illustracion: Deia Schlosberg  
 

 
Las religiones del mundo muestran una notable unanimidad en sus enseñanzas sobre la relación de la humanidad con el medio ambiente. El Islam, por ejemplo, nos enseña que nosotros somos los guardianes de la naturaleza, mientras que la tradición judeo-cristiana declara que amar a Dios es amar a toda Su Creación. Las religiones y las tradiciones culturales de los pueblos autóctonos ponen aún mayor énfasis en esta relación entre la humanidad y el mundo natural. Aquí hay dos ejemplos de sus típicas historias de la Creación.
 
         
 

Mucho tiempo atrás, un gran árbol florecía y proveía a todo el mundo con todo lo que necesitaban y la gente era feliz. Pero el Concejal Regidor sabía que, debajo de la tierra, existía un gran mar en la oscuridad, y decidió darle luz, desarraigando el árbol y cavando un gran agujero en el suelo.

El Concejal Regidor envió a una mujer, Aten-en-sic, a las profundidades del mar, envuelta en luz. Los animales que vivían en las aguas la vieron venir de arriba y supieron que debían preparar un sólido pedazo de tierra para su llegada. Primero, Castor nadó al fondo del mar para tratar de agarrar un poco de suelo, pero desapareció. A continuación, Pato intentó hacerlo, pero también fracasó. Finalmente, Rata Almizclada se sumergió y volvió trayendo un trozo de tierra en sus patas, y Tortuga se ofreció para cargar la tierra en su espalda.

Ahora que Aten-en-sic tenía un lugar seguro donde aterrizar, los pájaros fueron a buscarla para colocarla en la espalda de Tortuga. Así, Tortuga se convirtió en la portadora de la tierra - y cada vez que está inquieta y se agita, el fondo tiembla con grandes olas y terremotos.

La tierra muy pronto se convirtió en una gran isla. Aten-en-sic dio a luz a dos hijos gemelos. Uno era bueno y el otro era malo. Cada uno de ellos reclamó la isla como suya. El hijo bueno le dio árboles y animales y protegió los ríos con colinas y montañas. El hijo malo retorció los árboles, trajo tormentas y huracanes y cambió el cauce de los ríos. Cuando su madre murió, el hijo bueno creó el sol con su rostro, y con su cuerpo creó la Tierra, de la cual vendría toda cosa viviente. El hijo malo puso oscuridad en el cielo de occidente para perseguir al sol y obligarlo a bajar todas las noches.

Al cabo de una larga y ardua lucha, el hijo bueno ganó control sobre la isla y desterró a su hermano a un pozo profundo bajo la tierra. Y él continúa creando y protegiendo el mundo hasta el día de hoy.

 

Hace mucho, mucho tiempo, en la era de los sueños, antes de que hubiera hombres y mujeres, animales y plantas, el mundo yacía quieto, liso y plano. La serpiente arco iris, que era la madre de todos nosotros, yacía en el mismísimo centro de la Tierra, sumida en un profundo sueño.

Un día, la serpiente arco iris de repente se despertó, y penetró a través de la superficie de la Tierra, regándolo todo con un polvo de brillante color ocre rojo. Recorrió toda la Tierra, formando con su cuerpo cordilleras y profundos canales. Tal era su fuerza y tan grande fue su efecto sobre la Tierra que grandes lluvias empezaron a caer de los cielos y a llenar los profundos canales por donde se abría camino la culebra. Los lugares altos crearon las montañas y los lugares bajos se llenaron de agua para crear los ríos y los mares. Los lugares que la serpiente no había recorrido permanecieron llanos, y se convirtieron en desiertos.

Luego, la serpiente arco iris empezó a invitar a todas las criaturas vivientes a salir del centro de la Tierra y venir a poblar el mundo. Invitó a los pájaros y a los otros animales. Y por último llamó a las tribus humanas. Les dijo que vivieran en paz y armonía con el resto de las criaturas y les recordó que debían respetar las rocas y los árboles, y la tierra misma, ya que toda creación tiene un espíritu.

Les dijo que pasaran este conocimiento de la Madre Tierra a sus hijos y a los hijos aún por venir - pues los hombres y las mujeres eran ahora los guardianes de la Tierra.

La gran serpiente luego descendió al vasto océano, donde guarda a los peces y otras criaturas marinas. Y los seres humanos saben que si sacan más peces del agua de los que pueden comer, o si matan por codicia o placer, o violan las leyes de la Tierra de cualquier manera, la gran madre serpiente saldrá de su escondite en el océano y castigará a quienes hayan quebrantado sus leyes.

 
         
         
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      iillustracion: Jana Vodickova