Confiriendo poder
a los pobres

 
Hama Arba Diallo
describe el trabajo de la Convención de las Naciones Unidas para combatir la desertificación para tratar una de las serias amenazas con que se enfrentan algunos de los pueblos más pobres del mundo, a través de un instrumento legal internacional

La desertificación -la degradación del suelo a condiciones desérticas- amenaza reducir las tierras cultivables en una quinta parte en América del Sur, un tercio en Asia y dos tercios en Africa. Muchos de los habitantes más pobres de estos tres Continentes se enfrentarán con aún mayor inseguridad alimentaria, más desnutrición y enfermedades, hasta verse forzados a abandonar sus hogares para sobrevivir.

La pobreza es una de las causas centrales de la desertificación, ya que obliga a la gente a explotar excesivamente la tierra para obtener alimentos, energía, vivienda y algún ingreso. Las prácticas insostenibles de uso de la tierra han perturbado enormemente el ciclo vital de autorestauración de las tierras secas del mundo.

La Convención de las Naciones Unidas para Combatir la Desertificación (UNCCD), que entró en vigor en 1996, es el único instrumento legal internacional que se ocupa específicamente de esta amenaza. Promueve un enfoque holístico, teniendo en cuenta todos los intrincados aspectos sociales y económicos del proceso.

Programas de Acción
La Convención compromete a sus Países Partes -un total de 191 desde diciembre de 2004- a promocionar técnicas y estrategias para la ordenación sostenible de la tierra, al mismo tiempo que trata asuntos como la propiedad de la tierra, la educación y formación de capacidad. Su columna vertebral es sus Programas de Acción. Estos marcos de políticas a largo término son preparados por los países a niveles nacional, subregional y regional. Identifican factores clave que contribuyen a la desertificación, conciben la prevención y rehabilitación a largo plazo, y especifican los roles del gobierno, de organizaciones no gubernamentales y comunidades locales. Habiendo finalizado la preparación de estos programas, las Partes de la Convención están ocupándose ahora de su puesta en práctica.

En octubre de 2002, el Fondo para el Medio Ambiente Mundial (FMAM) designó la degradación de la tierra como su quinto campo fundamental a fin de asegurar que los Programas de Acción contasen con recursos suficientes. Esto dará un impulso crítico al desarrollo rural sostenible -- la implementación de la Convención se ha visto obstaculizada y retrasada durante muchos años por la falta de recursos financieros previsibles. Por otra parte, los países industrializados proveerán “recursos financieros sustanciales y otras formas de apoyo”, incluso subvenciones y préstamos con descuento, tanto a través de canales bilaterales como multilaterales. Al mismo tiempo, los países en desarrollo afectados adjudicarán recursos adecuados a estas actividades, según sus circunstancias y capacidades.

La Convención sólo puede ponerse en práctica -y beneficiar a los más pobres- si es basada en el principio de colaboración. Por lo tanto, aboga por el espíritu de una colaboración de ambas partes entre todos los interesados. Unicamente será posible ganar la lucha contra la desertificación si los países en desarrollo afectados y la comunidad donante unen esfuerzos y se respetan unos a otros como aliados. Por ende, será preciso definir los programas y las prioridades conjuntamente, a fin de asegurar una coordinación eficiente, más equitativa y democrática -- y para evitar duplicación.

Formación de una coalición
La Convención también promueve que se forme una coalición a través de la participación de los interesados. Los tradicionales enfoques de arriba-abajo han fracasado; pero su enfoque participativo, de abajo-arriba, ha asegurado cambios duraderos y efectivos sobre el terreno. El instrumento hace hincapié en la participación de todos los interesados, incluso las comunidades locales, organizaciones no gubernamentales, organizaciones internacionales y países donantes, desde la toma de las decisiones hasta la implementación. Ya no se ignora a los afectados directamente ni se les culpa por la desertificación; en cambio, dada su comprensión de la tierra, se los considera como recursos primordiales. En efecto, es primordialmente confiriendo poder a los pobres del mundo que será posible ganar la lucha contra la desertificación y la pobreza rural



Hama Arba Diallo es Secretario Ejecutivo de la Convención de las Naciones Unidas para Combatir la Desertificación.

Foto: Narciso Saraiva/PNUMA/Topham


Este número:
Indice | Editorial K. Toepfer | Fortaleciendo el imperio de la Ley | Socios con la Ley | La Justicia puede ser corta de miras | La fuerza de la ley | Una cuestión de juicio | Una legislación energética | Gente | ¿Imperio del hombre o imperio de la ley? | De un vistazo: El Imperio de la Ley | Sebastião Salgado | ¡El desarrollo sostenible viene de Saturno! | Un planeta, diferentes mundos | La sabiduría de la naturaleza | La corrupción no es inevitable | Conflicto y cooperación | Un hito holístico | Confiriendo podera los pobres | El clima legal | Pequeño pero efectivo | Construyendo el marco


Artículos complementarios:
Fondo para el Medio Ambiente Mundial 2002
Food 1996
La pobreza, la salud y el medio ambiente, 2001
La globalización, la pobreza, el comercio y el medio ambiente 2003