Dibartolo/PNUMA/Topham
 

Fritz Polking/Still Pictures
Antaño eran un arrecife en el océano; hoy día las montañas de Guadalupe se elevan de las regiones de Texas y Nueva México del desierto de Chihuahua. La cordillera de caliza es testigo de la vida marina de un mar interno de 240 a 280 años de antigüedad. El arrecife estuvo enterrado por millones de años antes de que el movimiento de la capa terrestre lo empujara a la superficie. Al subir, el ácido sulfúrico en la capa freática disolvió la caliza del fondo hacia arriba, creando algunas de las cuevas más largas del mundo. Los científicos creen que las cuevas -la vivienda veraniega para el murciélago rabudo mexicano- contienen microbios con propiedades medicinales.
 
 
Durante la mayor parte del año, el saladar de Kutch en la India es un desierto bajo inhospitalario, con temperaturas de abrasante calor. Pero por cuatro meses del año esta parte del desierto de Thar -que se extiende por 20.000 kilómetros cuadrados de la costa del Mar Arábigo a lo largo de la frontera indo-pakistaní- queda inundada por medio metro de agua, gracias a las lluvias monzónicas veraniegas y el agua de mar traída por el viento y las mareas altas. Durante ese período la zona está repleta de vida silvestre, y sirve de importante hábitat para más de 200 especies de aves, entre ellas grandes bandadas migratorias de flamencos, y 50 especies de mamíferos, como por ejemplo el amenazado asno salvaje indio, el último en Asia.

Ashok Jain/naturepl.com

Klein/Still Pictures
Es toda una hazaña ganarse un nombre en un idioma vivo y una lengua muerta a la vez, pero el "diablillo espinoso" ha logrado precisamente esto: su nombre latino, Moloch horridus, proviene de un rey o dios malévolo. Pero su aspecto semejante a un dragón es contrapesado por su tamaño -sólo 15 centímetros de largo- y su comportamiento. Sólo ataca hormigas, comiéndolas una por una a un ritmo de hasta 45 por minuto. Se ha adaptado al desierto desarrollando miles de diminutas ranuras en su piel que recolectan gotas de rocío y agua de lluvia y canalizan la humedad a las comisuras de sus labios.

 

 

 

 


 
Sería difícil encontrar un lugar menos prometedor para encontrar vida: por 25 millones de años el lago Vostok ha estado sepultado bajo 4 kilómetros de hielo en el lugar más frío registrado en el blanco desierto de la Antártida. Del tamaño del lago Ontario -y por ende uno de los lagos de agua dulce más grandes del mundo- se cree que es mantenido en estado líquido por calor geotérmico. Los biólogos creen que microbios de 500.000 a 1 millón de años de antigüedad tal vez aún estén viviendo en sus aguas. Su estudio podría arrojar luz sobre la evolución de la vida en la Tierra.

V. Chistyakov/TopFoto

 

Martin Harvey/Still Pictures
Podría pensarse que los cocodrilos y el Sahara no van de la mano, pero no es así. Tara Shine, una estudiante de la Universidad de Ulster, Irlanda del Norte, se enteró de ellos por los habitantes locales mientras estaba realizando estudios en Mauritania. Investigó, ¡y ahí estaban! La zona puede quedar sin agua durante ocho meses al año, de manera que los cocodrilos sobreviven arrastrándose a madrigueras y cuevas donde entran en un estado aletargado llamado estivación -el equivalente de tiempo caluroso al estado de hibernación- hasta que la lluvia crea humedales para ellos. Los científicos creen que los cocodrilos son vestigios de la época en que el Sahara era más verde y más húmedo, miles de años atrás.
         
 
En lo profundo del desierto de Jordania, la ciudad perdida de Petra fue cavada en la roca viviente. Casas, salas de banquetes y grandes templos fueron cincelados a mano en los acantilados de arenisca por los nabateanos, uno de los pueblos más civilizados de la Antigüedad. Aprovecharon manantiales y fuentes naturales para plantar cultivos, crear y mantener exuberantes jardines, y para sostener una población de 20.000 habitantes. Pero las rutas comerciales que mantenían la ciudad fueron cambiando, y Petra quedó desierta y olvidada, para ser redescubierta a principios del siglo XIX por Johann Ludwig Burckhardt, un explorador suizo que fue el primer extranjero en verla en 500 años.

Ullstein-Klar/Still Pictures

 

 

N. Vignola/PNUMA/Topham
Allí donde el desierto más árido del mundo se encuentra con su más extensa cordillera de montañas se halla uno de los lugares más extraordinarios de la Tierra. El Valle de la Luna, metido entre el desierto de Atacama y cumbres andinas de 6.000 metros de altura, realmente tiene el aspecto de un pedazo de la luna. Creado 22 millones de años atrás por el plegamiento de la corteza terrestre, es un lugar totalmente sin vida, tan árido que ni siquiera los insectos pueden vivir allí. Antiguos volcanes depositaron rocas y cenizas en los pliegues, y el viento ha tallado la roca sedimentaria -que contiene sal, yeso, clorato, borato y arcilla- en las más extrañas formas, esculturas retorcidas, pequeñas colinas de agudas crestas y masivas dunas.

 

 
         
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