Desertificación - una palabra
fea para un proceso feo, que está
quitando la misma carne de nuestro planeta.
         
 

oda vida terrestre depende de la frágil costra del suelo que cubre los Continentes. Sin ella, no habría cultivos, ni plantas, ni bosques, ni animales, ni seres humanos. Tarda un tiempo infinitamente largo en formarse, pero puede destruirse en un tiempo terriblemente corto. Formar apenas 3 centímetros de suelo puede llevar siglos. Pero úsalo mal, y puede desaparecer en unas pocas estaciones.

Una vez perdida, la capa de suelo en efecto ha desaparecido para siempre. Es posible limpiar la contaminación del aire y del agua. El oxígeno se repone por procesos naturales. El agua vuelve con la lluvia. Pero el suelo que ha sido erosionado necesitará muchas generaciones para restablecerse.

Y sin embargo esto es lo que está sucediendo en un tercio de la entera masa continental del planeta. Cada año la desertificación convierte 12 millones de hectáreas de tierra -un área alrededor del tamaño de Liberia o del estado de Mississippi- en una superficie totalmente inútil para el cultivo, y mucho más queda tan inútil que ya no vale la pena económicamente cultivarla o usarla para pastoreo. Se calcula que cada año, junto con la sequía, esto le cuesta al mundo la gigantesca suma de 42.000 millones de dólares en producción perdida.

La desertificación asola la mayor parte de las tierras secas del mundo, que componen dos quintas partes de la superficie de tierra del planeta, y contiene aproximadamente la misma proporción de sus tierras cultivadas. Y amenaza la salud y los medios de vida de más de la mitad de sus habitantes. "Dado el tamaño de la población de las tierras secas, es dable suponer que el número de habitantes afectados por desertificación es más grande que el afectado por cualquier otro problema medioambiental contemporáneo," dice un informe de la Evaluación de Ecosistemas del Milenio, un estudio mundial de cuatro años realizado por 1.300 expertos de 95 países.

Más de 135 millones de personas -el equivalente de las poblaciones de Francia, Italia, Suiza y los Países Bajos- se enfrentan con la posibilidad de tener que abandonar sus casas y convertirse en refugiados ambientales. Juega un papel en la inestabilidad política, el desmoronamiento social y en la erupción de conflictos armados.

Africa, donde casi tres cuartas partes de las tierras secas ya están severamente afectadas, es la zona que más ha sufrido: más de la mitad de la tierra en diez estados en el norte de Nigeria está afectada, así como cuatro quintas partes de Kenya. Asia, que podría perder un tercio de su tierra cultivable, tiene la mayor cantidad de habitantes en peligro: la desertificación amenaza los medios de vida de millones en China, por ejemplo, y le cuesta al país la pasmosa suma de 6.500 millones de dólares por año. Grandes partes de América Latina también están seriamente afectadas.

Pero esta crisis afecta por igual a países ricos y países en desarrollo. Unos 100 millones de hectáreas de las tierras de labranza de Europa están degradadas, con España entre los países más afectados. Australia tiene uno de los más graves problemas de degradación de tierras del mundo, y las praderas de Norteamérica -que exporta alimentos a más de 100 países- también se encuentran en riesgo. En total, unos 110 países, o sea la mayoría de las naciones sobre la Tierra, ya están afectados por cierto grado de desertificación.

A veces el problema es una cuestión de desiertos en expansión. Pero en la mayoría de los casos irrumpe como una enfermedad de la piel, con manchas o zonas de tierra gravemente degradadas que se desarrollan a veces entre miles de kilómetros de distancia del desierto más cercano: poco a poco, estas "manchas" van expandiéndose y se fusionan, creando condiciones parecidas a un desierto.

Hay cuatro causas principales. El sobrecultivo drena el suelo de nutrientes, privando de ellos a los cultivos. El pastoreo excesivo -de unos 3.000 millones de ganado bovino, ovejas y cabras- despoja el suelo de vegetación, dejándolo expuesto a los vientos y a la lluvia, que lo erosionan. La deforestación roba tierra de los árboles cuyas raíces mantienen unido el suelo y canalizan el agua hacia abajo, a su vez exponiendo el suelo a la erosión. Y la mala irrigación puede causar la anegación del suelo, que luego se vuelve demasiado salado para usar.

Diez años atrás, el mundo empezó a poner en vigor un acuerdo mundial para encarar el problema: la Convención de Lucha contra la Desertificación, el único tratado legalmente vinculante reconocido internacionalmente relativo a la degradación del suelo en las tierras secas. No menos de 191 países han firmado la Convención.

Obliga a los países a poner en marcha planes de acción, y -en general- a adoptar un enfoque desde la base, insistiendo en que los habitantes locales estén plenamente involucrados en llegar a un acuerdo sobre las medidas a tomar. En el pasado con frecuencia se los había ignorado, o se les echaba la culpa por causar la crisis. Pero su opinión contaba muy poco en la determinación de su destino. Se encontraban entre los pueblos más impotentes sobre el planeta, a menudo marginalizados en su propio país, a menudo de minorías étnicas, y casi siempre con muy poca influencia política. Y la pobreza generalmente no les ofrece otra opción que tratar de sacar lo más posible de la tierra que pueden para alimentar a su familia a corto plazo, aunque sea a costa de su futuro a largo plazo.

Mas a pesar del apoyo universal y del enfoque revolucionario de la Convención, ni con mucho se ha hecho bastante para llevarlo a la práctica. Hama Arba Diallo, el Secretario Ejecutivo de la Convención, expresa: "El problema todavía no está recibiendo el reconocimiento y la atención que merece."

De modo que la Organización de las Naciones Unidas ha designado a 2006 como el Año Internacional de los Desiertos y la Desertificación para recordar este problema al mundo. El PNUMA está dedicando las celebraciones del Día Mundial del Medio Ambiente a la misma causa. Se están llevando a cabo conferencias y cumbres. En Roma se llevará a cabo un festival cinematográfico de cinco días, bajo el nombre de "Noches de Desierto". Hasta habrá partidos de fútbol especiales, organizados por Hristo Stoitchkov, el legendario futbolista búlgaro, que es uno de los portavoces oficiales para el Año.

Es una oportuna voz de alarma. Y es necesario que dé resultado, pues ya es hora que el mundo tome en serio el problema de la pérdida de su suelo, tal vez el recurso más precioso que posee.

 


J. Pintassilgo/PNUMA/Topham


Carole Hodgson


C. Uthaipanumas/PNUMA/Topham


S. Baker/PNUMA/Topham

 
         
  << Página anterior: Editorial  
Siguiente: Ganando terreno >>
 
         
  Conexiones relacionadas:
PNUMA FAO Millennium Assessment Formato PDF
         

  Editorial Salven nuestro suelo Ganando terreno Año del cambio Delicias del desierto Diversidad del desierto
Tunza contesta tus preguntas El argán - árbol de
la vida
Menos agua cada día Agua virtual - una realidad ¡Hagan su propia lista! Renacido de las cenizas
  Agua para tierras
sedientas
El arte de sobrevivir Música de espacios vacíos Sequías en los lugares
más secos
Arenas movedizas Más diversidad del
desierto
7 regiones, 7 desiertos Tunza Información Tunza English version Edition française