Nos encontramos en medio de una revolución de consumo sin precedentes. En menos de medio siglo, el gasto personal en mercancías y servicios ha aumentado más de cuatro veces, y asciende ahora a más de 20 billones de dólares por año. Parte de este aumento fue debido al crecimiento de la población, pero la mayor parte proviene de la creciente prosperidad entre los pueblos más ricos de la Tierra.

Tenemos que consumir para sobrevivir. Y las dos quintas partes de los habitantes del mundo que deben vivir con menos de 2 dólares por día tienen una desesperada necesidad de consumir más. Pero en muchas partes del mundo, el consumo se ha convertido en un fin en sí mismo, y a veces alcanza niveles absurdos - en Estados Unidos, por ejemplo, hay ahora más coches que personas con permiso de conducir. En el mundo como un todo, el consumo excesivo está arrollando cada vez más los sistemas sustentadores de la vida del planeta. Las investigaciones del PNUMA y del Fondo Mundial para la Naturaleza (WWF) revelan que había excedido la capacidad ecológica de la Tierra para principios de los años 1980 y ha ido aumentando desde entonces. Unicamente es sostenida echando mano a las reservas, por ejemplo agotando las aguas subterráneas almacenadas durante milenios. Evidentemente, esto no puede continuar.

La crisis no es únicamente culpa de las naciones más desarrolladas del mundo. Los estudios del PNUMA han identificado una "clase de consumidores" mundial de unos 1.700 millones de personas, más de una cuarta parte de la población del mundo. Con casi la mitad de ellas en el mundo en desarrollo. Aquí, el consumo ha ido mucho más allá de satisfacer las necesidades y es impulsado por una búsqueda de estatus social, placer y gratificación personal, y sin embargo las pruebas demuestran que una vez que la gente sale de la pobreza, el creciente consumo no aumenta la felicidad: de hecho los niveles de excesivo trabajo y estrés crecen paralelamente con el constante aumento de los desechos y la basura.

Nosotros -los editores y los lectores de esta revista- en nuestra gran mayoría somos miembros de esta clase de consumidores. No obstante, al mismo tiempo de formar parte del problema, también aspiramos a formar parte de la solución. No es cuestión de abandonar todos los bienes de consumo de repente. Más bien es cuestión de examinar cómo gastamos nuestro dinero, y de buscar la felicidad por medio de la calidad de nuestra vida, no por la cantidad de nuestras posesiones. Significa reutilizar productos, reciclar materiales y reducir los desechos, y reparar posesiones rotas es mejor que tirarlas y reemplazarlas. Significa que los consumidores desafíen a los productores para que produzcan de formas más sostenibles. Y significa anteponer las necesidades de los pobres a la codicia de los que viven con holgura. Este número de Tunza da algunas claves sobre cómo puedes comenzar esta nueva revolución de consumo sostenible.

 
   
   
 
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