Paz
natural

 
Massoumeh Ebtekar
recalca el rol descuidado del factor femenino, crucial para lograr la paz, la protección del medio ambiente y el desarrollo sostenible

Nuestra nueva era se caracteriza por rasgos rápidamente crecientes, desconocidos en el pasado, impulsados principalmente por los resultados cumulativos del avance tecnológico humano. La revolución informática ha penetrado la vida, el pensamiento y la conciencia del hombre como ningún fenómeno tecnológico anterior. La autopista de la información ha hecho posible para la gente en todas partes del mundo obtener acceso a conocimientos y noticias, y promocionó la conciencia necesaria para tomar decisiones y hacer elecciones informadas.

Es posible identificar ahora tendencias en la opinión mundial que indican cómo piensa la gente en general, independientemente de las políticas de sus gobiernos. La cobertura informativa internacional y los datos estadísticos mundiales confiables han evolucionado para exponer tendencias desconocidas y subyacentes en el pasado. Un vívido ejemplo de esto es el amplio sentir en contra de la guerra expresado a través de los medios de comunicación, las manifestaciones en masa, los foros y organizaciones internacionales, las instituciones de la sociedad civil, y a través de las artes.

La cobertura informativa y las estadísticas también ofrecen prueba empírica de que tendencias mundiales como las brechas económicas cada vez más amplias entre ricos y pobres, las luchas y conflictos tribales y étnicos, y la degradación del medio ambiente han empeorado, o por lo menos no han mejorado. Existe acuerdo general de que en muchas partes el mundo, estas tendencias están conduciendo a una mayor sensación de inseguridad y a una pérdida de dirección tanto para individuos como para sociedades. Un aumento en tendencias insostenibles está confundiendo nuestros enormes avances sin precedentes en la información y amenazando la existencia humana como nunca antes. Están creando desequilibrios y luchas en la naturaleza, en las sociedades humanas y dentro de la psique individual.

Ahora, más que nunca, todos anhelamos un mundo en paz. Mucho se ha hablado sobre su importancia. Vastos tesoros se han gastado para el imperio de la ley. Incontables políticos han accedido al poder -y demasiadas guerras se han librado- en su nombre. La paz -por difícil de alcanzar que sea- es reconocida universalmente como un requisito previo para el desarrollo sostenible, la erradicación de la pobreza, el avance de las sociedades, el mejoramiento de la calidad de vida tanto para hombres y mujeres por igual, y para mejores estándares de vida.

Prominentes académicos y organizaciones internacionales están empezando a comprender, reconocer y apreciar las interrelaciones entre la paz, el factor femenino y la protección del medio ambiente -- como queda demostrado claramente por la concesión del Premio Nobel de la Paz a una ambientalista de Africa, la Profesora Wangari Maathai.

El actual orden mundial ha incrementado la incidencia de violencia, ha agravado la inestabilidad, y profundizado el sentido de inseguridad regional y mundial. Es necesario que nos ocupemos de las causas subyacentes de las circunstancias mundiales actuales y optemos por mejorar o cambiar los factores fundamentales que han causado tales estragos. Esto no sólo requiere una nueva visión y un nuevo paradigma para tratar con problemas sociales, económicos, de seguridad y medio ambiente sino también un compromiso más profundo inspirado en principios éticos claros.

Los remedios diplomáticos y políticos no han solucionado los dilemas ni cambiado las tendencias. Podría haber llegado el momento para volver a visitar los principios subyacentes que configuran las decisiones e influencian el orden mundial. Como de costumbre, las políticas -y los políticos profesionales en particular- al parecer no poseen las respuestas tan urgentemente necesarias. Las políticas que hemos conocido hasta hoy no pueden ser las políticas del futuro -- o no habrá política alguna.

Hemos establecido estándares para una buena gobernanza al nivel nacional, mientras que numerosos mecanismos funcionan para promocionar la coherencia y el orden a niveles mundial e internacional. Pero el elemento étnico es el factor clave para llevar a buen término nuestras obligaciones, y para asegurar la responsabilidad de los gobiernos y los mayores interesados.

Cuando vemos una doble moral e injusticias en los más altos niveles de gobernanza mundial y nacional, y cuando somos testigos de cierta arrogante determinación que recoge los frutos finales de muchas ecuaciones globales, emerge una realidad de claridad cristalina. Nos dice que la raíz del problema reside en nosotros mismos, y en la manera en que hemos evolucionado y aceptado métodos para aprender a hacer frente a los requisitos y restricciones de la edad postmoderna, denegando ciertas características intrínsecas.

Tal vez la consideración de la psicología analítica de C.G. Jung pueda arrojar cierta luz sobre el asunto. Sus ideas son sumamente pertinentes a la psique del hombre materialista actual que configura la economía y las políticas mundiales -- y sobre cómo afecta el concepto de paz y desarrollo sostenible. Jung sostuvo que pueden definirse ideales arquetípicos para reflejar la psique personal. El alma -ánima- es definida como una parte interior femenina de la personalidad masculina, y el ánimo -animus- como la parte interior masculina de la personalidad femenina.
Ahora, más que nunca, todos anhelamos un mundo en paz
Las necesidades de la vida moderna -el estilo de vida corporativa de la clase trabajadora urbana, la rígida e implacable carrera para obtener dinero y empleos, el estatus desigual de diferentes grupos sociales, particularmente los grupos marginados- han creado una clase elitista en cada país que gobierna los asuntos sociales, económicos, estatales y corporativos. Esta elite ha evolucionado para gobernar, guiar y administrar, ya sea dentro de sistemas democráticos o situaciones autocráticas -- y configura el estado y la mentalidad de todas las sociedades.

La creciente elite adopta técnicas de control específicas a fin de competir, ser aceptada entre sus pares, mantenerse en el poder y administrar sus asuntos. Por regla general, todos estos hombres -y muy pocas mujeres- han aprendido a manejar y suprimir su ánima interior al mismo tiempo que fortalecen sus rasgos de animus para promocionarse a sí mismos en una competencia social y económica sin tregua.

Una vívida expresión de sentimientos, la concentración en el detalle, la búsqueda de la connotación tras los fenómenos, la preocupación por el mañana más bien que por el presente, y cierta disposición creativa caprichosa y tendencia a iniciar nuevas modas y estilos de vida son rasgos de ánima generalmente poco gratos e inoportunos en los círculos políticos y ejecutivos que gobiernan el mundo. Para ser aceptadas en esferas sociales, económicas y, sobre todo, en las esferas de toma de decisiones, las mujeres deben denegarlos. Los pocos hombres que exhiben estas características son considerados como excepciones y por lo general poco apreciados en los gobiernos y las corporaciones.

Estudios recientes indican la importancia de la inspiración y la inteligencia emocional como un factor de motivación en la administración organizacional; mas en la práctica, el liderazgo inspirador -que depende de arquetipos femeninos para la administración- sigue siendo un concepto muy remoto. Las riendas de la toma de las decisiones están en manos de los ricos para incrementar su riqueza, de los poderosos para aumentar su poder, y de los concupiscentes que desean conservar sus placeres.

Una vez que las políticas deniegan la expresión vívida y enfática de sentimientos y el espíritu tras la vida, las guerras se convierten en rutina -- hasta en guerras contra ciudadanos indefensos. Los crímenes contra la humanidad despiertan pocas reacciones en los círculos diplomáticos que recibieron el mandato de detenerlos: al parecer se gasta más energía en denegarlas que revelarlas. La dignidad y la vida humana se pierden con harta facilidad y descuido, en tanto que la naturaleza se convierte en la víctima principal.

Arquetipos variables y sensibles dan vivacidad y color a la vida. Sus respuestas a los atropellos contra la sociedad y el medio ambiente vibran con una mayor consciencia del bien común. Crean esperanza e inspiran a la gente. Sus aspiraciones están en armonía con la naturaleza y con el espíritu de la vida, pues el ánima es su dimensión humanitaria, sustentadora y altruista. Sin embargo, la programación del software de rutina de nuestra era y el confortable refugio de las tecnologías de comida rápida, no dejan lugar para las tensiones dinámicas de los “caprichosos” o para romper los modos de pensar plagados de faltas que han cercado nuestra vida humana y el espíritu de la humanidad. La prisa por “hacer” y trabajar no ha dejado tiempo o prioridad simplemente para “ser”.

Para compensar por esta total negación del espíritu femenino, los intereses económicos y de comercio han programado el mundo para la “comodificación” del cuerpo, la obsesión con el aspecto físico y el comercio del sexo. Se ha dado cada vez mayor publicidad a los aspectos de rasgos femeninos que transmiten instantáneo placer y atracción, mientras el ánima que podría despertar la consciencia dormida en los hombres y en las mujeres se evita y con frecuencia se deniega.

Los detalles cruciales que componen la visión completa -la fragancia del cedro, el zumbido de las aves en los pantanos, la pasiva ansiedad de los niños urbanos y el brutal tratamiento de la fauna y flora silvestres- se han vuelto irrelevantes para la elite dominante. Ellos deben encargarse de los asuntos más importantes relacionados con gobernar el mundo, solucionar conflictos económicos y establecer el prometido orden mundial. Las noticias de matanzas civiles y actos de terror y violencia han anestesiado los receptores sensitivos de aquellos que pretenden abogar por la democracia y los derechos humanos. Las alarmantes tasas de corrupción en muchos gobiernos y corporaciones apuntan a una elite gobernante de moralidad empobrecida que deniega su ánima a los fines de promocionar sus propias prioridades.

El implacable espíritu humano ha sido denegado por una corriente de razonamiento predeterminada y en su mayor parte no cuestionada -- y la estrecha mentalidad contemplativa que engendra. Uno de sus mandamientos es que todas las creencias están confinadas dentro de lo material y lo tangible. Otro es denegar las características femeninas que son los secretos de la vida y los factores que dan motivo a individuos y sociedades -- y prohibir la discusión crítica del precio elevadísimo pagado por esta singular contradicción. Los arquetipos de ánima multidimensionales sólo han dado lugar al animus a perturbar el equilibrio interior de los individuos -- y por ende de las sociedades. Nuestro “yo” egoísta impulsado por el placer nos ha llevado a negar la eternidad por el momento.

Los líderes de gobierno y empresas necesitan paz interior para promover la paz entre las sociedades. A falta de paz y equilibrio interior, tratamos en vano de hacer que la paz, la prosperidad y la seguridad funcionen en el mundo. Hemos negado nuestro “yo” interior, nuestras características naturales divinas, y así nos encontramos en guerra con la naturaleza, con las leyes y requisitos de la creación. Nuestro medio ambiente está respondiendo de forma negativa a nuestra inquietud y descontento interior, nuestro egoísmo, nuestra codicia y nuestra arrogancia. Hasta cuando luchamos para ganar paz y seguridad, el resultado no está a la altura del esfuerzo. Hasta que no se haya erradicado el círculo vicioso de pobreza y degradación medioambiental, los sustentos de vida sostenibles se hallan en peligro.

A través de la historia, líderes, filósofos orientales y pensadores han apuntado a la necesidad de paz interior. El Nahj-ul Balagha -una compilación de elocuentes palabras de Ali Ibn Talib, el destacado líder islámico a continuación del Profeta Mahoma (SA)- hace referencia directa a las fuerzas y tentaciones que configuran la psique humana: “el ego es parecido a un semental salvaje: si no es domado por la sabiduría, irá llevando consigo a su jinete a las profundidades de un abismo sin fin”. Esta descripción de la necesidad de un equilibrio entre las fuerzas interiores y su doma con las riendas de la sabiduría es la clave para la paz interior en la ética islámica.

En las palabras de Sohrevardi, el filósofo iraní del siglo XII, el mejoramiento y el avance humano se basan en razonamiento y conocimiento, así como en elevación espiritual y purificación. Es necesario fortalecer los dominios de la razón y el conocimiento así como el espíritu para lograr el equilibrio interior: un lazo coherente entre ellos podría producir la paz interior que buscan los seres humanos.

Las mujeres encargadas de tomar decisiones en asuntos mundiales podrían contribuir a la paz, la seguridad y la sostenibilidad si apreciaran su profundo potencial como educadoras, mentoras y modelos en la promoción de la tranquilidad de espíritu y del corazón. Lo más importante es un retorno -en hombres y mujeres por igual- al equilibrio entre el ánima y el animus, entre el cuerpo y el espíritu, entre el corazón y la mente, y entre las tentaciones interiores y los asuntos éticos. La paz interior es difícil de alcanzar mientras los poderosos y ricos corporativos sólo persiguen sus ganancias en ecuaciones mundiales y política de medios de difusión. Debemos esforzarnos para definir y promocionar una cultura de paz interior y equilibrio, a través de los medios de difusión, así como a través de mecanismos culturales e internacionales efectivos.

La necesidad de evitar la confrontación -ya se trate de lucha étnica, agresión contra un vecino, ocupación de una tierra natal, o de simple terror ciego- está ligada a la necesidad de promover la paz interior y la comprensión entre los pueblos. El concepto de “Diálogo entre Civilizaciones”, propuesto por el Presidente Mohammed Khatami, se basa en la necesidad de convertir confrontaciones inminentes entre Este y Oeste, entre Norte y Sur, entre los poderosos ricos y los pobres y débiles, en relaciones equilibradas de una distribución justa de la riqueza, la protección de los recursos naturales, diálogo, tolerancia y comprensión, en vez de fuerza y opresión.

¿Acaso podemos ayudar a las mujeres, los hombres -y especialmente a los jóvenes- a reconocer el rol importantísimo e indispensable que juegan en promover el desarrollo sostenible, la paz y la seguridad?

Quienes disfrutan de tranquilidad de espíritu y corazón pueden devolver el ánima y el espíritu a las estructuras de gobernanza del gobierno. Ellos pueden restablecer el equilibrio en las políticas mundiales. Pueden asegurar el aspecto sostenible del desarrollo. Pueden ofrecer un liderazgo inspirador para los procesos de toma de decisiones para el cambio, para cambiar los parámetros y modos de pensar, y para crear una nueva visión para los jóvenes que aspiran a vivir en un mundo mejor


Massoumeh Ebtekar es Vicepresidenta, y Jefa del Ministerio del Medio Ambiente, de la República Islámica de Irán.

Foto: Surasau Chopsaneob/PNUMA/Topham


Este número:
Indice | Editorial K. Toepfer | Despertando a la realidad | Plantando la seguridad | Paz natural | Gente | No podemos andarnos con dilaciones | Atrayendo la inversión privada | Remodelando el debate sobre energia y seguridad | De un vistazo: La seguridad del medio ambiente | Perfil estelar: Salman Ahmad | ¿Cuántas tierras harían falta? | Cascos verdes | Publicaciones y productos | Una iniciativa para el cambio | Seguridad en medio de turbulencia | El agua y la guerra | Venciendo la “maldición de los recursos” | Una paz verde | ¡Es un problema de pobreza, tonto!