Cambio
de poder

 
 Lena Sommestad y Rejoice Mabudafhasi
describen por qué la potenciación de la mujer es vital para mejorar la salud y el medio ambiente.


El agua es esencial para toda forma de vida. Pero pese a que es preciosa para nosotros, no siempre la tratamos como un recurso precioso. Por lo general se la usa y maneja en una manera fragmentada e insostenible, con el frecuente resultado de escasez y degradación del agua. Nuestra forma de vida ha creado una situación en que los recursos de agua dulce se encuentran bajo tremenda presión y más de 1.000 millones de personas en el mundo carecen de agua potable.

Cambiar esta situación, y crear un futuro sostenible para todos, es una tarea exigente y crucial para todos nosotros. Es nuestra responsabilidad --como políticos, expertos en recursos hídricos, representantes de sectores públicos y privados, y como ciudadanos-- realizar esfuerzos concentrados para alcanzar los Objetivos de la Declaración del Milenio relacionados con el agua, las metas postuladas en el Plan de Implementación de la Cumbre Mundial sobre el Desarrollo Sostenible en Johannesburgo y otras metas para el agua acordadas internacionalmente.

Los asuntos relacionados con el agua jugaron un importante rol en la Cumbre Mundial de Johannesburgo dos años atrás. En la misma se estableció una meta ambiciosa: reducir a la mitad la proporción de habitantes sin acceso a agua potable limpia y saneamiento básico para el año 2015. Otra de las metas establecidas consistió en desarrollar planes nacionales integrados de ordenación de los recursos hídricos y la eficiencia del agua para 2005.

Reconocemos que el agua es un factor clave para la expansión económica. Unos mejores servicios de agua y saneamiento representan un paso fundamental hacia una mejor vida para los pobres. Si queremos alcanzar los Objetivos de desarrollo para el milenio y cumplir los compromisos contraídos en Johannesburgo en materia de saneamiento hará falta un cambio de paradigma hacia sistemas de saneamiento sostenibles.

El saneamiento ecológico ofrece una de tales alternativas. Basado en un enfoque de ecosistema, y no en una tecnología específica, ofrece un cambio conceptual en la relación entre la gente y el medio ambiente. El saneamiento ecológico es holístico: ahorra agua, impide la contaminación del agua, y desinfecta y recicla nutrientes y sustancias orgánicas para restaurar el suelo y la fertilidad del suelo, a menudo a un costo muy inferior que el saneamiento convencional. Aparte de proveer un servicio básico, puede contribuir a una mejor salud y seguridad alimentaria, además de actividades de generación de ingreso, sobre todo combinado con la recolección del agua de lluvia.

No es posible aumentar el saneamiento a menos que sea aceptable social y culturalmente. En cualquier intervención de agua y saneamiento, las necesidades y prioridades de la gente siempre deben ser centrales. Los usuarios deben jugar un rol de liderazgo en llevar sus ideas a la práctica. Involucrar a los hogares y las comunidades en el planeamiento, la implementación y el mantenimiento de los servicios y el uso de tecnología adecuada es de capital importancia para lograr éxito, como asimismo su sostenibilidad ecológica y financiera a largo plazo.

Y es importante reconocer la dimensión de género en tales proyectos. No hay razón para pensar que las mujeres no deban obtener los mismos beneficios y oportunidades que los hombres. Al mismo tiempo, también es vital que los cambios en los papeles y responsabilidades no signifiquen que las mujeres tengan que asumir deberes y cargas de trabajo adicionales.

En efecto, hay urgente necesidad de favorecer una perspectiva de género en todos los aspectos de la administración de los recursos hídricos, no únicamente en los proyectos de suministro de agua y saneamiento. Esto supone dar adecuada consideración tanto al papel de la mujer como al del hombre, sus necesidades, acceso, responsabilidad, y control de los derechos sobre la tierra y el agua. Las mujeres y los hombres pobres, en particular, dependen de los ecosistemas de los humedales, las zonas costeras, etc. para su sustento. Pero las mujeres y los hombres tienen diferentes intereses en lo que respecta a los asuntos de agua y saneamiento. Para poder lograr éxito, es necesario tener en cuenta todos y cada uno de estos aspectos.

En todas partes del mundo las mujeres se ven afectadas directamente por la pobreza. Están involucradas de forma directa en la tarea de poner comida en la mesa y asegurar que haya agua para beber, día a día. En muchas partes del mundo se encuentran dividiendo su tiempo entre los quehaceres domésticos, actividades culturales, y proyectos comunitarios. En algunas partes, las normas culturales les impiden hacerse valer o tomar la iniciativa en procesos y programas de desarrollo.

Por lo general, las mujeres son las más afectadas por las inversiones en saneamiento, puesto que con frecuencia asumen la mayor responsabilidad para las actividades domésticas. La importancia de hacer participar a las mujeres en la toma de decisiones y en la implementación de los programas de desarrollo --sobre todo en materias de agua, saneamiento y asentamiento humano-- es ahora bien reconocida. Crucialmente, es más fácil involucrar a mujeres en proyectos de saneamiento ecológico dado que ponen menos énfasis en soluciones de alta tecnología. No obstante, sigue existiendo el reto de definir efectivamente unas intervenciones que posibiliten y habiliten a las mujeres para desempeñar un papel más directo en los procesos y decisiones de desarrollo.

A menos que potenciemos a las mujeres, no lograremos erradicar la pobreza, ni combatir la degradación medioambiental relacionada con la pobreza. Tanto las instituciones internacionales como los gobiernos nacionales y locales deben mejorar el rol de la mujer mediante el establecimiento de provisiones legales, marcos institucionales e iniciativas, mediante el desarrollo de capacidad y potenciación del papel de la mujer, y a través de monitoreo, información y evaluación.

Consideramos fundamental garantizar los derechos de la mujer a la tenencia de tierras y agua y asegurar instalaciones públicas de saneamiento adecuadas para mujeres y niñas. Es importante fortalecer la implementación de la Convención sobre la Eliminación de todas las Formas de Discriminación contra la Mujer, incluso su llamado a medidas encaminadas a asegurar los derechos de la mujer a saneamiento y suministro de agua adecuados.

Por otra parte, también es necesario incrementar la consulta a los interesados en la elaboración de políticas, su implementación, monitoreo y evaluación. Debe facilitarse la participación equitativa de las mujeres en la toma de decisiones, tanto en los planes de suministro local como en la adjudicación de recursos dentro de cuencas de captación.

Es necesario cambiar el poder de los tecnócratas hacia los usuarios finales. Tanto hombres como mujeres deben estar involucrados en la tarea de determinar opciones de tecnología y niveles de servicio para los servicios de saneamiento y agua. Es necesario monitorear y evaluar los impactos de género de la puesta en práctica. Y hará falta que los hombres participen en apoyar la potenciación de las mujeres como administradoras del agua. Debemos “desempacar" los diferentes roles y relaciones del hombre y la mujer, por así decir, a fin de facilitar la comprensión de cuándo y cómo es necesario cambiar estos roles y relaciones.

Será necesario enfrentar numerosos retos, especialmente en lo que respecta al saneamiento ecológico. Implementar soluciones de saneamiento ecológico no es sólo cuestión de adecuada tecnología y conocimiento. Es igualmente crítico reconocer las dimensiones culturales, sociales e institucionales.

Como mujeres ministras, nos hemos comprometido a cooperar a través de las fronteras para promocionar objetivos y metas relevantes. En 2002 se estableció una Red de Mujeres Ministras para el Medio Ambiente, a los fines de intercambiar ideas y trabajar hacia soluciones para asuntos ambientales críticos. Unas 30 mujeres ministras de todos los Continentes participan en su trabajo encaminado a fomentar la excelencia en gobernanza medioambiental y desarrollar recomendaciones para soluciones prácticas a los problemas ambientales que confrontan a las naciones y al mundo.

Una participación igual de mujeres en la toma de las decisiones hará mucho más fácil luchar contra la mala salud relacionada con la pobreza y la degradación del medio ambiente. Al potenciar a la mujer, haremos posible erradicar la pobreza. No debemos contentarnos con nada menos 


Lena Sommestad es Ministra para el Medio Ambiente de Suecia, y Rejoice Mabudafhasi es Viceministra para Asuntos de Medio Ambiente y Turismo de la República de Sudáfrica. Ambas son copresidentas de la Red de Mujeres Ministras para el Medio Ambiente.

Foto: Pooja Thakur/PNUMA/Topham


Este número:
Indice | Editorial K. Toepfer | Mucho camino por delante | Consenso práctico | Cambio de poder | Igualdad y eficacia | Gente | Pequeña parcela, gran tranquilidad | Las jóvenes | Avivando el cambio | De un vistazo: Las mujeres, la salud y el medio ambiente | Aishwarya Rai | Oportunidad sin precedentes | Publicaciones y productos | Una herencia química | La afrenta tóxica | Primero emancipar | Compromiso ciudadano | Añadiendo una perspectiva femenina | Después de todo, ¡“naturaleza” es femenino! | Una voz única

 
Artículos complementarios:
Culture, values and the environment 1996
Water 1996
Fresh Water 1998
La pobreza, la salud y el medio ambiente, 2001
Cumbre Mundial sobre el Desarrollo, 2002
Agua dulce, 2003
El agua, el Saneamiento, y la Gente, 2003


AAAS Atlas of Population and Environment:
Population and natural resources
Population, waste and chemicals