omo reza el dicho: "Los bosques preceden a la civilización, los desiertos le siguen". Así ha sido desde que la humanidad se estableció después de su vida nómada. Más de 3.000 años atrás, Gilgamesh -la primera historia jamás escrita en el mundo- advirtió contra la tala de los bosques de cedro de Mesopotamia. Los hombres hicieron caso omiso de su consejo y la región ahora es un desierto, con Uruk -la gran ciudad en que la obra fue escrita- reducida a un mero bache en la arena. En la Edad Antigua Platón lamentó la destrucción de los árboles y el despojo de los suelos en la antigua Grecia, en tanto que la civilización maya en América Latina en parte también debió su desaparición a la desertificación.

Ahora, el mismo proceso está amenazando a gran parte del mundo. La degradación de la tierra afecta a un tercio de la superficie terrestre de la Tierra y los medios de vida de más de mil millones de habitantes, más de uno en cada siete personas sobre el planeta. Más de 100 países -ricos y pobres- están afectados. Y así lo está cada uno de los Continentes a excepción de Antártida. Probablemente es la crisis medioambiental más extendida del mundo.

 

Sin embargo, por primera vez el mundo por lo menos está reconociendo el problema. Diez años atrás entró en vigencia un tratado internacional, la Convención de Lucha contra la Desertificación de las Naciones Unidas. Y 2006 ha sido designado como el Año Internacional de los Desiertos y la Desertificación con el objeto de llamar la atención hacia el problema. Este también es el tema de las celebraciones del Día Mundial del Medio Ambiente de este año en todas partes del mundo.

Lamentablemente, los progresos hechos a través de los últimos diez años han sido sumamente lentos. Tal vez debido a que el problema afecta principalmente a pueblos marginados y pobres -a veces de minorías étnicas- rara vez ha sido considerado como un asunto de alta prioridad para la mayoría de los gobiernos o una comunidad internacional. Y sin embargo, cuanto más tiempo se lo ignore, más seguirá empeorando, poniendo en riesgo el futuro de todos nosotros. Desde luego, revertir la tendencia de miles de años, detener la plaga de la desertificación que asoló a sucesivas civilizaciones y ha sido su legado, es mucho pedir. Pero es necesario hacerlo, y hacerlo dentro del espacio de la vida de nuestra generación. Es imprescindible que hagamos frente al reto.

 
         
 
  Felicitaciones a Lau Tsun Ming de Hong Kong (China), ganador mundial del 15mo Concurso Internacional de Pintura Infantil sobre el Medio Ambiente. El concurso se viene llevando a cabo todos los años desde 1990 y ha recibido más de 170.000 entradas de niños de más de 100 países.
 
         
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