Una herencia
química

 
 
explica que las madres y sus bebés están en riesgo de ser afectados por gran cantidad de sustancias poco comprendidas, y esboza medidas para analizar y controlarlas.


Cualquiera que ha tenido un bebé recién nacido en sus brazos conocerá la sensación poderosa que transmite. La esencia de la existencia parece concentrada en ese momento. Una nueva vida, tan inocente, tan frágil y tan confiada. Nosotros, los adultos, somos quienes debemos proteger y guiar a esta nueva persona, y nos llena de humildad la enorme responsabilidad que se nos ha confiado.

Pero el curioso recién llegado a este mundo ya ha sido afectado por nuestro estilo de vida, y continuará siendo afectado a medida que irá creciendo. Estamos rodeados por sustancias químicas artificiales --un producto de los tiempos modernos-- e inevitablemente estas sustancias encuentran su camino a nuestro organismo. Nuestros bebés reciben su primera dosis mientras aún se encuentran en la matriz de su madre. Muchos productos químicos llegan a ellos a través de la leche de la madre y a través de fuentes de contaminación en su medio ambiente y sus alimentos. Los niños se hallan más expuestos que los adultos debido a su tamaño y a su dieta, y también son más seriamente afectados debido a que sus órganos internos, su sistema neural, su sistema hormonal y su cerebro todavía están en desarrollo.

Simplemente no hay manera de escapar a los productos químicos. La última vez que el número de productos químicos fue registrado en la Unión Europea (UE), hace más de 20 años, había más de 100.000. En los Estados Unidos, 80.000 sustancias están registradas para uso. En ambos casos, sólo una fracción de todos estos productos químicos han sido examinados debidamente para sus efectos sobre la salud humana y el medio ambiente. Existe muy poca información sobre las maneras más seguras de usarlos. Hasta las mujeres que viven en partes remotas del mundo, como por ejemplo las mujeres inuit, tienen altos niveles de sustancias persistentes y bioacumulativas en su leche. Esto no es por haber usado productos que contienen estas sustancias, sino porque las sustancias pueden viajar por largas distancias, dañando la salud y destruyendo el medio ambiente a su paso.

El año pasado me hice analizar mi propia sangre. Fui analizada para 77 sustancias problemáticas, y se encontraron 28 de ellas. Las mismas incluían BPC (bifenilos policlorados) carcinogénicos --productos químicos usados anteriormente en equipos eléctricos para evitar que se incendiaran-- y el plaguicida DDT, que fue prohibido en los años 1970 en países occidentales después de haber matado a los pájaros que se alimentaban en tierras tratadas. Los médicos me dijeron que mis niveles hubieran sido más altos si no hubiese amamantado a mis dos hijos, pasando así estas sustancias a los bebés. La lactancia sigue siendo el mejor comienzo en la vida que podemos dar a nuestros hijos, pero este descubrimiento ha reforzado mi fuerte convicción de que las sustancias que se acumulan en nuestro organismo y en el medio ambiente deben ser usadas bajo el más estricto control, o dejar de usarse del todo.

Ahora que los BPC y el DDT están prohibidos en muchos países, tanto los niveles registrados en la leche materna como en el medio ambiente han bajado. Lo cual viene a demostrar que la acción conjunta contra los riesgos de los productos químicos es eficaz, aún cuando la mejora sea mucho más lenta de lo que sería de desear. Ya es hora de que la comunidad internacional intensifique sus esfuerzos para mejorar la seguridad química. Durante la Cumbre Mundial sobre el Desarrollo Sostenible de 2002 en Johannesburgo nos comprometimos a “lograr, para el año 2020, que los productos químicos se usarán y se producirán en maneras conducentes a la minimización de efectos adversos importantes sobre la salud humana y el medio ambiente”.

Resulta difícil establecer correlaciones claras de causa-y-efecto debido a que conocemos tan poco acerca de los productos químicos, y aún menos sobre las complejas interacciones que tal vez tengan lugar entre diferentes sustancias. No obstante, hemos observado unas alarmantes tendencias que se cree están vinculadas en parte a sustancias químicas. En la UE, las alergias, cánceres y amenazas a la salud reproductiva están en alza. Datos estadísticos recientes muestran que en Francia los cánceres han aumentado en 63% a través de los últimos 20 años. Los estudios indican que el recuento de esperma de los hombres jóvenes en Europa ha bajado en el curso de los últimos decenios, y que los incidentes de cáncer testicular están aumentando. Se calcula que una pareja en siete experimenta problemas de infertilidad. Y también hemos observado unos alarmantes signos de trastorno endocrino en animales, tales como cambios de sexo en moluscos que han estado en contacto con agentes anticontaminantes.

Esta lista de problemas de salud y medioambientales que se sospecha están conectados con productos químicos podría hacerse mucho más larga. En vista de que estos efectos son el insidioso resultado de una exposición de largo plazo a una mezcla de productos químicos, es difícil seguir el rastro de los productos que los han causado, y probar la conexión en forma concluyente.

Esta es la razón por la cual la UE se está acercando a un nuevo sistema para la gestión de los productos químicos, conocido con el nombre de REACH, sigla inglesa de las iniciales de las palabras Registro, Evaluación y Autorización de Productos Químicos. REACH exigirá a la industria probar, evaluar y proporcionar información sobre la seguridad de todas las sustancias producidas en cantidades importantes. Esta información esencial deberá ser comunicada a los usuarios más abajo en la cadena de suministro --como los fabricantes que usan productos químicos en sus propios procesos de producción-- y ser puestos a disposición pública. Para el uso de productos químicos peligrosos --tales como aquellos capaces de causar cánceres, mutaciones, o problemas relacionados con la reproducción, o aquellos que se acumulan en nuestro organismo y en el medio ambiente-- será necesario obtener un permiso específico, o los productos podrán ser prohibidos. Esto enviará un mensaje claro a la industria: ¡busquen, o desarrollen, alternativas más seguras!

Esta nueva legislación propuesta, que ahora será discutida por el Parlamento Europeo y el Consejo de Ministros de la UE, ha sido un caso de prueba para la aplicación del enfoque de desarrollo sostenible. Mientras nuestra meta primordial ha sido el logro de un alto nivel de protección para la salud humana y el medio ambiente, nos hemos asegurado que los costos y la burocracia para la industria serán limitados, satisfaciendo sus necesidades para unas reglas claras y transparentes que estimulen la innovación y el crecimiento. De este modo, REACH encuentra un equilibrio entre problemas medioambientales, sociales y económicos, y nos ayudará a cumplir las promesas que hiciéramos en Johannesburgo.

REACH no constituye una cura milagrosa que eliminará las sustancias problemáticas que ya están ampliamente diseminadas por todo el medio ambiente. Pero puede ayudarnos a asegurar que los riesgos de los productos químicos sean identificados con suficiente antelación para evitar muchos de los efectos indeseables que podrían surgir a consecuencia de su uso descuidado. Necesitamos productos químicos. Ellos constituyen una parte integral de nuestra sociedad moderna, que nos proporcionan mucho del confort y la conveniencia de nuestra vida cotidiana. Pero es necesario manejarlos y usarlos en una manera segura, y debemos eliminar aquellos que presentan riesgos imposibles de manejar.

Más que nadie, los bebés recién nacidos --y los niños en que se convierten más tarde-- tienen el derecho a crecer dentro de un medio ambiente sano. Pero las mujeres y los hombres también tienen el derecho a un medio ambiente seguro, condiciones de trabajo seguras y productos seguros. En nuestras manos está hacer un tremendo progreso hacia la gestión segura de los productos químicos en la Unión Europea, y al así hacerlo sin duda también estableceremos un ejemplo a seguir para otros países


Margot Wallström es Comisionada Europea para el Medio Ambiente.

Foto: Banson


Este número:
Indice | Editorial K. Toepfer | Mucho camino por delante | Consenso práctico | Cambio de poder | Igualdad y eficacia | Gente | Pequeña parcela, gran tranquilidad | Las jóvenes | Avivando el cambio | De un vistazo: Las mujeres, la salud y el medio ambiente | Aishwarya Rai | Oportunidad sin precedentes | Publicaciones y productos | Una herencia química | La afrenta tóxica | Primero emancipar | Compromiso ciudadano | Añadiendo una perspectiva femenina | Después de todo, ¡“naturaleza” es femenino! | Una voz única

 
Artículos complementarios:
En el número: Culture, values and the environment 1996
En el número: Chemicals 1997
En el número: Hazardous Waste 1999
En el número: La pobreza, la salud y el medio ambiente, 2001
Margot Wallström: Invirtiendo la carga de las pruebas (Las sustancias quimicas) 2002
En el número: Cumbre Mundial sobre el Desarrollo, 2002
En el número: Agua dulce, 2003
En el número: El agua, el Saneamiento, y la Gente, 2003


AAAS Atlas of Population and Environment:
Population and natural resources
Population, waste and chemicals