EDITORIAL
De la oficina de Klaus Toepfer, Secretario General Adjunto de las Naciones Unidas y Director Ejecutivo del PNUMA

Cuando el mundo redactó el Convenio de Basilea sobre el control de los movimientos transfronterizos de los desechos peligrosos y su eliminación, el objetivo era declarar ilegal y prohibir a los “comerciantes en productos tóxicos” transportar las mortíferas sustancias químicas del mundo desarrollado a vertederos en el mundo en desarrollo. Quince años después, el Convenio está luchando contra numerosas nuevas corrientes de desechos en constante aumento, impulsadas, por ejemplo, por el boom en los artículos de consumo electrónicos como el ordenador personal y el teléfono móvil. Otros debates han puesto de relieve la eliminación de antiguas naves militares y barcos de pesca retirados de servicio. ¿Acaso un buque de camino de Europa o Norteamérica a un desguace a medio mundo de distancia es un barco para desmantelar? ¿O acaso es desecho peligroso, ya que posiblemente lleve una carga de asbesto, sedimentos metálicos tóxicos y otras sustancias peligrosas para la salud? De modo similar, transportar enormes cantidades de ordenadores --anticuados por la aparición del último modelo en una nación industrializada-- a un país en desarrollo podría ofrecer una oportunidad a gentes más pobres en ese país de poner un pie en el primer peldaño de la escalera tecnológica. O tal vez se trata simplemente de una manera ingeniosa de los consumidores y las empresas de los ricos de pasar a otros los costos económicos, sociales y ambientales de su eliminación.

Los problemas son complejos, pero no es necesario que también lo sean las soluciones. Si en primer lugar nos concentramos en generar menos desechos, en cualquier forma posible, por lo menos iremos por buen camino. Mediante nuevas iniciativas, que recaen bajo el Convenio, el mundo está comenzando ahora a tratar de alcanzar este objetivo. Para su guía cuenta con los resultados de la Cumbre Mundial sobre el Desarrollo Sostenible. Su Plan de Implementación hace un llamamiento a la acción encaminada a cambiar patrones de consumo y producción insostenibles.

Concentrarnos en las tres Rs --reducir, reutilizar y reciclar-- es una manera de progresar. Podemos reducir el impacto de nuestras economías de consumo cortando las cantidades de recursos y materiales utilizados para la manufactura de productos, desde la energía y el agua hasta el volumen y los tipos de plásticos, metales y productos químicos. Muchos fabricantes de equipos electrónicos, por ejemplo, ahora pueden afirmar con orgullo que entre 50 y 100 por ciento de sus productos tienen soldaduras libres de plomo.

Muchos productos, o sus componentes, pueden ser reutilizados. El Body Shop, por ejemplo, ofrece envases recargables para sus cosméticos. Para facilitar el reciclado, los fabricantes deben asegurarse de que sus productos puedan desmontarse simple y seguramente. El diseño ecológico, o ecodiseño, es clave, así como lo son las instalaciones para la recolección y el reciclaje efectivas y de fácil acceso.

El tema de la séptima Conferencia de las Partes del Convenio de Basilea es: “Alianza para hacer frente al problema de los desechos a nivel mundial”. Los gobiernos tienen un papel crítico que desempeñar mediante la promulgación y el control de regulaciones, introduciendo impuestos o gravámenes, así como a través de la promoción de políticas e instrumentos y la concienciación del público en favor de las tres Rs. Pero las alianzas con la industria, el comercio y los consumidores también son esenciales, así como lo son las colaboraciones con otras áreas de las Naciones Unidas, tales como la Organización Marítima Internacional, la Organización de las Naciones Unidas para la Agricultura y la Alimentación, y los secretariados de otros acuerdos medioambientales -- en particular aquellos como el Convenio de Rotterdam sobre el Procedimiento del Consentimiento Fundamentado Previo para ciertos Productos Químicos Peligrosos y Plaguicidas en el Comercio Internacional y el Convenio de Estocolmo sobre Contaminantes Orgánicos Persistentes.

De modo que me da mucho placer mencionar siquiera sea una sola de las numerosas excelentes alianzas del Convenio de Basilea: la alianza con el Grupo Medioambiental Shields. Shields ha establecido una planta de reciclaje de teléfonos móviles en Bucarest, Rumania, que emplea a 100 personas. La planta es una iniciativa de devolución llamada Phonebak, que ahora está operando tanto en países desarrollados como en países en desarrollo.

Por último, desearía hacer una petición especial --tal vez anticuada-- para otra R más. Muchos productos de consumo modernos acaban en el basurero debido a que su mal diseño, su costo o la falta de repuestos hace imposible repararlos cuando se rompen. Quizá no deberíamos hablar meramente de reducir, reutilizar y reciclar... ¡sino también de reparar!


PHOTOGRAPH: UNEP


Este número:
Indice | Editorial K. Toepfer | Formando alianzas, movilizando recursos | Mucho que discutir, mucho que hacer | Hora de ver resultados | Adolescencia y problemas de dinero | Completar la tarea | Creando una sinergia | Nuevos retos/A>

Artículos complementarios:
Las sustancias quimicas 2002
Jack Weinberg: Enemigos invisibles (Fondo para el Medio Ambiente Mundial) 2002
Hazardous Waste 1999



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COP7