Remodelando el debate sobre
energía y seguridad

 
R. James Woolsey
esboza los peligros de la dependencia del petróleo y sugiere una mayor eficiencia y el uso de combustibles alternativos como respuestaEl mercado de petróleo del mundo y su infraestructura de transporte deben estar en el centro del debate sobre energía y seguridad

La generación de electricidad, por ahora, es un asunto separable. Por supuesto necesitamos elegir los métodos que usamos para generar electricidad prudentemente para limitar la contaminación y la emisión de gases de calentamiento de la Tierra. Y debemos hacer más resistentes nuestras redes de suministro de electricidad a fin de disminuir la posibilidad de su fallo catastrófico -- ya sea por accidente o por ataque terrorista. Pero hasta que no se produzca el advenimiento de una característica de “enchufe” para vehículos híbridos a gasolina-y-electricidad (discutidos más abajo), las elecciones de electricidad, para la mayoría de los países, no tendrán más que un efecto modesto sobre el uso de petróleo y, por ende, sobre la seguridad energética.

Estados Unidos produce sólo alrededor de un 2 por ciento de su electricidad con petróleo. Podría tomar una firme decisión de incrementar el uso, por ejemplo, de la energía eólica para la generación de electricidad o de utilizar una forma limpia de usar carbón (como el ciclo integrado de gasificación combinada), pero, por prudentes que puedan ser, tales mejoras sólo tendrán un efecto mínimo sobre la dependencia del petróleo en este momento. Y ya sea hoy o en el futuro, no mejoraría de forma sustancial la seguridad si cambiáramos las compras de petróleo de una región del mundo a otra. Esencialmente, todos estamos juntos en un mercado mundial del petróleo, de modo que si Estados Unidos comprara menos del Medio Oriente -y luego Europa, por ejemplo, comprase más de esa región- no haríamos más que redistribuir las pautas de comercio.

Desde luego, el petróleo también se utiliza para materia prima química y calor, pero predominantemente es una fuente de combustible para el transporte. Y es este uso que impulsa la dependencia mundial del petróleo.

Esta dependencia es un problema serio, por varias razones. A medida que crece la demanda mundial de petróleo -especialmente a la luz de la expansión económica que estamos viendo en la India y China-, lo más probable es que su precio aumente de forma sustancial. Los depósitos de petróleo no convencional -como aceite pesado y arenas de alquitrán en Canadá y Venezuela- son enormes, pero en la actualidad su extracción no sólo es costosa sino que también causa serios problemas ambientales. Por lo menos tres cuartas partes de las reservas de petróleo convencional del mundo están concentradas en el Medio Oriente volátil y las zonas cercanas (Irán, la cuenca del Mar Caspio). Por consiguiente, la infraestructura de la producción y el refinamiento del petróleo no sólo está sujeta a ataques terroristas, sino que podría estar en duda la confiabilidad de diversos estados como una fuente de suministro en caso de caos o de cambios radicales en el gobierno.

Desde luego, el uso de petróleo contribuye a la contaminación y a la emisión de gases de efecto invernadero. Y, como el Senador Richard Lugar y el autor expusieran en Foreign Affairs hace seis años, las importaciones de petróleo a países en desarrollo -denominadas en moneda dura- contribuyen a la acumulación de la deuda de estos países, que con frecuencia es una fuente mayor de su incapacidad de salir de la pobreza.

Otros aspectos de la estabilidad económica internacional también son fuertemente influenciados por el petróleo. La actual debilidad del dólar ha producido amplia preocupación sobre una posible fuga del mismo, y una aguda reducción en importaciones de EU, en perjuicio de la estabilidad económica de muchos países. La debilidad del dólar está relacionada directamente con el déficit de la cuenta corriente estadounidense, que crece a razón de alrededor de $10.000 millones por semana. Aproximadamente $2.000 millones por semana de ese préstamo se dedican a la importación de petróleo.

Dentro de este contexto, dos informes publicados a fines de 2004 hacen importantes contribuciones hacia la necesidad de un cambio de enfoque en el debate algo estéril sobre petróleo y seguridad. Sus recomendaciones para la toma de medidas coinciden en la mayoría de los puntos clave. A continuación se dan algunos puntos destacados.

“Solucionando el impasse energético” (Ending the Energy Stalemate), publicado en diciembre por la Comisión Nacional sobre Política Energética (National Commission on Energy Policy) -fundada por la Fundación Hewlett- propone varios caminos para romper el impasse. En primer lugar, recomienda que Estados Unidos “aumente considerablemente” sus requerimientos de economía de combustible, permitiendo en tanto a los fabricantes negociar créditos de economía de combustible entre categorías de vehículos y entre unos y otros. La propuesta también introduce el concepto de una “válvula de seguridad” para la industria, permitiendo a los fabricantes comprar créditos del gobierno a un precio predeterminado. De esta manera trata de obtener el mejoramiento del mandato del gobierno de EU, pero dentro de un marco sumamente flexible.

Dentro de este sistema, la Comisión sugiere que las más exitosas tecnologías a corto plazo que convendrá promocionar para mejorar la economía de los combustibles son los vehículos híbridos a gas y electricidad y diesel avanzados -- estos últimos limitados a aquellos que van incluyendo paulatinamente los estándares más estrictos de calidad del aire ("Nivel 2") entre 2004 y 2008. La Comisión declara lacónicamente que, por otro lado, “el hidrógeno ofrece poco o ningún potencial para mejorar la seguridad de petróleo y reducir los riesgos de los cambios climáticos en los próximos veinte años”. En vez de ello concentra la atención en cambios que pueden introducirse en los vehículos y el combustible capaces de reducir radicalmente la dependencia de petróleo en los próximos años y que, a diferencia de las pilas combustibles de hidrógeno, no requieren cambios mayores en la infraestructura de transporte, tales como la instalación de equipo para producir hidrógeno en todas las estaciones de servicio.

En particular, la Comisión observa dos características atrayentes de los híbridos de gasolina-eléctricos. En primer lugar -para los cuatro híbridos que tienen características de vehículos convencionales (dos Hondas, un Ford, un Toyota)- la versión híbrida aumenta la economía de combustible o caballos fuerza, comparada con la versión convencional: el consumidor no necesita elegir entre economía y rendimiento. En segundo lugar, los híbridos se prestan fácilmente para agregar un paquete de pilas algo más grande, lo cual posibilita integrar una muy útil característica de un “enchufe": esto significa que el vehículo híbrido podría cargar su pila enchufándola en una fuente de energía eléctrica cuando no está en uso. De esta forma sería posible usar electricidad enteramente como un sustituto para la gasolina o diesel para muchos viajes cortos sin las desventajas y la inflexibilidad de un coche enteramente eléctrico. Así, los “enchufes” podrían reducir aún más nuestra dependencia del petróleo.
Esencialmente, todos estamos juntos en un mercado mundial del petróleo
En el segundo fascinante informe, “Ganando el final del petróleo” (Winning the Oil Endgame), el Rocky Mountain Institute (RMI) propone incrementar de forma sustancial el uso ya creciente de compuestos de carbono en la construcción de automóviles. Estos combinan fuerza con peso liviano, pero a niveles menos exigentes que para aviones -- p.ej. 80 por ciento de la fuerza de compuestos para aviones a 20 por ciento del costo. De esta forma pueden reducir el peso radicalmente y aumentar el kilometraje al mismo tiempo que aumenta la seguridad. También en este caso, la tecnología puede hacer posible que se evite la necesidad de tener que elegir entre características positivas.

Ambos informes también elogian el potencial de dos tipos de combustible alternativo: el etanol celulósico y el biodiesel (o biogasóleo) producido de desechos orgánicos. Ambos están empezando ahora a producirse comercialmente.

El etanol celulósico producido de desechos agrícolas, tales como paja de arroz y de hierbas perennes, ofrece muchas ventajas comparado con el etanol a base de almidón (por ejemplo de maíz). No solamente las materias primas están disponibles mundialmente en grandes cantidades (y a disposición de muchos pequeños agricultores y agricultores de subsistencia alrededor del mundo), sino que la pequeña cantidad de energía necesaria para producir este tipo de etanol -y el uso de cierta porción del desecho para la cogeneración de electricidad-, de acuerdo a la Comisión, puede convertir su producción y su uso en un “sumidero” de carbono. Esto crea reducciones de gases de efecto invernadero “100 por ciento mayores” comparadas con el uso de petróleo.

El biodiesel (o biogasóleo), producido actualmente de despojos de una planta procesadora de pavos en Estados Unidos, puede derivarse ahora de una amplia variedad de materia prima de desechos orgánicos, incluso estiércol, residuos domésticos y neumáticos usados. Esto tiene el potencial de disminuir los costos de producción de forma sustancial, aprovechando la ventaja del precio pagado por la eliminación de desechos. La Comisión Nacional y el RMI observan el significado económico potencial de tal utilización de los desechos.

El uso de tecnologías ya desarrolladas para vehículos y combustibles alternativos, donde ambos son compatibles con su sistema de transporte existente, promete prontos, y hasta destacados resultados. Por ejemplo, un coche híbrido impulsado por E-85 (celulósico), p.ej. 85 por ciento etanol, marchará más de cuatro veces la distancia con un volumen dado de petróleo que con un vehículo convencional. Si se le agrega una capacidad de “enchufe” y sólo usa electricidad para viajes cortos, podría obtener alrededor de ocho veces ese kilometraje. Construido con los compuestos sugeridos por el RMI, el peso ligero aumenta su kilometraje por un factor de 12. Y un vehículo a diesel que usa biogasóleo fabricado de desechos orgánicos no usa petróleo alguno.

Según explica el RMI, debemos reconocer que “todo lo que existe es posible”. Ese espíritu puede cambiar fundamentalmente para mejor no sólo el debate sino la naturaleza misma de nuestra dependencia del petróleo y nuestra seguridad


R. James Woolsey un ex Director de Central Intelligence, fue miembro de la Comisión Nacional sobre Política Energética y es integrante del Consejo Consultivo de la Energy Future Coalition.

Foto: Alfredo Garcia Frances/PNUMA/Topham


Este número:
Indice | Editorial K. Toepfer | Despertando a la realidad | Plantando la seguridad | Paz natural | Gente | No podemos andarnos con dilaciones | Atrayendo la inversión privada | Remodelando el debate sobre energia y seguridad | De un vistazo: La seguridad del medio ambiente | Perfil estelar: Salman Ahmad | ¿Cuántas tierras harían falta? | Cascos verdes | Publicaciones y productos | Una iniciativa para el cambio | Seguridad en medio de turbulencia | El agua y la guerra | Venciendo la “maldición de los recursos” | Una paz verde | ¡Es un problema de pobreza, tonto!

Artículos complementarios:
En el número: Energía, 2003
En el número: Energía, 2001
Richard G. Lugar: Energía vegetal (Energía) 2003