Consenso
práctico

 
 Nafis Sadik
describe el progreso y los reveses desde la Conferencia Internacional sobre la Población y el Desarrollo en El Cairo diez años atrás.


El gran logro de la Conferencia Internacional sobre la Población y el Desarrollo (CIPD) en 1994 fue reconciliar los encargados de elaborar las políticas de desarrollo, el movimiento de mujeres y los demógrafos. El consenso de El Cairo reconoció que no es posible dictar los resultados demográficos. Las mujeres y los hombres tienen el derecho a elegir su propio futuro, y cuando así lo hacen, todo el mundo gana.

Cuando las mujeres pueden elegir el tamaño y el espaciamiento de su familia tienen menos hijos que sus madres. Las familias son más pequeñas y el crecimiento de la población es más lento. Ya estamos viendo los resultaos. El tamaño de las familias hoy día es la mitad de lo que era en los años 1960. Países como México, la República de Corea y Tailandia han experimentado un pasmoso descenso de su fertilidad y una expansión económica vertiginosa. Y las mujeres, capaces de hacer una elección en un campo --la fecundidad-- están empezando a hacerse valer en otros, por ejemplo mejorando la educación y poniendo fin a la violencia basada en el género.

La Conferencia de El Cairo dio un tremendo empuje a este proceso. El consenso enunciaba el derecho a la salud reproductiva como parte del derecho del pueblo a la salud. Esto es especialmente importante para las mujeres y las niñas, excepcionalmente vulnerables en todas las sociedades, por una variedad de razones. El consenso de El Cairo declara que los sistemas de salud y educación deben reconocer esta realidad, y conferir a las niñas y las mujeres la fuerza, la información, los servicios y sobre todo la confianza que necesitan para forjar su camino a través de la vida. El objetivo en el Programa de Acción de El Cairo es que para el año 2015 la atención de salud reproductiva deberá estar a disposición de todas las personas que la necesitan.

Una mujer muere cada minuto a consecuencia del embarazo, casi todas en países en desarrollo. Esta chocante estadística es el resultado de sistemas de salud inadecuados; pero también es producto de ignorancia y descuido de las necesidades de la mujer. Uno de los objetivos de El Cairo --ahora uno de los Objetivos de desarrollo para el milenio-- es reducir el número de estas víctimas por tres cuartas partes para el año 2015.

El consenso de El Cairo reconoció que la violencia basada en el género, en todos sus aspectos, constituye una amenaza para la salud reproductiva. La violencia basada en el género proviene de una sola fuente: el sometimiento y la opresión de la mujer. Las fístulas, la cortadura genital femenina, las matanzas de honor y la violencia en el hogar cesarán si los hombres reconocen a las mujeres como iguales, con iguales derechos a educación y salud, y en primer lugar a la salud reproductiva; con elecciones en el matrimonio y la maternidad; y con el derecho a participar en la economía y la sociedad más amplia.

La potenciación de la mujer y la igualdad de género son absolutamente esenciales si los países han de confrontar y vencer la pandemia del VIH/SIDA. Los países en los cuales las tasas de infección están aumentando --incluso la mayoría de los países en Asia y el Pacífico y Africa, y muchos en Latinoamérica y Europa-- pueden aprender importantes lecciones de las naciones más seriamente afectadas en Africa. Pero lo más importante es prestar apoyo y potenciar a las mujeres. Si las mujeres pudiesen hacer sus propias elecciones y tomar sus propias decisiones respecto al contacto sexual podrían detener la pandemia. Y hombres que apoyan y potencian a las mujeres son compañeros y socios de importancia vital.

La mitad de todas las nuevas infecciones de VIH ocurren entre gente joven. La abrumadora mayoría son infectados por contacto sexual. Ciertos extremistas pretenden que los jóvenes correrían menos riesgo si fueran ignorantes en materia de sexo, pero la evidencia demuestra precisamente lo contrario, a favor de poner la confianza en los jóvenes ofreciéndoles la información y los medios para proteger su vida y su salud. El Programa de Acción declara que los jóvenes deben poseer la información y los servicios que necesitan al prepararse para asumir sus responsabilidades como adultos. Esto debería ser el objetivo universal.

La gran virtud del consenso de El Cairo es que es práctico. Emanó de la propia experiencia de los países, y diez años de la puesta en práctica del Programa de Acción no han hecho sino confirmar su relevancia. En los últimos 12 meses, varias conferencias regionales en Asia y Latinoamérica han resistido a la presión de los extremistas y confirmado su compromiso hacia el consenso. El Programa de Acción de El Cairo constituye el camino hacia la igualdad de género, una mejor salud reproductiva y un crecimiento equilibrado de la población en el siglo XXI 


La Dra Nafis Sadik es Enviada Especial del Secretario General de las Naciones Unidas para VIH/SIDA en Asia. Anteriormente fue Directora Ejecutiva del Fondo de las Naciones Unidas para la Población y Secretaria General de la Conferencia Internacional sobre la Población y el Desarrollo. Es miembro de la Junta Directiva de la Fundación de las Naciones Unidas.

Foto: Bishwa R.Shakya/PNUMA/Topham


Este número:
Indice | Editorial K. Toepfer | Mucho camino por delante | Consenso práctico | Cambio de poder | Igualdad y eficacia | Gente | Pequeña parcela, gran tranquilidad | Las jóvenes | Avivando el cambio | De un vistazo: Las mujeres, la salud y el medio ambiente | Aishwarya Rai | Oportunidad sin precedentes | Publicaciones y productos | Una herencia química | La afrenta tóxica | Primero emancipar | Compromiso ciudadano | Añadiendo una perspectiva femenina | Después de todo, ¡“naturaleza” es femenino! | Una voz única

 
Artículos complementarios:
Culture, values and the environment 1996
La pobreza, la salud y el medio ambiente, 2001
El agua, el Saneamiento, y la Gente, 2003


AAAS Atlas of Population and Environment:
Population and natural resources