W. Kikuts/PNUMA

N. Cooper/PNUMA/Topham

G. Rengifo/PNUMA/Topham
 
 

Los cultivos empezaron a desarrollarse en el Medio Oriente alrededor de 11.000 años atrás. Desde entonces, los agricultores fueron desarrollando el cultivo de nuevas variedades, lo cual ha resultado en una enorme diversidad.

En un momento llegaron a usarse unas 3.000 especies de plantas como alimento. Alrededor de 75.000 -más de una cuarta parte de todas las especies conocidas- son comestibles. Y sin embargo, sólo 15-20 son de importancia económica mayor en la agricultura globalizada de hoy. El trigo, el arroz y el maíz proporcionan la mitad del alimento del mundo; junto con la cebada, ocupan alrededor de 500 millones de hectáreas alrededor del mundo.

Desde 1900 a esta parte se ha perdido un 75 por ciento aproximadamente de los cultivos agrícolas. La India ahora tiene menos de 50 variedades de arroz, comparadas con 30.000 en el pasado.

Y la historia es parecida para los animales. Más de 40 especies de mamíferos y aves se han domesticado, 12 de las cuales actualmente son importantes para la producción agrícola mundial. El ganado bovino, porcino, cabrío y ovino -las cuatro principales especies de animales mamíferos- se han diversificado en más de 4.000 razas reconocidas, pero mucho de esta variedad también se está perdiendo.

La mitad de las razas criadas en Europa en los años 1900 ahora están extintas. De las 3.800 razas de ganado bovino, búfalo de agua, cabras, cerdos, ovejas, caballos y burros catalogadas por la Organización de las Naciones Unidas para la Agricultura y la Alimentación (FAO), 16 por ciento están extintas y otro 15 por ciento actualmente están consideradas como raras.

 

Nuestro suministro de alimentos depende de recursos genéticos, pero éstos están desapareciendo a medida que se van agotando, degradando y destruyendo los hábitats naturales. La extinción de una sola planta puede causar la pérdida de hasta 30 tipos de animales e insectos que dependen de ella.

Se han establecido bancos de genes en unos 60 países, pero estas genotecas son costosas, y las semillas que contienen son vulnerables a enfermedades y no pueden almacenarse para siempre sin que se deterioren. Podrán ser útiles como un almacén genético, pero no pueden compensar por el hábitat natural.

D. Cavagnaro/PNUMA/Topham Fuente: WRI


 
         
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