Despertando
a la realidad

 
Maumoon Abdul Gayoom
describe el efecto del tsunami sobre su país y advierte que el calentamiento de la Tierra presenta una amenaza aún más grande a la seguridad del medio ambiente

El 26 de diciembre de 2004 despertamos para atestiguar la terrible realidad de la fragilidad de nuestro medio ambiente. El tsunami creado por el terremoto de Sumatra esa mañana se extendió por todo el archipiélago de las Maldivas con sobrecogedora furia, arrasando consigo vidas, devastando infraestructura, paralizando nuestra economía y llevándose décadas de arduo trabajo y gran esfuerzo de nuestro pueblo. Por cierto, fue un desastre sin precedentes -- el primero de su tipo, y la peor calamidad natural jamás experimentada en las islas Maldivas.

Nos hemos embarcado en las formidables tareas de proveer ayuda de emergencia, reconstruir nuestra vida y nuestros medios de sustento, y reconstruir nuestra nación. Estos son retos de enormes proporciones: se sabe ahora que 82 personas han muerto y 26 han desaparecido, y 13 islas fueron totalmente evacuadas. Más de 15.000 personas han quedado sin techo y muchas se enfrentan con escasez de alimentos y agua. Nuestras industrias de turismo y pesca se han visto paralizadas. Del total de nuestros 87 balnearios y centros turísticos, 19 han tenido que cerrar -- y necesitan importantes obras de reconstrucción para poder operar nuevamente. Muchas islas perdieron sus barcos de pesca, arruinando su principal medio para ganar su sustento. El daño total se estima en más de 1 mil millones de dólares.

En vista de que en estos momentos nuestra atención está concentrada principalmente en la ayuda y la rehabilitación, aún no hemos tenido oportunidad de evaluar el impacto que el desastre ha tenido sobre nuestro frágil medio ambiente. Sin embargo, las señales son de mal agüero. La vegetación de nuestra isla está muriendo paulatinamente a resultado de la inundación y la intrusión de agua salada en el agua subterránea. Esta pérdida de vegetación podría aumentar todavía más la vulnerabilidad de nuestras pequeñas islas. Y, lo que es más importante, de acuerdo a los científicos, nuestras reservas de aguas freáticas tal vez necesiten varios años de lluvia para recuperarse, rellenarse y volver a ser potables.

El desastre del tsunami nos ofrece una oportunidad para reflexionar sobre la fragilidad de los pequeños estados insulares y otras zonas litorales bajas. Y también es hora de tomar importantes decisiones para impedir tales catástrofes o minimizar las pérdidas por desastres naturales en el futuro. El 26 de diciembre de 2004, las olas del tsunami se retiraron en pocas horas. Empero, las olas y las inundaciones causadas por el alza del nivel del mar desencadenado por el calentamiento de la Tierra no se retirarán. El daño será indescriptible y todos nos convertiremos en refugiados ambientales.
El desastre del tsunami nos ofrece una oportunidad para reflexionar sobre la fragilidad de los pequeños estados insulares
El Protocolo de Kioto ha entrado ahora en vigor, lo cual nos permite mejorar la cooperación medioambiental y alcanzar objetivos establecidos para la reducción de los gases de efecto invernadero. Sin embargo, esto, por sí solo, no es suficiente para encarar lo que constituye un futuro medioambiental sombrío para nuestros países. Hace falta que hagamos más para la protección de nuestro medio ambiente mundial.

El desastre del tsunami ha unido al mundo de una manera que no hemos visto por mucho tiempo: deberíamos utilizar esta unidad para crear mecanismos encaminados a ocuparse de futuras calamidades de medio ambiente. También nos ha mostrado que las catástrofes naturales no se detienen ante fronteras nacionales y que son más perjudiciales para los pequeños estados insulares. Trece países en dos Continentes fueron afectados directamente por el tsunami, y varias otras naciones perdieron sus ciudadanos en el desastre. En estos momentos de duelo mundial, mostrémonos más decididos a forjar una asociación mundial para tratar nuestro medio ambiente común


Maumoon Abdul Gayoom es Presidente de la República de Maldivas.

Foto: Jochen Tack/Still Pictures


Este número:
Indice | Editorial K. Toepfer | Despertando a la realidad | Plantando la seguridad | Paz natural | Gente | No podemos andarnos con dilaciones | Atrayendo la inversión privada | Remodelando el debate sobre energia y seguridad | De un vistazo: La seguridad del medio ambiente | Perfil estelar: Salman Ahmad | ¿Cuántas tierras harían falta? | Cascos verdes | Publicaciones y productos | Una iniciativa para el cambio | Seguridad en medio de turbulencia | El agua y la guerra | Venciendo la “maldición de los recursos” | Una paz verde | ¡Es un problema de pobreza, tonto!

Artículos complementarios:
Maumoon Abdul Gayoom: Averting catastrophe (Oceans) 1998