Elaine Marshall
     
 

os guantes de goma, los cinturones bordados y la crema de champiñones: ¿qué tienen en común? Todos ellos están hechos de así llamados "productos forestales no maderables" (PFNM): látex del árbol del caucho, fibra de una bromeliácea, y champiñones, y todos son cosechados, procesados y vendidos por habitantes de la selva en México y Bolivia.

Y esto nada más que para empezar. Otros PFNM -productos biológicos aparte de la madera recolectados de los bosques para uso humano- incluyen frutos, nueces, semillas, aceites, especias, resinas, caucho y fibras, además de productos mundialmente conocidos como las castañas de Pará, pimienta de Jamaica, brotes de bambú y miel.

Imaginen a los bosques tropicales como un banco para los 1.200 millones de habitantes rurales pobres que dependen de ellos. La madera es como una cuenta de ahorro, los PFNM los intereses pagados sobre ella. Evidentemente es mejor gastar el interés que los ahorros. Y son muy importantes para la gente rural pobre, puesto que proveen alimento, medicinas, materiales de construcción y dinero.

 

Como ejemplo, tomemos una comunidad en el Amazonas boliviano. Los hombres cortan incisiones en los árboles para hacer salir el látex -la savia- y lo recolectan en latas de soda limpiados. Luego las mujeres usan el látex para fabricar ponchos impermeables, sacos o bolsas de goma para guardar alimentos y objetos de valor al cruzar ríos, y toda una variedad de otros artículos.

En el suroeste de México, la pita, una planta pariente de la piña, se cosecha para usar sus largas hojas espinosas. Las mujeres y los niños les quitan el jugo y extraen la fibra, que limpian y arrollan en un hilo, que utilizan para bordar cinturones, botas y monturas de cuero para la venta en México y los Estados Unidos de América. La fibra de pita llega a venderse por hasta 100 dólares el kilo.

En México, las comunidades autóctonas en las colinas encima de Oaxaca recolectan las setas matsutake que venden para comprar útiles escolares para sus hijos. Las setas se envían frescos al Japón, donde se las consideran deliciosas. Los cosechadores pueden ganar hasta 30 dólares por kilo. Pero los rendimientos varían según el año. Si no llegan las lluvias, las setas no aparecen.


El presente artículo surge de un proyecto de investigación financiado por el Departamento para Desarrollo Internacional del Reino Unido (DFID) para beneficio de países en desarrollo. Las opiniones expresadas en el mismo no son necesariamente las del DFID (R7925 Forestry Research Programme).

Fotos: Elaine Marshall

 
         
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