Apartando el petróleo de
las aguas turbulentas

 
Paul Loeffelman
describe un intento de llevar energía renovable al Archipiélago de Colón y reducir el riesgo de que los derrames de petróleo destruyan su fauna extraordinaria

A las diez de la noche del día 16 de enero de 2001, el buque tanque Jessica encalló en la Bahía de Wreck (palabra inglesa que significa naufragio) en San Cristóbal, la isla más oriental del Archipiélago de Colón (Galápagos). En el espacio de las dos semanas siguientes, más de 800.000 litros de petróleo se derramaron de su casco a las aguas, despertando temores de un desastre ecológico en tal vez el sitio de Patrimonio Mundial Natural más célebre del mundo. Pero resultó que las islas en que Charles Darwin desarrolló su teoría de la evolución fueron extraordinariamente afortunadas. La marea negra se abrió paso entre las islas y escapó al mar sin causar daño mayor. Aún así, alrededor del 60% de las iguanas en una isla vecina al parecer murieron de la contaminación.

La intención de minimizar el riesgo de un derrame desastroso en este extraordinario archipiélago, situado a 965 kilómetros fuera de la costa de Ecuador, es uno de los principales motivos tras un notable proyecto preparado por la Fundación de las Naciones Unidas en asociación con el Fondo E7 --que representa algunas de las principales empresas de electricidad del mundo-- para apoyar los esfuerzos del Gobierno de Ecuador, el Programa de las Naciones Unidas para el Desarrollo (PNUD) y el Fondo para el Medio Ambiente Mundial (FMAM). El proyecto trata de sustituir los combustibles fósiles con fuentes renovables para la generación de electricidad en las islas y reducir con ello sus emisiones de dióxido de carbono de manera sustancial.

La electricidad es generada por pequeños generadores a diesel en las cuatro islas deshabitadas de Galápagos, así como en muchas partes remotas del mundo en desarrollo. El combustible es transportado por frecuentes entregas en pequeños buques cisterna. Pero el sol y el viento podrían satisfacer más del 70% de sus necesidades, reduciendo a la mitad la cantidad de diesel transportado a las islas. Y los habitantes se beneficiarían con una fuente de electricidad limpia, moderna y confiable.

El Fondo E7, creado a continuación de la Cumbre para la Tierra de 1992 en Río de Janeiro, está constituido por nueve empresas de servicio público de los siete países G7: American Electric Power, Electricité de France, ENEL (Italia), Hydro-Québec, Kansai Electric Power Company (Japón), Ontario Power Generation, RWE (Alemania), Scottish Power y Tokio Electric Power Co. Promociona el desarrollo sostenible ayudando a países en desarrollo a incrementar su capacidad para generar y distribuir electricidad.

Bajo la guía de la empresa American Electric Power en este proyecto, ya está introduciendo energía solar para posibilitar el acceso al internet en la Isla de San Cristóbal, educando a la comunidad sobre maneras de hacer un uso más eficiente de la electricidad y --junto con el PNUMA y la Fundación de las Naciones Unidas-- está haciendo los preparativos para desarrollar la energía eólica en la isla. Está tratando de obtener una licencia ambiental para el desarrollo, con el consejo de expertos en fauna silvestre y las autoridades arqueológicas, y planea empezar a producir electricidad para fines del año 2005. El Fondo E7 ha creado un sitio comunitario en la web (www.ecolapagos.com) para mantener informados a los habitantes, y observar datos sobre la producción y el uso de energía, y las condiciones meteorológicas. La Fundación de las Naciones Unidas y el FMAM harán inversiones en otras dos islas, Isabela y Santa Cruz.

La filosofía de E7 es “aprender haciendo”, y se espera que el plan será copiado por otros estados insulares a través de Ecuador, donde 45% de los habitantes rurales carecen de acceso a servicios de electricidad, y no tienen perspectiva de ser conectados a la red en los próximos 15-20 años debido a las altas inversiones necesarias para la expansión de la red nacional. Cabe esperar que un éxito en las islas Galápagos dará la confianza a empresas e inversores privados para establecer mini-redes basadas en tecnologías de energía renovable para servir a estos habitantes, proporcionándoles una mejor calidad de vida y capacitándoles para aumentar sus ingresos, y para reducir las emisiones de dióxido de carbono de manera sustancial


Paul Loeffelman es Director de Política Pública para el Medio Ambiente en American Electric Power.

Foto: UNEP/Topham


Este número:
Indice | Editorial K. Töpfer | A la corriente principal | Los días olvidados de la Creación | Restaurando una perla | ¡Impidan que mi país desaparezca! | Liberación de la energía | Los océanos necesitan a las montañas | Gente | Un corredor en el océano | De un vistazo: mares, océanos e islas pequeñas | Perfil: Cesaria Evora | Ninguna isla es una isla | Islas pequeñas, gran potencial | Pequeño = vulnerable | Resistencia natural | Publicaciones y productos | Apartando el petróleo de las aguas turbulentas | Restablecimiento del equilibrio | Vecinos sin fronteras | ¿Acaso esperará la madre naturaleza? | Los canarios del Pacífico


Artículos complementarios:
Small Islands, 1999
Energía, 2001
Fondo para el Medio Ambiente Mundial, 2002
Energía, 2003


AAAS Atlas of Population and Environment:
Ecosystems