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Elliot Morley aclama los éxitos de los Centros Regionales del Convenio de Basilea y hace un llamamiento a potenciar su imagen y dirigir el enfoque hacia los resultados estratégicos

Los asuntos de medio ambiente han sido un interés de toda mi vida. El problema de los desechos peligrosos podrá percibirse como el “pariente pobre” comparado con tópicos de perfil más alto, más “exóticos” tales como la pérdida de biodiversidad y el cambio climático -- pero a mi entender, su gestión Ecológicamente racional es crucial para el bienestar de nuestro planeta. El Convenio de Basilea representa uno de los acuerdos mundiales más importantes logrados en tiempos recientes.

No obstante, la percepción del público de una gestión ecológicamente racional tiende a ser bastante limitada, excepto a continuación de accidentes o desastres. En este sentido, el Convenio en cierta medida ha sido víctima de su propio éxito relativo en impedir incidentes de vertido incontrolado de desechos peligrosos a través de su sistema de control de consentimiento fundamentado previo.

Cuando examino sus éxitos --y luego imagino lo que podrían ser sus prioridades en el futuro-- estoy convencido del fuerte argumento a favor de dar mayor relieve al Convenio y su trabajo.

La segunda década del Convenio fue presagiada por la adopción del Protocolo sobre Responsabilidad y Compensación y por la Declaración Ministerial sobre Gestión Ecológicamente Racional, que establece el marco para la gestión ecológicamente racional de desechos peligrosos, incluso su prevención y minimización y la reducción de sus movimientos transfronterizos.

El Plan Estratégico, acordado en ocasión de la Sexta Reunión de la Conferencia de las Partes (COP6), expone la forma en que las actividades y objetivos concebidos por la Declaración serán convertidos en acción, y como tal constituye un buen primer paso para el logro de sus objetivos.

Sin embargo, si bien el éxito del Plan está firmemente asociado con un financiamiento seguro y adecuado, las Partes también deben considerar de qué manera puede ser estratégico para su obtención, lo mismo que para sus objetivos. Como estamos empezando a ver, los Centros Regionales del Convenio de Basilea son importantes mecanismos de ejecución para el Plan Estratégico. Ofrecen una excelente oportunidad para compartir tanto los recursos como la pericia de forma efectiva, y serán especialmente útiles en explorar sinergias con otros acuerdos ecológicos multilaterales. No obstante, las Partes deben explorar medios de asegurar que la realización a través de los Centros Regionales sea efectiva a la vez que eficiente.

Con los años, el Reino Unido ha hecho importantes contribuciones a la tarea del Convenio, como por ejemplo el financiamiento parcial del proyecto de aceites usados en el Caribe. Estamos muy interesados en financiar proyectos desarrollados y ejecutados a través de los Centros Regionales, dados los beneficios y las eficiencias regionales que los mismos ofrecen.

Los avances tecnológicos y el advenimiento de la revolución digital han beneficiado a la comunidad mundial en muchas maneras, pero ahora estamos empezando a ver los problemas de gestión y eliminación de la tecnología obsoleta reemplazada. Cantidades cada vez mayores de desechos “tecnológicos” tales como equipo electrónico y eléctrico usado ya están planteando nuevos retos para el Convenio. Mas a pesar de ello, no me cabe duda de que dentro de su red de expertos se encuentran los recursos necesarios para encarar estos problemas.

Uno de los recursos mayores, y más inestimables, del Convenio es su experiencia y su pericia de gobiernos, industrias y organizaciones medioambientales. El Reino Unido abriga la esperanza de que las Pautas Técnicas sobre la Gestión Ecológicamente Racional de Contaminantes Orgánicos Persistentes --un excelente ejemplo de la pericia de Basilea reconocido y utilizado en la comunidad mundial-- serán adoptadas en esta COP7. Por otra parte, el Convenio tiene un papel vital que desempeñar en guiar la tarea de acuerdos ecológicos multilaterales más recientes --tales como el Convenio de Estocolmo y el Convenio de Rotterdam-- al entrar en sus fases iniciales. Por ejemplo, el ejercicio de un rol en ofrecer pericia y oportunidades para el logro de resultados a nivel regional, y en la provisión de los beneficios de la considerable experiencia de Basilea en operar un sistema de consentimiento fundamentado previo.

La exploración de sinergias entre estos convenios sobre productos químicos y sus desechos permitirá a los tres a usar los recursos, los conocimientos y la pericia en forma más eficiente. Las conexiones con otras iniciativas internacionales --particularmente aquellas relativas al consumo y la producción sostenibles-- también son vitales si hemos de movilizar y utilizar más efectivamente los recursos para el Convenio de Basilea. El Reino Unido reconoce y presta su fuerte respaldo al progreso en esta esfera.

El Convenio tiene varias oportunidades para demostrar sus credenciales de liderazgo en el curso de los próximos años -- sobre todo a través de su recientemente establecido Comité de Conformidad, el cual, a condición de estar dotado de recursos adecuados, ofrece un mecanismo para medir y prestar asistencia a la entrega global y constructiva de los objetivos del Convenio. Se trata de un mecanismo único entre los acuerdos medioambientales multilaterales y muchos vigilarán su progreso.

La conformidad y la aplicación seguirán siendo objetivos clave durante los próximos años. Las Pautas de Acuerdo Ecológico Multilateral sobre Conformidad y Aplicación constituyen un útil instrumento, pero es necesario que las Partes consideren si estas pautas se están aplicando en la forma más efectiva posible, y cuál es la experiencia de las Partes en su uso. Aquí también, hará falta recurrir a la pericia y la experiencia del Convenio para hacer máximo uso de los recursos disponibles.

Al entrar a la segunda mitad de la presente década de gestión ecológicamente racional, sin duda nos enfrentaremos con una cantidad de nuevos retos, tanto en términos de corrientes de desecho como en nuestras formas de trabajar. En los próximos años debemos volver nuestra atención hacia el logro de resultados estratégicos


Elliot Morley es Ministro del Medio Ambiente, Reino Unido.

PHOTOGRAPH: Banson


Este número:
Indice | Editorial K. Toepfer | Formando alianzas, movilizando recursos | Mucho que discutir, mucho que hacer | Hora de ver resultados | Adolescencia y problemas de dinero | Completar la tarea | Creando una sinergia | Nuevos retos

Artículos complementarios:
Shunichi Suzuki: Slimming the Waste (Energy) 2003
Las sustancias quimicas 2002
Jack Weinberg: Enemigos invisibles (Fondo para el Medio Ambiente Mundial) 2002
Hazardous Waste 1999
Alemayehu Wodageneh: Trouble in store (Chemicals) 1997
Frank Wania y Don Mackay: Global Distillation (Chemicals) 1997




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