Mucho camino
por delante

 
 Thoraya Ahmed Obaid
evalúa el progreso hecho en diez años de acción en la mitigación de la pobreza y expone prioridades para la década por delante.


Al marcar el décimo aniversario de un histórico consenso, es apropiado hacer un inventario de lo que ha producido, y reflexionar sobre lo que debemos hacer para alcanzar sus objetivos plenamente. El resultado de dicho consenso --el Programa de Acción de la Conferencia Internacional sobre la Población y el Desarrollo de 1994 en El Cairo-- es un plan, o un modelo para un equilibrio entre la población y los recursos de un país. Su intención es inclinar la balanza a favor del pueblo, el medio ambiente y los derechos humanos, incluso los derechos de la mujer.

Regiones, naciones y comunidades han concluido que únicamente encarando los problemas de la población y los derechos de la mujer lograremos satisfacer los objetivos de desarrollo de la humanidad, específicamente aquellos estipulados en la Declaración del Milenio adoptada por los líderes mundiales en septiembre 2000. Esto fue reiterado por los ministros de desarrollo de Africa en junio de 2004, cuando declararon la igualdad de género “clave para romper el ciclo de pobreza y mejorar la calidad de vida de los pueblos del Continente”. Este es el primero de mis seis mensajes para nuestra labor colectiva para los próximos diez años del Programa de El Cairo, hasta el año 2015.

Mirando a nuestro alrededor, vemos un mundo desequilibrado. Un 20% de los habitantes en países ricos consumen 80% de los recursos del mundo. Al mismo tiempo, más de mil millones de personas en países pobres viven con menos de 1 dólar por día. En los países ricos, los casos de muerte materna son raros. Mas en las naciones pobres, las complicaciones del parto siguen siendo una de las principales causas de muerte para las mujeres, arrebatando la vida de una mujer cada minuto.

Mientras la riqueza ha aumentado enormemente durante el último cuarto de siglo, la porción de dinero dedicada a la ayuda para el desarrollo internacional ha disminuido. Esto no es buen presagio para la paz y la seguridad del mundo. A menos que consigamos erradicar la pobreza, no tendremos ni uno ni otro. De modo que es necesario que inclinemos esta balanza a favor de la justicia social y el desarrollo. Es imprescindible que hagamos inversiones en la población, la mujer y la salud reproductiva, incluso la planificación familiar, a fin de hacer mayores avances en la mitigación de la pobreza. Este es mi segundo mensaje.

Hay pruebas concretas de que las inversiones en la población reduce la pobreza. Un crecimiento más lento de la población nacional apoya el crecimiento económico general. Las investigaciones demuestran que alrededor de una quinta parte de la expansión económica entre 1960 y 1995 fue debida a reducciones en la mortalidad y otra quinta parte a reducciones en la fertilidad. En mayor o menor grado, esta transición demográfica --de familias numerosas a familias más pequeñas y de tasas de mortalidad altas a tasas más bajas-- está ocurriendo en todos los países. Al elegir tener una familia más pequeña, las mujeres adquieren más oportunidades sociales y económicas. Y los padres son capaces de hacer una mayor inversión en cada hijo, lo cual conduce a niños más sanos y mejor educados y familias más prósperas.

Gracias a que las mujeres tienen menos hijos, el ritmo de crecimiento de la población está aminorando. Hoy día, 77 millones de habitantes se agregan a nuestro planeta cada año, comparados con 81 millones una década atrás.

Por otra parte, la planificación familiar también ha salvado la vida de millones de madres y niños. Un estudio reciente realizado en Africa reveló que la planificación familiar podría reducir la muerte materna en un 20%, y que el espaciamiento de los hijos por tres años o más podría reducir la muerte infantil a la mitad.

En general, la historia de la población es un éxito para la humanidad. Y seguirá siendo un éxito si nos mantenemos comprometidos a los programas de población y salud reproductiva y proveemos los recursos necesarios.

Resulta alentador que, en todas partes del mundo, el programa-modelo de El Cairo está guiando la formulación de políticas en pro de asegurar una mejor salud, los derechos humanos y la igualdad de género. Existe amplio consenso en todas las regiones de que el Programa de Acción de El Cairo ayudará al logro de los Objetivos de desarrollo para el milenio. A la inversa, no podremos reducir la pobreza, el hambre y la enfermedad, especialmente el VIH/SIDA, a menos que hagamos mayores inversiones en la educación y la salud, incluso la salud reproductiva. Dada la desesperante situación en muchos países pobres, debemos aumentar nuestras acciones y asegurar que sean rápidas y efectivas. Este es mi tercer mensaje para el próximo decenio.

Desde el consenso de 1994 en El Cairo, la proporción de las parejas en el mundo en desarrollo que pueden elegir y usar anticoncepción ha aumentado de 55 a 60%. La mortalidad infantil bajó de 71 a 61 por cada 1.000 bebés nacidos. La expectación de vida en países en desarrollo ha aumentado de 61 años a 63 años. Menos mujeres mueren durante el parto en muchos países, pero aún queda mucho por hacer para garantizar la maternidad segura. Para salvar la vida de las mujeres debemos ofrecer tres servicios, a saber: planificación familiar, atención idónea en el parto y atención obstétrica de emergencia.

Debemos ofrecer estos servicios para todos como un asunto de urgente prioridad, pues medio millón de mujeres mueren cada año a causa de complicaciones del embarazo y el parto. La ausencia de servicios con frecuencia resulta en fístula obstétrica. Esta condición poco conocida, que ha desaparecido de los países ricos hace más de un siglo, continúa afligiendo a decenas de miles de niñas y mujeres pobres en los países en desarrollo. La condición puede prevenirse y ser tratada: la cirugía es 90% segura y cuesta unos 300 dólares por paciente. Con 2 millones de jóvenes y mujeres que esperan tratamiento, la tarea por delante es enorme. El año pasado, el Fondo de Población de las Naciones Unidas (FNUAP) inició la primera campaña mundial para eliminar la fístula, con la provisión de ayuda en muchos países africanos y asiáticos.

La tarea de detener la propagación del VIH/SIDA es una de las razones esenciales para aumentar las inversiones en planificación familiar. Nuestra primera línea de defensa es la prevención, pero también es necesario ocuparnos de su atención y su tratamiento. Los centros de planificación familiar y salud materna son puntos de entrada clave para el tratamiento, de manera que es necesario poner énfasis en la conexión entre la salud reproductiva y la infección de VIH, que después de todo en su mayor parte es un problema de salud reproductiva. Al mismo tiempo de aumentar el tratamiento, también hará falta aumentar los esfuerzos de prevención del VIH. Este es mi cuarto mensaje.
Es imprescindible que hagamos inversiones en la población, la mujer y la salud reproductiva, incluso la planificaciónn familiar, a fin de hacer mayores avances en la mitigaciónn de la pobreza
La prevención del VIH es un asunto de máxima prioridad en el FNUAP. Concentramos nuestra labor en tres intervenciones estratégicas: asegurar que la información y los servicios lleguen a los jóvenes, especialmente a las niñas, y los involucren en ellos; ayudar a las mujeres embarazadas y sus hijos a mantenerse libres del VIH; y procurar el fácil acceso a los condones.

Los encargados de formular políticas deben dejar de subestimar las contribuciones que la salud reproductiva y la planificación familiar aportan al desarrollo económico y social. Y también es necesario que demos mayor atención a la población y nos ocupemos de las tendencias demográficas. Se proyecta que la población de los países menos desarrollados triplicará en los próximos 50 años, un problema muy serio dado que estos países ya se enfrentan con dificultades en proveer educación, salud y vivienda básica para sus habitantes. En el curso del próximo medio siglo la población de las naciones desarrolladas se mantendrá en 1.200 millones aproximadamente, mientras las regiones menos desarrolladas verán crecer sus números de 5.200 millones a 7.700 millones.

Entretanto, el envejecimiento de la población y la emergencia de la más grande generación joven en la historia plantean grandes retos. Es necesario hacer mayores inversiones para ambos. Este es mi quinto mensaje.

Mientras Europa se centra en el envejecimiento de la población, la preocupación en gran parte del mundo en desarrollo gira en torno a los jóvenes. Hay más de 1.000 millones de jóvenes entre 15 y 24 años. Demasiados de ellos están creciendo en la pobreza, en conflictos o en medio ambientes desprovistos de oportunidad y esperanza. Esto no debe continuar.

Esta generación joven puede ver una vida mejor, no a la vuelta de la esquina sino a través de las pantallas de televisión, que abre sus apetitos. Es necesario hacer importantes inversiones en la educación, en la salud (incluso la salud reproductiva) y el empleo para aprovechar el idealismo y la energía de esta gente joven.

Mirando hacia el futuro, nuestra atención debe seguir concentrándose en el Programa de Acción de El Cairo y mantenerse comprometida a sus objetivos de acceso universal a la educación, la salud reproductiva, la igualdad de género, la mitigación de la pobreza y el desarrollo. Es necesario que creamos asociaciones más fuertes --tanto Norte-Sur como Sur-Sur-- entre gobiernos, organizaciones sin fines de lucro, el sector privado, parlamentarios y los medios de comunicación si hemos de seguir adelante. Este es mi sexto mensaje al llegar a la mitad del Plan de 20 años de El Cairo.

Las naciones en desarrollo están próximas a cumplir su parte del arreglo de invertir la suma de 12.400 millones de dólares en asuntos de población y salud reproductiva todos los años. En cambio, los países donantes sólo cumplen la mitad de su compromiso, contraído en El Cairo, de contribuir 6.100 millones de dólares, contribuyendo apenas 3.100 millones. La diferencia de 3.000 millones --suma equivalente a menos de dos días de los gastos militares mundiales-- es la principal razón por la cual no estamos haciendo progresos más rápidos.

No podemos permitirnos más demoras. Como el Secretario General de las Naciones Unidas, Kofi Annan, advirtiera a los ministros de desarrollo de Africa, el costo de la inacción es demasiado horrendo de contemplar. En términos de salud materna solamente, podría causar unos 2,5 millones de muertes maternas, 7,5 millones de muertes infantiles y 49 millones de lesiones maternas en los próximos diez años.

Tenemos mucho camino por delante antes de poder relajarnos


Thoraya Ahmed Obaid es Subsecretaria General de las Naciones Unidas y Directora Ejecutiva del Fondo de Población de las Naciones Unidas.

Foto: Stephen Dolmer/PNUMA/Topham


Este número:
Indice | Editorial K. Toepfer | Mucho camino por delante | Consenso práctico | Cambio de poder | Igualdad y eficacia | Gente | Pequeña parcela, gran tranquilidad | Las jóvenes | Avivando el cambio | De un vistazo: Las mujeres, la salud y el medio ambiente | Aishwarya Rai | Oportunidad sin precedentes | Publicaciones y productos | Una herencia química | La afrenta tóxica | Primero emancipar | Compromiso ciudadano | Añadiendo una perspectiva femenina | Después de todo, ¡“naturaleza” es femenino! | Una voz única

 
Artículos complementarios:
Culture, values and the environment 1996
La pobreza, la salud y el medio ambiente, 2001
Cumbre Mundial sobre el Desarrollo, 2002
El agua, el Saneamiento, y la Gente, 2003


AAAS Atlas of Population and Environment:
Population and natural resources
Population, waste and chemicals