foto: Yuen Kok Leng/PNUMA/Topham
 

En las ciudades, los habitantes generan dos o tres veces más basura que sus homólogos rurales, debido principalmente al mayor consumo de artículos preenvasados. En un mundo que espera contar con más de 5 mil millones de habitantes -dos de cada tres personas- viviendo en zonas urbanas para 2030, los sistemas municipales de administración de residuos ya muy presionados hoy día se enfrentarán con enormes problemas para dar abasto. Los países desarrollados están quedándose sin espacio para contener los crecientes volúmenes de desechos de consumo, mientras los países en desarrollo carecen de sistemas adecuados y de las infraestructuras necesarias para ofrecer un servicio a sus poblaciones. En muchas partes de Africa, Asia y América Latina, los recolectores de basura informales quitan más basura que los empleados municipales.

Históricamente, las ciudades han tirado, quemado o enterrado su basura. Los vertederos y la quema de basura son prácticas muy comunes en lugares con pobres servicios de recolección y saneamiento, particularmente en tugurios o asentamientos de barrios bajos. Al carecer de servicios adecuados, los residentes no tienen otra alternativa que deshacerse de sus residuos lo mejor que pueden - por lo general quemando los artículos inflamables y tirando el resto a los ríos, a las cunetas o las calles. La descomposición incontrolada de comestibles y excrementos facilita la propagación de enfermedades como la diarrea, la fiebre tifoidea, el cólera, la disentería, tuberculosis y malaria, mientras el humo de las fogatas perjudica los pulmones y libera contaminantes dañinos a la atmósfera.

En zonas más ricas, los residentes pagan para la eliminación de la basura en vertederos o incineradores, que ambos pueden causar daño humano y ambiental a través de contaminantes en el agua subterránea y emisiones de metano (un gas de efecto invernadero) y dioxinas causantes de cáncer. Y si bien algunos ciudadanos conscientes con frecuencia eligen reciclar los desechos, la apatía pública y el alto costo operacional pueden disminuir la eficacia de estos programas.

En el año 2000, la humanidad produjo 12,6 mil millones de toneladas de desechos, más de 2 toneladas por cada uno de nosotros; para 2050, nos enfrentaremos con 26,7 mil millones proyectadas cada año, casi 3 toneladas por persona. De alguna manera, será necesario eliminar volúmenes sin precedentes de papel, plástico, textiles, cartón, vidrio, metales y masa orgánica, para nombrar sino unos pocos.

 

Afortunadamente, los avances científicos y el uso de sentido común pueden ayudar a reducir y volver a usar los desórdenes que creamos.

Ya existen centrales eléctricas "limpias" operando en Brasil, Argentina, Chile y Venezuela, que convierten biomasa (materia vegetal y orgánica) en electricidad para más de 5 millones de clientes.

En Estados Unidos, más de 6.000 ciudades han adoptado programas de "Paga-cuando-Tiras", bajo los cuales se cobra un precio a los residentes basado en la cantidad y el tamaño de los cubos de basura recogidos. Gracias a su decisión de aumentar el costo de la eliminación de basura y mantener gratuito el reciclaje o a un precio bajo, ciudades como Falmouth (Maine) y Mount Vernon (Iowa) han visto una disminución de los residuos sólidos de más de 35 por ciento. Dover (New Hampshire) redujo sus residuos anuales por más de 7.000 toneladas por ocho años seguidos después de cambiar a este plan, al mismo tiempo de aumentar los niveles de reciclaje por más del 50 por ciento.

Por medio de ingeniosa tecnología, hasta los pañales usados pueden convertirse en artículos útiles. Knowaste, una empresa con sede en Nueva York, opera dos instalaciones de procesamiento en Arnhem en los Países Bajos y en Santa Clarita en California, EE.UU., que separan y desinfectan los materiales plásticos, las fibras de madera y los polímeros superabsorbentes contenidos en los pañales. Estas materias primas se venden luego a los fabricantes para su reencarnación como plantillas para zapatos, tejas, filtros para gasolina y papel pintado para paredes.

Desde los más sofisticados procedimientos modernos hasta las innovaciones más sencillas, existen soluciones para el manejo de los desechos. Unas pocas han sido adoptadas rápidamente, mientras acostumbrarnos a otras podrá llevar más tiempo - como puede atestiguar Almaz Terrife de Etiopía. Las legumbres que ella cultiva en su huerto por cierto son buenísimas, y sin embargo en siete años sólo ha podido atraer alrededor de otras
300 personas para ensayar el sistema de producción de alimentos de su organización mediante saneamiento orgánico - usando excremento humano con tratamiento para convertirlo en fertilizante.

 
         
 
foto: E. Senjobe/PNUE/Topham foto: J. Strenahan/PNUMA/Topham foto: Cherry Muir/PNUMA/Topham
 
         
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