Los aborígenes llevan viviendo en Australia unos 4.000 años. Si bien están muy apegados a la tierra, que les provee su hogar y su sustento, no se consideran como sus dueños - no hay historia de guerras territoriales entre diferentes tribus. Como cazadores-recolectores, los aborígenes han cultivado un conocimiento experto del mundo que les rodea y han desarrollado notables habilidades para encontrar alimento y agua. Con frecuencia extraen agua de árboles y raíces, y hasta la obtienen de ranas que almacenan agua en su cuerpo. Son capaces de seguir la pista de animales usando los rastros más pequeños, por ejemplo dibujos en la hierba y ramitas rotas, como claves, y de atraer su presa imitando los reclamos de los pájaros o emulando el movimiento de un emú con palos y plumas.

foto: Topham Picturepoint

 
     
 

 

Los dogon, cuyas aldeas están situadas principalmente a lo largo de los acantilados de Bandigara en el sudeste de Malí, han ajustado sus prácticas agrícolas para adaptarse a su entorno rocoso y árido: llevan suelo a los lugares donde más se necesita, y construyen muros de piedra y montículos de tierra para evitar que los plantones sean arrasados por el agua o llevados por el viento. De acuerdo a su mitología, su pueblo recibió conocimientos astronómicos avanzados de unos guardianes espirituales del espacio sideral conocidos con el nombre de "nimmos". De estos seres anfibios, los dogon se enteraron de la estrella Sirio B y su tamaño, densidad y movimiento, de la existencia de Venus y los anillos alrededor de Saturno, y de la manera en que los planetas orbitan alrededor del sol - adelantándose a descubrimientos posteriores hechos por astrónomos con el uso de telescopios y otro equipo moderno de alta tecnología.

foto: Topham Picturepoint

 
     
 

 

Unos 27.000 miembros del pueblo de los san viven en Namibia y Botswana. También llamados bosquimanos, están formados por numerosas pequeñas tribus que hablan diferentes dialectos de idiomas khoisan o "lenguas clic". Son los habitantes más antiguos del sur de África, calculándose que llevan viviendo allí de 2.000 a 3.000 años. Como cazadores-recolectores usan su extraordinario conocimiento del medio ambiente para sobrevivir. Son capaces de identificar cientos de especies de plantas y juzgar la edad de un animal por su excremento. Pueden encontrar agua en el tronco de los árboles, y extraerla de plantas que crecen bajo tierra.

foto: TopFoto/ImageWorks

 
     
 

 

Los miembros del pueblo penan viven en los bosques tropicales de Borneo (Kalimantan), los bosques más antiguos y con la biología más diversa en el mundo. Utilizan los recursos silvestres de la selva para su alimento y su medicina, así como para material de construcción para refugios, veneno para la caza, goma para atrapar aves y madera para construir embarcaciones, herramientas e instrumentos musicales. Los penan valoran el bosque y se consideran a sí mismos como sus administradores o protectores. Al cazar y recolectar operan bajo un código de "molong", que les exige conservar los recursos del bosque, que consideran sagrado. Después de recolectar frutos de un determinado árbol, marcan la corteza y permiten que la planta se recupere antes de volver a cosechar sus frutos. Por ejemplo, el sagú silvestre (su principal fuente de carbohidratos) tiene varios troncos: los penan generalmente cortan uno de ellos para harina de sagú, pero dejan los otros intactos a fin de que puedan crecer para uso futuro.

foto: Fukazawa/PNUMA/Topham

 
     
 

 

Los yanomami, que viven a lo largo de la frontera entre Brasil y Venezuela, viven en comunidades aldeanas de entre 25 y 300 miembros cada una, bajo el refugio de un enorme baldaquín construido de árboles de la selva y hojas de palmera. Como muchas otras tribus de las selvas tropicales, recogen frutos y cazan animales y peces para su alimento. Sin embargo, a diferencia de sus vecinos, los yanomami también talan pequeñas áreas de bosque para cultivar huertos de propiedad familiar. En ellos cultivan bananas, plátanos grandes, mandioca, además de plantas para propósitos medicinales y rituales. En vista de que la capa superior del suelo del bosque pluvial suele ser bastante delgada, mudan sus huertos a un nuevo lugar cada cinco a diez años para permitir que el suelo se reponga.

foto: PNUMA/Topham

 
     
 

 

Uno de los grupos autóctonos de Europa, los 80.000 miembros del pueblo sami viven en el lejano norte de Noruega, Finlandia y Rusia. Como cazadores y pescadores, viven de las tierras heladas y dependen en alto grado de sus compañeros de larga data, los renos. Los sami han arreado renos a través de la historia, apacentándolos sobre vastas áreas, empleándolos para transporte, comiendo su carne y bebiendo su leche, utilizando sus pieles para crear vestimenta y refugios. Si bien los sami están más integrados a la sociedad escandinava que otros grupos autóctonos, y son todos reconocidos como ciudadanos, alrededor del 40 por ciento de ellos siguen viviendo de la tierra de maneras tradicionales.

foto: Farnsworth/Topham/Imageworks

 
     
 

 

Los beduinos -cuyo nombre significa "habitante del desierto"- sobreviven en las áridas tierras yermas que se extienden desde el Golfo Pérsico hasta el Atlántico. Como nómadas constantemente en movimiento, en busca de nuevas tierras de pastoreo para sus camellos, cabras, ovejas y ganado, los beduinos poseen un íntimo conocimiento del tiempo y su entorno natural. Prestan mucha atención a los patrones meteorológicos en los cielos, de manera que pueden dirigirse a lugares donde han caído lluvias recientes. Según lo establecido por tradición, únicamente recorren sus propias tierras. A pesar de ser sumamente territoriales, son generosos y hospitalarios con los viajeros. Así por ejemplo, según la etiqueta de la vida en el desierto, un forastero que se acerca a una tienda de beduinos será atendido por tres días.

foto: Lang/PNUMA/Topham

 
         
 
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