturas que permiten a los peces atravesarlas hasta que la familia propietaria necesita pescarlos. La gran cantidad de ach y sus numerosas variaciones configuradas para adaptarse a diferentes condiciones sugieren que antaño los habitantes de Yap utilizaban la laguna como un gran estanque, con los ach instalados en sitios particulares para concentrar los peces. Esto indica un considerable conocimiento del comportamiento de los peces, las pautas de las mareas y de ingeniería marina que hoy podría integrarse al programa de ordenación pesquera.

Cuando la densidad la de población era alta, el sistema cultural también ordenaba el uso que la gente hacía de los recursos naturales. Esto queda ilustrado en “la lección de la tortuga y el murciélago”. En el pasado, y hasta cierto punto hoy día, sólo se permite a algunos grupos sociales comer carne de tortuga, mientras otros comían murciélagos frugíferos. Esto protege a los murciélagos y a las tortugas de la explotación de todos. Cabe destacar que esto está dirigido a conservar tanto a una especie especialmente vulnerable --las tortugas marinas que deben venir a tierra para poner sus huevos-- como a los murciélagos frugíferos, que son especies clave para la salud de los bosques. Pautas culturales como éstas impidieron la tragedia de los “comunales”, en que recursos disponibles a todos son destruidos y proveen antecedentes para programas de ordenación ambiental actualizados.

El Programa de Alternativa del Pacífico ofrece un marco para integrar la ciencia moderna con la experiencia de los pueblos del Pacífico de vivir dentro de ecosistemas pequeños. A medida que se vayan agregando otros ejemplos y proyectos a este marco, inspirarán otros esfuerzos hasta que estemos viviendo una solución del Pacífico.

En 1999, líderes tradicionales de todas partes de Micronesia se reunieron en Palau para discutir sus roles y valores, y declararon: “Somos conscientes de que nuestro medio ambiente y nuestros recursos naturales son importantes, puesto que constituyen el fundamento de nuestras economías, nuestras culturas y nuestras identidades como isleños del Pacífico.” Después de la reunión, los líderes de Yap dieron la instrucción de crear un consorcio de gestión ambiental, basado en una metáfora yapense del wangchol, la reluciente gota de agua posada en una hoja de taro por la mañana.

En el pasado, estas gotas de agua pura solían recolectarse para usarlas en medicinas o para bebés, pero las hojas debían tratarse con gran cuidado para evitar que la wangchol se deslizara de la hoja y se perdiera. Hemos llegado a comprender que la isla de Yap misma es como una wangchol que fácilmente podría deslizarse al mar, y que es necesario tratarla con cuidado.

Cuidando a Yap hacemos nuestra contribución en ayudar a convertir al planeta entero en un lugar más sano. En un mundo en que los impactos humanos amenazan con afectar hasta el clima mundial y el nivel de los mares, las islas son centinelas de lo que está por venir. Son hábitat de alguna de la biodiversidad en mayor peligro, y de culturas experimentadas en vivir con recursos limitados, anticipando el estado del mundo en el futuro.

Todos los países deben poseer algo que ofrecer si han de hacerse valer entre las naciones del mundo. Yap y otras islas poseen precisamente este bien en sus extensos arrecifes de coral, sus ecosistemas isleños y una herencia de saber vivir con estos recursos. Nuestros esfuerzos para desarrollar una alternativa del Pacífico podría ser nuestro regalo al mundo, tan necesitado de tal modelo. Describimos gráficamente esta contribución como una Tierra rodeada por el adorno de la danza tradicional de Yap, hecho con una hoja de cocotero, que se supone la protegerá y traerá buena fortuna. La Tierra podría usar tal protección hoy día


Margie Cushing Falanruw es miembro fundadora del Instituto de Ciencias Naturales de Yap, una organización no gubernamental enfocada en las islas que trabaja con el Consorcio de Gestión Ambiental de Yap. Trabaja con el Servicio Forestal de Estados Unidos y es miembro del recientemente formado grupo Micronesians in Island Conservation.

Foto: Margie Falanruw


Este número:
Indice | Editorial K. Töpfer | A la corriente principal | Los días olvidados de la Creación | Restaurando una perla | ¡Impidan que mi país desaparezca! | Liberación de la energía | Los océanos necesitan a las montañas | Gente | Un corredor en el océano | De un vistazo: mares, océanos e islas pequeñas | Perfil: Cesaria Evora | Ninguna isla es una isla | Islas pequeñas, gran potencial | Pequeño = vulnerable | Resistencia natural | Publicaciones y productos | Apartando el petróleo de las aguas turbulentas | Restablecimiento del equilibrio | Vecinos sin fronteras | ¿Acaso esperará la madre naturaleza? | Los canarios del Pacífico


Artículos complementarios:
Water, 1996
Culture, Values and the Environment, 1996
Climate change, 1997
Climate and Action, 1998
Oceans, 1998
Elizabeth Khaka: Small Islands, big problems (Freshwater) 1998
Small Islands, 1999
Tourism, 1999
Biological Diversity, 2000
Cumbre Mundial sobre el Desarrollo, 2002
El Patrimonio Mundial y Las Zonas Protegidas, 2003


AAAS Atlas of Population and Environment:
Ecosystems