Pequeña parcela,
gran tranquilidad

 
 Noeleen Heyzer
describe el impacto del SIDA en las mujeres y las niñas y hace un llamado a medidas específicas para darles acceso a tierras y agua.


Cuando la devastación del SIDA entra a un hogar, son las mujeres sobre quienes recae la carga de las nuevas responsabilidades que trae consigo. En las comunidades severamente afectadas en todas partes del mundo, las mujeres atienden a los miembros enfermos y los moribundos de la familia las 24 horas del día, al mismo tiempo de sus responsabilidades domésticas regulares, atender a los niños, mantener el hogar y preparar la comida. En Africa subsahariana, donde la epidemia ha afectado a la población con terrible violencia, las mujeres no sólo preparan los alimentos, también los cultivan. Cuando las mujeres agricultoras se ven impedidas de atender los cultivos, muchos hogares son empujados al borde de la hambruna.

La capacidad de las mujeres de asumir estas tareas adicionales decae de forma radical cuando se trata de las tres cosas esenciales que sostienen la vida: el agua, los alimentos y la tierra. No es raro que las mujeres en las zonas rurales tengan que pasar buena parte de su día recolectando agua, lo cual significa horas de caminata. Una mujer rural entrevistada por UNIFEM en el sur de Africa dijo que hacían falta 24 baldes de agua todos los días para atender a un paciente de SIDA. Esto no es difícil de imaginar, puesto que los pacientes con severa diarrea deben lavarse --lo mismo que su ropa y sus sábanas-- cinco, seis veces por día o más.

Dado que las mujeres invierten su día en buscar agua, preparar la comida y limpiar a los pacientes, queda menos tiempo para realizar las tareas que mantienen la vida, como atender los cultivos o ganar un pequeño ingreso. Un estudio realizado en la República de Sudáfrica, por ejemplo, reveló que en casi la mitad de los hogares entrevistados, la persona principal encargada de atender a un paciente de SIDA había tomado tiempo de su trabajo formal o informal, o de la escuela. Las mujeres y las niñas pueden perder hasta 60% del tiempo para otras tareas domésticas o trabajos de cultivo, afectando así la capacidad de las familias pobres de cultivar alimentos para su propio consumo o para la venta.

Para empeorar aun las cosas, las viudas de hombres que han muerto de la enfermedad ya no tienen tierras para cultivar los alimentos que podrían proveerles un sustento, porque en muchas partes se les niega a las mujeres solteras y enviudadas el derecho a poseer tierra y propiedad en su propio nombre. Cuando está combinado con la pobreza y la desigualdad de género, el VIH/SIDA crea una situación mortal para las mujeres y sus familias.

Hasta cuando sus familiares están en el hospital, las mujeres con frecuencia deben proveer atención y comida, debido a los programas de salud pública inadecuados y carentes de recursos suficientes. Cuando se le preguntó a una organización no gubernamental, socia de UNIFEM en la República Unida de Tanzania, cómo ellos convencen a los encargados de formular políticas de que no es posible tomar por sentado el trabajo de las mujeres, explicó que se les dice lo siguiente: “Pase un día entero sentado ante la puerta del Hospital Muhimbili [en Dar-es-Salaam] y observe a las mujeres entrar y salir, entrar y salir, trayendo alimentos y ropa limpia, llevando las responsabilidades de los cuidados al mismo hospital.” Les pide que reflexionen sobre lo que esto significa para una mujer que debe abandonar el trabajo en su casa para viajar ida y vuelta al hospital y proveer muchas horas de atención para sus familiares enfermos cada día.

Si las mujeres sufren ellas mismas de enfermedades relacionadas con el SIDA --como es el caso con creciente frecuencia--, ¿cuánto más duro aun resulta para ellas hacer frente a las responsabilidades de atención adicionales que el SIDA les impone? ¿Cómo encontrar el tiempo para tener aunque más no sea un empleo parcial, o comprar y vender mercancías en el mercado? ¿Dónde está la posibilidad para los niños, sobre todo para las niñas, de ir a la escuela cuando se los necesita para ayudar en el hogar? ¿Qué posibilidades tienen las mujeres jóvenes y las niñas para compensar la pobreza mayor que trae consigo el SIDA?
Es necesario que los recursos financieros se dirijan específicamente a las mujeres
El impacto sobre el hogar ocasionado por la mayor carga de cuidados impuesta a las mujeres tiene muy amplias implicaciones, y en última instancia debe ser tratado al nivel de política. Es urgente que los gobiernos provean salas de hospital o clínicas adecuadamente equipadas para atender a los pacientes de SIDA, y que tomen medidas legislativas que se ocupen de las necesidades de las mujeres en lo que respecta a su acceso a tierra, alimento y agua.

Se han dado algunos pasos alentadores. Por ejemplo, varios países han promulgado leyes o simplemente han alentado a las comunidades a respaldar los derechos de la mujer a poseer tierra y otra propiedad. Cuando los refugiados y personas desplazadas empezaron a retornar a su país a fines del genocidio de 1994 en Rwanda, las mujeres viudas y no casadas se enfrentaron con una crisis: sin esposos o padres no tenían acceso a tierras. Las organizaciones de mujeres comenzaron a abogar por la introducción de cambios en la ley. UNIFEM prestó su apoyo al Foro de Mujeres Parlamentarias, ayudando a crear una Oficina Parlamentaria sobre el Género que prepararía el camino para una legislación sensible al género. En 2001, a continuación de una intensa campaña de cabildeo, el Parlamento adoptó una nueva ley de herencia y sucesión que garantizaba a mujeres y niñas el derecho a heredar terrenos y propiedad.

Tales leyes son un necesario punto de partida, pero no son lo único que hace falta, como puede verse en Zimbabwe. Si bien Zimbabwe ha aprobado una ley que permite a las mujeres poseer tierras, la práctica de respetar las costumbres en materias de tierra y propiedad significa que dicha ley rara vez se obedece. El Fondo de Fideicomiso de UNIFEM para Eliminar la Violencia contra la Mujer --al espaldar la Red de Mujeres Zimbabuenses Positivas-- ayudó a Nyaradzo Makambanga a reclamar su derecho a un terreno. Cuando cayó enferma con una enfermedad relacionada con el SIDA en 1998, su esposo la echó de su casa y se negó a mantenerla. Toda la tierra estaba a su nombre. “Quedé destrozada. Era el fin de mis esperanzas y mis sueños,” dice Nyaradzo. “Creí que iba a morir y abandonar a mis hijos.”

Con la ayuda de la Red, se enteró de las leyes y prácticas que gobiernan el derecho de la mujer a poseer tierra, y cómo encarar la tarea de hacer cumplir estas leyes. Con su nueva confianza adquirida se puso en contacto con su jefe de aldea, quien acordó asignarle una parcela de tierra para cultivar. Con la ayuda del fondo rotativo de la Red pudo comprar semillas y comenzó su nueva vida. Más tarde asumió el rol de aconsejar a otras mujeres que se encontraban en situaciones parecidas. “No quisiera ver a otras mujeres sufrir las dificultades que yo tuve que pasar por culpa de ignorancia,” dice. “Si yo hubiera sabido que tenía mis propios derechos, a pesar de estar casada, no hubiera acabado como VIH-positiva. Lo que una mujer necesita es tranquilidad de espíritu, una parcela de tierra para cultivar e igualdad con el hombre.”

Pero los derechos a la tierra son sólo una parte de la política y los cambios legislativos necesarios. El suministro de agua, absolutamente crítico, está haciéndose cada vez más escaso en muchos países, y, cosa más alarmante aún, está cada vez más sujeto a privatización. A medida que el acceso al agua va haciéndose más y más difícil, las mujeres se verán obligadas a pasar aún más tiempo tratando de recolectarla.

Aparte de esto, es necesario que los recursos financieros para invertir la propagación del VIH/SIDA se dirijan específicamente a las mujeres. La pobreza y la discriminación de género han convertido una enfermedad devastadora en una crisis social y económica. Poner fin a la crisis requiere la infusión de importantes recursos a programas encaminados a promover la igualdad de género y la potenciación de la mujer, programas fundados en el conocimiento y la experiencia de mujeres que viven y trabajan en las comunidades.

Si perdemos este momento, el futuro se presentará muy sombrío para la vasta mayoría de las mujeres en los países en desarrollo, cada vez más afectadas e infectadas por el VIH/SIDA. Si actuamos como podemos y debemos hacerlo, el año 2015 podría marcar grandes progresos hacia el logro de los Objetivos de desarrollo para el milenio de erradicar la pobreza y el VIH/SIDA, y en el apoyo a la igualdad de género. Y podremos enorgullecernos de haber ayudado a convertir en realidad el deseo de Nyaradzo Makambanga para las mujeres en todas partes del mundo: “tranquilidad de espíritu, una parcela de tierra e igualdad con el hombre”


Noeleen Heyzer es Directora Ejecutiva de UNIFEM.

Foto: PNUMA/Topham


Este número:
Indice | Editorial K. Toepfer | Mucho camino por delante | Consenso práctico | Cambio de poder | Igualdad y eficacia | Gente | Pequeña parcela, gran tranquilidad | Las jóvenes | Avivando el cambio | De un vistazo: Las mujeres, la salud y el medio ambiente | Aishwarya Rai | Oportunidad sin precedentes | Publicaciones y productos | Una herencia química | La afrenta tóxica | Primero emancipar | Compromiso ciudadano | Añadiendo una perspectiva femenina | Después de todo, ¡“naturaleza” es femenino! | Una voz única

 
Artículos complementarios:
Culture, values and the environment 1996
Water 1996
Fresh Water 1998
La pobreza, la salud y el medio ambiente, 2001
Cumbre Mundial sobre el Desarrollo, 2002
Agua dulce, 2003
El agua, el Saneamiento, y la Gente, 2003


AAAS Atlas of Population and Environment:
Population and natural resources