Primero
emancipar

 
 Adrienne Germain
dice que asegurar los derechos de la mujer es la clave para asegurar su salud y proteger el medio ambiente.


¿Acaso las mujeres son el problema o son parte de la solución? Diez años atrás, en la Conferencia Internacional sobre la Población y el Desarrollo en El Cairo, 179 países acordaron que --cuando es cuestión de problemas de la familia y la salud, la educación y el desarrollo, la población y el medio ambiente, en todos los países, ya sean ricos o pobres-- la salud y los derechos de la mujer son claves para la solución.

Los participantes reconocieron que únicamente será posible encontrar solución para los retos más apremiantes del mundo --pobreza, mala salud, ignorancia, destrucción medioambiental-- si nos ocupamos de las necesidades y derechos de cada niña y cada mujer, especialmente aquellas privadas del derecho al voto, al nivel más personal. Confirmaron el derecho de todo individuo a salud y educación, y a la capacidad de controlar sus decisiones sexuales y reproductivas.

Estas no eran ideas utópicas, motivadas por idealismo, si bien el idealismo abundaba. La premisa subyacente era que, al hacer inversiones en la educación y la salud de cada mujer --paso a paso, mujer por mujer-- su emancipación, o potenciación, le permitiría hacer elecciones que beneficiarían profundamente a su familia, su comunidad y su mundo. Sus decisiones y aquellas de millones de otras mujeres alrededor del globo conducirían a un crecimiento más lento de la población, mayor prosperidad y menos presión sobre el medio ambiente.

En El Cairo, los países rechazaron las metas demográficas como una estrategia para aminorar el ritmo del crecimiento de la población y ayudar al desarrollo económico. Acordaron que la mejor manera para formar familias, comunidades y naciones era mediante inversiones en la mujer, incluso una atención completa de salud reproductiva, la educación de las niñas y la conservación del medio ambiente. Participantes de países ricos y pobres por igual reconocieron el alto costo de continuar negando los derechos más básicos a la mujer: un ciclo de pobreza que se autoperpetúa y la concomitante degradación de los individuos, las sociedades y el medio ambiente a su alrededor. Capacitando a las niñas, el resto seguiría.

Los logros alcanzados en la segunda mitad del siglo XX apoyaron crucialmente el sostenimiento del consenso. Muchos economistas acreditan el éxito de naciones como Japón y otros países asiáticos a sus tasas de nacimiento en disminución, que crearon un así-llamado dividendo demográfico, lo cual permitió a los padres y las sociedades hacer mayores inversiones en menor número de hijos.

En Europa, las Américas, Africa y Asia se observa una pauta similar: si una niña recibe educación, contrae matrimonio más tarde y tiene menos hijos e hijos más sanos. Si asiste a la escuela aunque más no sea por cuatro años, es dos veces más probable que su hijo sobrevivirá que el de una mujer que no ha recibido educación. Al nivel nacional, los nacimientos más tardíos y una reducción en la mortalidad infantil a menudo tienen por resultado una declinación en las tasas de fecundidad, lo cual se traduce en más recursos para la generación siguiente.

La Conferencia de El Cairo fue un evento decisivo, al reconocer la posición central de la mujer y cómo --si esta mitad descuidada de la población mundial fuese más sana y mejor educada, y se protegieran sus derechos humanos-- las mujeres harían contribuciones cruciales para solucionar los males del mundo. Así pues, diez años más tarde, ¿qué sucede con los compromisos contraídos en la ocasión?

A medida que los países van llevando a la práctica los preceptos acordados en El Cairo, las pruebas que demuestran que tales inversiones obtienen éxito van aumentando. Entre 1998 y 2001, el Brasil redujo las muertes maternas de 34,4 a 28,6 por 100.000 admisiones hospitalarias, mediante esfuerzos del Gobierno y de organizaciones sin fines de lucro. En Bangladesh, gracias a una iniciativa coordinada del Gobierno y la sociedad civil, el porcentaje de mujeres que reciben atención prenatal incrementó de 26 a 47%, la expectación de vida femenina aumentó de 58 a 60 años, y la mortalidad materna bajó de 410 por 100.000 nacidos vivos a 320, entre 1998 y 2002.

Lamentablemente, muchos ejemplos en el curso de las últimas décadas también ilustran cómo las altas tasas de crecimiento de la población pueden minar la calidad de vida y erosionar el medio ambiente, a la vez de impedir el progreso del desarrollo.

Mientras en el mundo industrializado el crecimiento de la población se ha estabilizado, las tasas de crecimiento en partes del mundo en desarrollo se mantienen altas. Por ejemplo, el número promedio de nacimientos para una mujer africana es 6,0 comparado con el actual promedio mundial de 2,7. Casi la mitad de los países en Africa tienen tasas de crecimiento de la población de alrededor de 3%, y se calcula que la parte de la población mundial del Continente casi doblará de 13 a 24% para mediados de este siglo. Al mismo tiempo, más de 300 millones de africanos subsisten con menos de 1 dólar por día. La producción de alimentos per capita está declinando y la crisis de salud espoleada por el VIH/SIDA está creciendo. Las demandas hechas por el creciente número de personas a la tierra, los bosques y los recursos hídricos contribuyen a la deforestación, la erosión del suelo, la desertificación y al descenso de las capas freáticas. Según algunos cálculos, la mitad de Africa subsahariano está sufriendo de degradación de sus tierras cultivables, socavando los medios de sustento de una población en su mayoría agrícola.

De modo similar, se espera que la población de la India aumentará en 52% a 1.600 millones para mediados del siglo, cuando sobrepasará a China como la nación más populosa del mundo. Entretanto, en Rajasthan, las altas tasas de fertilidad y la devastadora sequía están forzando a los hombres a emigrar para encontrar trabajo, dejando a las mujeres haciéndose cargo del 80% de la carga agrícola al tratar de asegurar alimento suficiente, agua y combustible para sus hijos en medio de la escasez. Y la migración ha introducido el espectro del VIH/SIDA.

No obstante, pese a estos retos, las noticias distan mucho de ser todas malas. Por un lado, sabemos lo que debemos hacer, paso a paso, mujer por mujer, niña por niña: adherirnos a las acciones acordadas en El Cairo.

El respaldo para el consenso de El Cairo sigue siendo fuerte. En las reuniones regionales llevadas a cabo en los últimos dos años en Asia, Latinoamérica y Africa, los países reafirmaron por abrumadora mayoría su compromiso para el Plan de Acción, a pesar de la oposición de la actual Administración de los Estados Unidos y de un puñado de voces ultraconservadoras.

El mayo último, la 57ta Asamblea de la Salud Mundial en Ginebra adoptó la primera estrategia de la Organización Mundial de la Salud (OMS) sobre salud reproductiva, basada en el acuerdo de El Cairo. La Asamblea reconoció que la mala salud reproductiva y sexual da cuenta del 20% de la carga mundial de mala salud para las mujeres, y 14% para los hombres. La nueva estrategia incluye una lista de cinco prioridades, a saber: mejorar la atención prenatal, del parto, de posparto y del recién nacido; proveer servicios de calidad para planificación familiar; eliminar el aborto de riesgo; combatir las infecciones del tracto reproductivo y de transmisión sexual, incluso el VIH; y promocionar la salud sexual.
Reconocimos que toda mujer y toda niña es importante en su propio derecho y tiene en sus manos la clave para una mejor salud y una vida mejor para todo el mundo
La estrategia de la OMS también hace hincapié en la preocupación de la comunidad mundial por el insuficiente progreso en la tarea de mejorar la salud reproductiva y sexual en la última década y compromete a la agencia a ayudar a movilizar una voluntad política más concertada e inversiones tan críticamente necesarias. Los países industrializados, en particular, se han quedado muy rezagados con respecto a sus compromisos para con los programas de planificación familiar y salud reproductiva. Naciones industrializadas que se esperaba contribuirían una tercera parte del total anualmente, o sea 6.100 millones de dólares para 2005, sólo contribuyeron 3.100 millones el año pasado.

Esta falta de voluntad es particularmente inquietante para las naciones más pobres, sus habitantes y el medio ambiente en el cual viven. El mundo de hoy alberga la generación de personas jóvenes más grande de todos los tiempos --unos 1.200 millones entre 10 y 19 años de edad--, la vasta mayoría de los cuales viven en el mundo en desarrollo. En el Subcontinente y en Africa, por ejemplo, los jóvenes forman una gran mayoría de la población. En la India, 34% de los habitantes tienen 15 años de edad o menos. Por lo menos el 45% de la población en la mayoría de los países africanos está formado por jóvenes menores de 15 años. Si estos jóvenes no reciben servicios e información de salud reproductiva y sexual adecuados, si las niñas no tienen acceso a la escuela y carecen de opciones para ganar un ingreso, el ciclo de alta fecundidad y mala salud, pobreza y presiones medioambientales continuará.

Los asuntos de población abarcan los más grandes problemas del mundo, pero sus soluciones involucran las decisiones, las creencias y las conductas más personales. Diez años atrás reconocimos que toda mujer y toda niña es importante en su propio derecho y que, dada la oportunidad, tiene en sus manos la clave para una mejor salud y una mejor vida para sí misma, para su familia y para el mundo. Unicamente lograremos superar los retos de pobreza, mala salud y presiones ambientales si comprometemos recursos --y no sólo creamos acuerdos-- que coloquen las necesidades, los deseos y los derechos de las mujeres y las niñas individuales en el centro de las políticas de salud y desarrollo mundiales


Adrienne Germain es Presidenta de la Coalición Internacional de la Salud de la Mujer.

Foto: Inge Lie/PNUMA/Topham


Este número:
Indice | Editorial K. Toepfer | Mucho camino por delante | Consenso práctico | Cambio de poder | Igualdad y eficacia | Gente | Pequeña parcela, gran tranquilidad | Las jóvenes | Avivando el cambio | De un vistazo: Las mujeres, la salud y el medio ambiente | Aishwarya Rai | Oportunidad sin precedentes | Publicaciones y productos | Una herencia química | La afrenta tóxica | Primero emancipar | Compromiso ciudadano | Añadiendo una perspectiva femenina | Después de todo, ¡“naturaleza” es femenino! | Una voz única

 
Artículos complementarios:
Culture, values and the environment 1996
La pobreza, la salud y el medio ambiente, 2001
Cumbre Mundial sobre el Desarrollo, 2002
El agua, el Saneamiento, y la Gente, 2003


AAAS Atlas of Population and Environment:
Population and natural resources