¡Impidan que mi país
desaparezca!

 
Saufatu Sopoanga
describe cómo Tuvalu es amenazada cada vez más por el alza del nivel del mar, y hace un urgente llamado a la acción internacional

Hacia fines de los años 1980, Tuvalu empezó a llamar la atención de las naciones del mundo hacia su preocupación por el cambio climático. En aquel entonces --así como ahora-- nuestra preocupación principal era el alza del nivel del mar, que tiene el potencial de sumergir a las islas que llamamos nuestra patria. Sucesivos gobiernos elegidos en Tuvalu han ampliado las advertencias de esta amenaza.

Más de 30 años atrás, los científicos empezaron a insinuar la posibilidad de que las emisiones de dióxido de carbono (CO2) y otros gases de efecto invernadero provocadas por el hombre estaban aumentando la temperatura atmosférica de la Tierra, causando el derretimiento de los glaciares y el hielo polar, y el alza del nivel de los mares. Desde entonces se han publicado los resultados de un impresionante conjunto de investigaciones científicas.

Treinta años después, ¿están realmente aumentando los niveles del mar? Nosotros creemos que en efecto es así, y esta opinión es compartida por un amplio consenso científico. Los estimados del alza del nivel del mar en el Pacífico sudoeste oscilan entre 1 y 2 milímetros por año, confirmando nuestro más grande temor. Esto es lo que nos dice la ciencia, y las pruebas anecdóticas aquí en Tuvalu --situada apenas al sur del ecuador y al oeste de la línea del cambio de fecha-- sugieren lo mismo.

Lo que podemos ver en Tuvalu es unos niveles (cumbre) del mar ligeramente más altos cuando las mareas son más altas. Esto significa que las mareas altas anuales están subiendo cada vez más a la orilla, tierra adentro. Se producen daños a los cultivos causados por la intrusión de agua salada a niveles jamás vistos. Y la incidencia de intrusión de olas durante las tormentas o períodos de fuerte actividad de las mareas es más frecuente.

Algunos comentaristas, periodistas y científicos han atribuido estos fenómenos a la construcción demasiado cercana a la frágil primera línea de playa de lagunas o mares, o a la pérdida de protección costera natural (supuestamente a causa de la tala de demasiada cantidad de árboles a lo largo de la costa, explotación minera cerca de la costa, etc.). Si esto es exacto o no, la verdad es que la línea de razonamiento confunde el asunto de las recientes ganancias materiales --principalmente el actual nivel de desarrollo en Tuvalu-- con el alza del nivel del mar. Si el mar está subiendo, como sugiere la evidencia local y como sospechan los científicos, no habrá protección costera natural o construida por el hombre capaz de desviar su progreso que no sea imposiblemente costosa. Las así llamadas medidas de “adaptación” son una solución a corto plazo que, no importa cuán beneficiosas sean, no hacen sino demorar lo inevitable... a menos, por supuesto, que se produzca una drástica reducción en la producción mundial de gases de efecto invernadero, y que esto ocurra rápidamente.

Geográficamente, los nueve pequeños atolones e islas de tipo coralino que forman Tuvalu son planos, elevándose no más de 4 metros sobre el nivel del mar. Naturalmente, en todo momento nos preocupa el estado del océano, así como un nómade del desierto se preocupa por la salud de un oasis. No poseemos un interior continental donde podríamos reubicarnos, ni un interior alto, como el que se encuentra en una isla volcánica. No podemos alejarnos de nuestras costas. Toda nuestra tierra es una costa, precisamente donde es mayor la amenaza del alza de los niveles del mar.

Sucesivos gobiernos elegidos en Tuvalu han adoptado el concepto de un desarrollo sostenible, y enfrentamos sus problemas sobre una base casi diaria. Pero no importa cuán grandes sean nuestros esfuerzos para llevar este concepto a la acción localmente, también sabemos que no lograremos solucionar el problema del alza del mar, si en efecto el mar está subiendo. ¿Pues qué podemos hacer nosotros?

Por más que tratemos de satisfacer las expectativas de la comunidad internacional, que nos exigen introducir el desarrollo sostenible en nuestra política nacional, nuestros esfuerzos en el terreno en general han sido infructuosos. (Otros países en desarrollo alrededor del mundo han tenido la misma experiencia.) ¿Por qué? Primero, falta de mano de obra y capital. Segundo, Tuvalu es uno de los países menos desarrollados.

Dentro del contexto del cambio climático, nos resulta ahora obvio que el desarrollo sostenible --que puede ofrecer soluciones a muchos de los problemas que enfrentamos como una nación en sus primeras etapas de crecimiento-- a las claras no constituye una defensa contra el alza del nivel del mar, no importa cuán fuertemente el debate internacional trate de relacionar a ambos. Como el ex presidente de la Asociación de Pequeños Estados Insulares, Tuiloma Neroni Slade, expresara recientemente: “Es posible que logremos instituir nuestras políticas de desarrollo en forma correcta. Pero aún así seguiremos enfrentándonos con el riesgo de que todo quede minado por el cambio climático.” Indudablemente, esta realidad es un punto de vista correcto de la situación con que nos enfrentamos en el Pacífico. El cambio climático provocado por el hombre no es un invento del Pacífico, ni nos incumbe a nosotros arreglar el problema del alza de los niveles del mar. El único hecho es éste: Tuvalu y otros países insulares en el Pacífico estarán entre los primeros en sufrir las catastróficas consecuencias del alza del nivel del mar.

El único mecanismo internacional para combatir el cambio climático es el Protocolo de Kioto. En ausencia de alternativas potencialmente mejores --si llegasen a aparecer, y cuándo-- apelamos a la comunidad internacional a respaldar sin reservas las provisiones establecidas en Kioto, y alcanzar sus metas establecidas de emisiones de gases de efecto invernadero. Pero la cosa no termina aquí. Lo que tememos es que si los países ratifican el Protocolo de Kioto o no, las emisiones de gases de efecto invernadero continuarán aumentando, a menos que se produzca un cambio drástico, por ejemplo en la forma en que usan la energía los países industrializados, de con mucho los más grandes emisores de gases de efecto invernadero. No obstante, el consumo de combustibles fósiles sigue aumentando.

Las medidas políticas y los arreglos no tecnológicos son importantes instrumentos en la lucha por disminuir las emisiones de gases de efecto invernadero. Entre los ejemplos de tales medidas cabe incluir la conservación de energía, la creación de vastos nuevos sumideros de carbono, y la compraventa de derechos de contaminación. Pero estos esfuerzos no detendrán el alza de los mares a menos que se produzca un amplio reemplazo de las tecnologías energéticas basadas en carbono. Lamentablemente, esta perspectiva parece muy poco probable en un futuro previsible.

Desde su independencia en 1978, Tuvalu ha venido abogando por el uso de energía renovable. Hemos tenido cierto éxito con la energía solar, usando tecnología fotovoltaica, obviamente compatible con el desarrollo sostenible. Pero Tuvalu todavía sigue dependiendo principalmente de petróleo importado para satisfacer sus necesidades energéticas. Para reducir esta dependencia de manera significativa necesitaremos financiamiento público o privado de la comunidad internacional para poder financiar un cambio de gran escala a la energía solar. De otro modo, Tuvalu --y la mayoría de otros países en situación similar-- quedará muy a la zaga de las expectativas en lo que se refiere al desarrollo sostenible, y las expectativas de la política pública relacionada con el cambio climático.

Desde nuestra postura, no se ha producido este tipo de inversión (y compromiso a largo plazo) en gran escala en las energías renovables, ya sea de fuentes públicas o privadas. Pero no debe caber duda: Tuvalu está preparada para entrar en asociación con cualquier país o fabricante industrial de equipo de energía solar para transformar su sector energético y jugar nuestro rol, por pequeño que sea, en el esfuerzo de reducir las emisiones de gases de efecto invernadero. No podemos hacerlo solos. La concentración de CO2 y otros gases de invernadero en la atmósfera está aumentando. La investigación científica y los debates han informado a la opinión pública internacional. Hace años que los científicos dieron la alarma respecto al cambio climático y el calentamiento atmosférico. En miles de páginas de documentación, el Grupo Intergubernamental de Expertos sobre Cambios Climáticos ha explicado la amenaza creada por el calentamiento de la atmósfera producido por el hombre.

Sus efectos no sólo se experimentan en Tuvalu sino en todas partes del mundo. Resulta incomprensible entonces que los poderosos encargados de tomar las decisiones en países que pueden hacer una diferencia continúen restando importancia a la amenaza que representa el calentamiento de la Tierra. ¿Acaso no se halla en peligro el futuro de la humanidad? No sorprende que los más grandes emisores de gases de efecto invernadero producidos por el hombre sean los países más grandes del mundo, en América del Norte y del Sur, Europa, Africa y Asia. Y dos países, que también son los dos más populosos del mundo --India y China-- también presentan la mayor amenaza futura de emisiones de gases de efecto invernadero. En comparación, las emisiones de Tuvalu son prácticamente nulas.

Es probable que en los próximos 50-100 años, si no antes, las nueve islas de Tuvalu en el mejor de los casos serán inhabitables, y en el peor habrán desaparecido. Esta perspectiva no se basa en especulación sino en pruebas científicas cada vez más evidentes. El panorama es nefasto, ¿pero qué puede hacer Tuvalu? Como escribiera uno de mis antecesores: “En el debate del cambio climático, la voz de Tuvalu es pequeña, rara vez escuchada, y jamás se le hace caso. Los países industrializados, con toda su riqueza, podrán inquietarse, pero si las temperaturas atmosféricas [continúan] aumentando, hasta más no sea unos pocos grados, las islas de Tuvalu y todas las tierras bajas serán las que pagarán el precio.”


Saufatu Sopoanga es Primer Ministro de Tuvalu.

Foto: Mark Lynas/Still Pictures


Este número:
Indice | Editorial K. Töpfer | A la corriente principal | Los días olvidados de la Creación | Restaurando una perla | ¡Impidan que mi país desaparezca! | Liberación de la energía | Los océanos necesitan a las montañas | Gente | Un corredor en el océano | De un vistazo: mares, océanos e islas pequeñas | Perfil: Cesaria Evora | Ninguna isla es una isla | Islas pequeñas, gran potencial | Pequeño = vulnerable | Resistencia natural | Publicaciones y productos | Apartando el petróleo de las aguas turbulentas | Restablecimiento del equilibrio | Vecinos sin fronteras | ¿Acaso esperará la madre naturaleza? | Los canarios del Pacífico


Artículos complementarios:
Climate change, 1997
Climate and Action, 1998
Small Islands, 1999
Energía, 2001
Energía, 2003


AAAS Atlas of Population and Environment:
Ecosystems